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Ferrari en el volcán

La Guardia Civil vigiló las estancias del médico italiano con ciclistas en el Parador del Teide

Michele Ferrari, tras un juicio en Bolonia en 2004. Ampliar foto
Michele Ferrari, tras un juicio en Bolonia en 2004. AFP

Una leyenda urbana que circula desde hace años por el mundo del ciclismo dice que en el Parador Nacional de las Cañadas del Teide, una casona de montaña con 76 dormitorios, gimnasio y piscina camuflada en el desierto a 2.200 metros de altitud a la sombra del volcán de Tenerife, dos personas tienen permanentemente reservada una habitación. Una se llama Alexander Nikolaevic Vinokúrov, y hasta hace un par de años era ciclista profesional; la otra es Michele Ferrari, médico deportivo italiano permanentemente investigado por presuntas prácticas dopantes y sancionado a perpetuidad por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por su colaboración con Lance Armstrong.

Varios años después de que empezara a circular la leyenda una investigación de la Guardia Civil comisionada por la fiscalía de Padua (Italia) la ha confirmado. Según las actas de su vigilancia, bien podría afirmarse que tanto Ferrari como Vinokúrov, actualmente mánager del equipo Astana, andaban como Pedro por su casa por las estancias y pasillos del Parador, donde el primero se dedicaba, al menos hasta diciembre de 2010, a preparar ciclistas.

En diciembre de 2009, el falsamente arrepentido ciclista Danilo di Luca, para lograr que le redujeran una sanción por dopaje, le dijo al fiscal de Padua Benedetto Roberti que en las alturas del Teide y de Sankt Moritz (Suiza), Ferrari, conocido en el ambiente con Il Mito, organizaba concentraciones para dopar corredores. Así figura en el informe de los carabinieri y de los policías italianos a los que el fiscal ordenó investigar los hechos, más de 500 folios a los que ha tenido acceso EL PAÍS. El informe data de comienzos de 2011, fecha en la que el fiscal emprendió las últimas investigaciones, seguimientos, registros y escuchas. Después dejó dormir los folios en una estantería de su oficina sin cerrar nunca el sumario penal hasta que hace unas semanas los despertó para enviárselos al Comité Olímpico Italiano (CONI), quien debería tomar medidas disciplinarias con los deportistas cuyo nombre figura. Dado que ninguna de las pesquisas tal como aparecen reflejadas en el informe establece pruebas más allá de sospechas genéricas de dopaje de los 34 ciclistas que merecen un capítulo de la misma, las sanciones a las que se arriesgan no irán más allá de unos meses por consulta a un médico-preparador sancionado.

La investigación española dio una clave: el número de móvil suizo del Mito

Ello no obsta para que los carabinieri reconozcan el esfuerzo y los éxitos en la vigilancia volcánica del Mito por parte de sus colegas de la Unidad Central Operativa (UCO), el grupo de investigación de la Guardia Civil que llevó a cabo, entre otras, la Operación Puerto que acabó con Eufemiano Fuentes y sus cómplices. Así, gracias a la Guardia Civil pudo la policía italiana saber que a Ferrari le gustaba conducir un Opel Astra, la marca de coche que solía alquilar en el aeropuerto de Tenerife Sur cuando viajaba, que en la carretera de ascenso al parador establecía los tramos para hacer pruebas a los ciclistas y, sobre todo, su número de teléfono móvil suizo, al único al que le llamaban sus clientes, un número clave para organizar las escuchas.

También, cruzando las fechas de estancia de Ferrari en el hotel con el libro de registro en el que figuran los nombres de los alojados pudieron los investigadores saber con qué ciclistas tenía trato Ferrari. Saber o equivocarse, pues no todos los deportistas suben al Teide para ver a Ferrari. Así, en uno de los informes de la Guardia Civil se señala que entre el 25 de febrero y el 2 de marzo de 2010 Ferrari llevó en el hotel la misma vida que los corredores alojados con los que conversaba amigablemente en vestíbulos, pasillos y cafetería, los mismos horarios de comida y sueño, y que en las mismas fechas dormían allí el ciclista bielorruso Kanstantin Siutsou y su pareja, dos italianos no identificados, ocho ciclistas del equipo polaco femenino de mountain-bike, Purito Rodríguez y el pistard Carlos Tarrés así como nueve kazakos del Astana, con Vinokúrov al mando, y un italiano, Enrico Gasparotto, acompañados de un masajista italiano. Ni de las polacas ni de los españoles se sabe más en el informe, que continúa con la identificación de los clientes del entrenador que le llamaban al teléfono suizo, por lo que seguramente fue pura coincidencia su estancia simultánea en el Parador, sospecha que no se sostiene, a la luz de los hechos posteriores, con el grupo kazako y el bielorruso.

En una estancia, en 2010, Ferrari coincidió con Vinokúrov y medio equipo Astana

En aquella ocasión, la Guardia Civil llegó a registrar el equipaje de Ferrari, pero no se encontraron sustancias prohibidas ni siquiera instrumental o bolsas para practicar transfusiones, pese a lo cual, el fiscal Roberti hipotiza que Ferrari recurría en el Parador a tales prácticas dopantes prohibidas, como también da por sentada la relación profesional entre Ferrari y el preparador toscano Luigi Cecchini, a quien en el informe se describe como colaborador de Eufemiano Fuentes, el médico de la otra gran isla canaria, Gran canaria.

En otros periodos, la estancia de Ferrari y su Astra coincidió con la de otros ciclistas cuyos vínculos con el Mito eran sospechados: Ivan Basso, Franco Pellizotti, Serguéi Ivanov o los tres hermanos Masciarelli.

Donde más profundiza el informe italiano es en el papel interpretado por el mánager Raimondo Scimone, quien acercaba a sus representados a Ferrari para, según el fiscal, aumentar mediante el dopaje su valor económico de mercado. Según la denuncia, Scimone y Ferrari ofrecían un pack de servicios completos a los corredores, incluyendo un experto científico, Giuseppe Banfi, que emitía informes sobre la invalidez del pasaporte biológico; un abogado suizo, Rocco Taminelli, así como un sistema de lavado de dinero en cuentas suizas para poder abonar a Ferrari su salario sin despertar sospechas.

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