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Mundial de motoclicismo 2013

Rins gana una carrera accidentada

El español, de 17 años, gana su primera carrera tras la suspensión por accidente de Iwema, con un traumatismo craneal

Rins, delante de Viñales. Ampliar foto
Rins, delante de Viñales.

Salió volando por los aires y apenas se pudo ver cómo su pequeña moto quedaba hecha añicos tras numerosos revolcones por el asfalto. A él ya no se le vio más hasta que apareció en una camilla por la puerta del centro médico. Jasper Iwema, holandés de 23 años, había perdido el conocimiento durante uno minutos debido al tremendo impacto de su cuerpo contra el suelo, pero, según las primeras informaciones su vida no corre peligro; es más, tras unos primeros minutos de angustia se confirmó que movía brazos y piernas. Fue trasladado en helicóptero al Brackenridge University Hospital de Austin para un chequeo exhaustivo pues se había dado un fuerte golpe en la cabeza.

Ese accidente, ocurrido cuando se habían corrido 11 de las 18 vueltas de la carrera de Moto3, marcó la prueba, la primera de la historia de este gran premio de Las Américas. Si bien, como si existiera una especie de justicia divina, la victoria fue para Àlex Rins, el chico con mejor ritmo durante todo el fin de semana, el que había liderado al pelotón desde la primera vuelta hasta que los comisarios empezaron a ondear la bandera roja que marcaba la suspensión de la carrera.

Se impuso el chico con mejor ritmo durante todo el fin de semana, el que había liderado al pelotón desde la primera vuelta hasta que los comisarios empezaron a ondear la bandera roja que marcaba la suspensión de la carrera

Como la carrera era a 18 vueltas y no se habían completado los dos tercios de la misma, cuando se confirmó que Iwema seguía vivo, dirección de carrera emplazó a los pilotos a una nueva salida para una prueba que se correría a solo cinco vueltas. Cuando la prueba se paró, a falta de seis giros para el final, Rins y Maverick Viñales, que no le había perdido de vista desde la salida, rodaban uno junto al otro en busca del triunfo: siempre delante el de Barcelona, fino y atrevido, constante, veloz, sin perder detalle el de Roses (Girona), listo, paciente, expectante, aguardando el momento oportuno para meter rueda. En tercera posición rodaba el mallorquín Luis Salom, a quien habían dejado descolgado superada la mitad de la prueba, inalcanzable el ritmo de la pareja en cabeza. Él fue el gran beneficiado del parón. Sin comerlo ni beberlo recuperaría de golpe y porrazo, al formar de nuevo en la parrilla de salida, la distancia que le separaba de aquellos. Tendría una segunda oportunidad. Y bien que quiso aprovecharla.

Salió como una bala el subcampeón del mundo de 2012, adelantó a Rins, y se puso al frente; mientras tanto, Viñales trataba de hacer lo mismo y acabó saliéndose de la trazada en su intento por superar a su gran rival del día: cayó a la sexta posición. En solo una vuelta más, a falta de tres, Rins había recuperado la primera posición. Pero Salom se enganchaba a él, agradecido por el regalo que le puso a tiro el destino. El chico del equipo de Aki Ajo le atrapaba por aspiración en las rectas, el pupilo de Emilio Alzamora recuperaba en cada curva, irreverente, volcado hacia el interior de cada viraje y apurando las frenadas.

Así fue como se decidió la carrera, en la última vuelta: había adelantado Salom, de 21 años, al jovenzuelo del grupo, pero este hizo un adelantamiento magistral, de manual, en la curva 11, la más compleja del trazado, una horquilla con la que se termina la larga recta del trazado tejano. Rins buscó el piano y ganó la partida. Como la volvería a ganar, otra vez, en la última curva, donde Salom se jugó su última carta. Y perdió, porque Rins resistió y él se marchó largo, tanto que Viñales, siempre atento, aprovechó el desliz y terminó segundo. Justicia divina. Y Rins, que se apunta su primera victoria en el mundial, manda un mensaje a sus rivales: quiere el título en su segundo año.

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