Durant sentencia a ritmo de tango

El jugador de los Thunder, con siete triples y 27 puntos, se eleva sobre la intensa y afanosa apuesta de Argentina para dar el triunfo a Estados Unidos (86-80) en el partido que servía de tributo al Dream Team de Barcelona '92

Kevin Durant pelea un rebote con Scola
Kevin Durant pelea un rebote con ScolaGUSTAU NACARINO (REUTERS)

Dice el tango argentino que 20 años no es nada y, atendiendo a los versos de Gardel, Kevin Durant ofreció una exhibición sobre el parquet del Sant Jordi barcelonés en el partido que servía de tributo al mejor equipo de la historia: el Dream Team que deslumbró en los Juegos de Barcelona hace dos décadas. Al mejor estilo de los Jordan, Magic o Bird, el jugador de Oklahoma lideró a otro excelso elenco estadounidense que ante Argentina desplegó tanta magia como dispersión. Durant se elevó con mística sobre el ruido, las escaramuzas y la tensión para sentenciar un partido racheado. Comenzaron avasallando y acabaron acosados por la tropa de Scola y Ginóbili que supo aprovechar la anarquía en ataque y las carencias en la pintura de su rival.

EE UU, 86 - Argentina, 80

Estados Unidos: Paul (5), Bryant (18), James (15), Durant (27) y Chandler (0) -cinco inicial-; Anthony (4), Williams (3), Westbrook (13), Iguodala (1) y Love (0).

Argentina: Prigioni (8), Ginobili (23), Delfino (15), Nocioni (5) y Scola (14) -cinco inicial-; Juan Gutiérrez (5), Campazzo (3), Leonardo Gutiérrez (5), Leiva (0), Jasen (2), Mata (0) y Kammerichs (0).

Parciales: 31-16; 16-24; 25-21 y 14-19.

Árbitros: Marat Kogut (EEUU), Daniel H. Rodrigo (ARG) y Luis Girao (ESP). Sin eliminados.

Unos 13.500 espectadores en el Palau Sant Jordi.

Los argentinos no habían roto a sudar cuando se vieron 14-1 por debajo en el marcador. En apenas dos minutos, cuatro triples del conjunto estadounidense obligaron a Julio Lamas a pedir un tiempo muerto, una tregua. Solo así podía detener semejante zarandeo. Pero al volver a la pista continuó la tormenta. Kevin Durant y Kobe Bryant estaban ofreciendo un auténtico clinic. Con siete aciertos en sus siete primeros tiros de campo –cinco de ellos triples-, el alero de los Thunder y el escolta de los Lakers convirtieron a los argentinos en muñecos de trapo en defensa. Ni la zona ni el marcaje al hombre servían para sujetar el talento desatado de los norteamericanos.

Con 19-3 escampó el chaparrón. Seis fallos consecutivos de Estados Unidos permitieron a la albiceleste agarrarse al encuentro. Con sus nba en pista y Scola como tótem, los de Lamas apretaron los dientes y arañaron algunos puntos en la pintura. Pero mientras los norteamericanos firmaban un siete de 13 en triples, Argentina penaba con un cero de cinco. El 31-16 al final del primer acto remitía ineludiblemente al 33-13 que habían encajado los argentinos el pasado viernes en A Coruña ante España. Dos repasos que subrayaban el gigantismo de españoles y estadounidenses, antes de retarse en duelo este martes en el Sant Jordi, y dejaban el partido visto para sentencia. Pero el espíritu albiceleste no entiende de rendiciones.

Los estadounidenses comenzaron avasallando y acabaron acosados por la tropa de Scola y Ginobili, que supo aprovechar la anarquía en ataque y las carencias en la pintura de su rival

Un detalle anecdótico alteró el rumbo de la noche. Con 39-19 a favor de Estados Unidos, Kobe Bryant agarró el balón y se lanzó a canasta con tanta fe como arrogancia, tensando todos los músculos que caben en sus casi dos metros. Por el camino se encontró con un chico anónimo de apenas 1,79. Facundo Campazzo se llama el descarado jovenzuelo que, con apenas 21 años vive su primera gran experiencia internacional ejerciendo como subalterno de Prigioni en la dirección de la selección Argentina. Sin complejos, Campazzo le colocó un tapón que desató la algarabía en la grada. En la contra, Durant ajustó cuentas con otro tapón a Nocioni, pero la osadía del novato despertó la competitividad de sus mayores.

Kobe Bryant intenta superar a Ginobili
Kobe Bryant intenta superar a GinobiliDavid Ramos (Getty)

Argentina colonizó la zona rival y Estados Unidos trasladó su dispersión defensiva al ataque. Ni LeBron ni Anthony estaban finos. El abuso de los lanzamientos más allá del 6,75 mostró el perfil más anárquico de las estrellas de Krzyzewski que al descanso sumaban 14 tiros de dos por 21 de tres. Todos lanzaban en cuanto agarraban el balón pero no todos lucían el tino de Durant. Los norteamericanos se perdieron en un correcalles y cuando intentaron orientarse se encontraron en el callejón de Scola. El pívot tiró de catálogo y lo abrió por el habitual capítulo de las escaramuzas. En la riña crecieron los de Lamas que firmaron un 16-24 de parcial en el segundo acto. Delfino se sumó a la causa y Argentina se ganó a pulso el derecho a instalarse en el espejismo (47-40, al descanso).

Pero Kobe Bryant y, sobre todo Kevin Durant habían llegado a Barcelona dispuestos a homenajear al Dream Team del 92 desde el uniforme hasta las esencias –Con 40 puntos entre ambos en 30 minutos volvieron a liderar el que parecía el estirón definitivo para sentenciar el marcador (69-49, a 12 minutos para el final del partido). Sin embargo, un 3-12 de parcial en el último tramo del tercer acto permitió a Argentina volver a ilusionarse amparados en su dominio en el rebote. Ginobili destapó el tarro de las esencias, reclamó con 23 puntos su cuota de protagonismo y lanzó a los suyos hasta el alambre de los sueños 78-74 a 2.40 para el bocinazo final. La grada del Sant Jordi se agitó ante la rebelión planteada por la albiceleste.

Subieron los decibelios y la emoción, pero en una esquina de la pista, impasible ante el ruido, Kevin Durant armó el brazo y anotó su séptimo triple de 11 intentos. Era su 27º punto y el particular colofón de un jugador de ensueño en el homenaje al Dream Team. Espera España con Londres en el horizonte.

Sobre la firma

Faustino Sáez

Es redactor de deportes del diario EL PAÍS, especializado en baloncesto. Además del seguimiento de ACB y Euroliga, ha cubierto in situ Copas, Final Four, Europeos y Mundiales con las selecciones masculina y femenina. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS.

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