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FÚTBOL

El coleccionista de camisetas

Criscito, defensa del Zenit, se formó en el Génova junto a Pisacane, el jugador que rechazó dinero para manipular partidos

Criscito, antes de disputar un encuentro con Italia.
Criscito, antes de disputar un encuentro con Italia. AFP

Domenico Criscito tiene 25 años. Rubio, ojos azules, cara de angelito. La clásica persona per bene, como se dice en Italia. De esas de las que nunca se espera nada malo. Educado y comprometido. “Es un chico tan sensible que me parece increíble que pueda ser culpable”, dijo Cesare Prandelli, el seleccionador, que no dudó, sin embargo, en descartarle para la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Lo anunció al mediodía Demetrio Albertini, vicepresidente de la federación y jefe de la expedición italiana. Horas más tarde, el propio técnico lo explicó así: “No me llevo a Criscito porque habría tenido que soportar una presión que ningún ser humano puede aguantar. Los investigadores podrían haberlo llamado en cualquier momento, incluso antes de un partido”. Con todo, matizó: “Los jugadores que manchan la camiseta de la selección es justo que paguen”.

“Creemos en su inocencia hasta que no se demuestre lo contrario”, había dicho antes Demetrio Albertini, vicepresidente de la Federación y jefe de la expedición italiana. Fue él quien anunció que Mimmo, como lo llaman todos, había sido excluido de la lista para Polonia y Ucrania.

Habían pasado 12 horas desde la irrupción de la policía en Coverciano, la sede de la concentración. A las 6.25 se presentaron unos agentes para comunicar a Criscito que entraba oficialmente en la lista de los investigados por supuestos amaños de partidos y apuestas ilegales. Se le vio en la temporada 2010-2011 cenando con un jefe de los ultras del Génova y con Safet Altic, ahora en la cárcel por tráfico de drogas y vinculado, según la policía, a una de las tramas que controla las apuestas ilegales.

La policía, en Coverciano, sede la selección italiana.
La policía, en Coverciano, sede la selección italiana. AP

Criscito, que siempre es el primero en hacer bromas en el vestuario, se quedó con cara de póquer. “Por un momento, pensé que mis compañeros me habían organizado una broma”, contó en un programa de radio el defensa internacional antes de abandonar la concentración.

Desde el verano de 2011, Criscito juega en el Zenit de San Petersburgo, dirigido por Luciano Spalletti. Lateral izquierdo —en el partido amistoso contra España en Bari, en agosto de ese año, fue uno de los mejores—, pasó por todas las categorías de la azzurra. Desde la sub 17, en la que debutó en 2003, hasta la absoluta, con la que lleva 19 encuentros.

Empezó a jugar en el equipo de su pueblo, Cercola, cerca de Nápoles. Ahí le descubrió Claudio Onofri, extécnico del Génova, que se lo llevó al norte. En el filial rossoblu coincidió, ironía del destino, con Pisacane. Este, junto a Farina, rechazó el invierno pasado el dinero que le habían ofrecido para amañar partidos y lo denunció a la policía. Mientras Criscito se quedó en su habitación de Coverciano ayer por la mañana, Pisacane se entrenaba con Italia invitado por Prandelli. Quiso premiar el técnico, que desde que se hizo cargo de la selección ha impulsado un código etico, la honradez de Farina y Pisacane. El seleccionador, que desde que se hizo cargo de la azzurra ha impulsado un código etico, invitó a Pisacane y Farina, precisamente, para premiar su honestidad.

Prandelli prescinde de él para la azzurra: “Ningún ser humano soportaría la presión

Imbatible en los torneos de Play Station en las largas concentraciones, Criscito colecciona camisetas. A su excompañero en el Génova, el internacional portugués Veloso, le dio guerra hasta que, por fin, consiguió traerle una de Cristiano Ronaldo.

El chico con cara de angelito que se formó en las categorías inferiores del Génova pronto recaló en el filial del Juventus, en el que, sin embargo, no jugó un solo partido en dos años. En 2008 regresó al Génova: en tres temporadas sumó 116 partidos (cinco goles). En el mercado invernal del curso 2010-2011, el club, con problemas económicos y al borde del descenso, buscó hacer caja. Pero Criscito pidió al presidente, Preziosi, que esperase hasta junio. “Primero, hay que salvar al equipo”, le dijo. Cumplida la promesa, en julio, se marchó a Rusia. “Por dinero y por jugar la Champions”, confesó.

“No creí que me encontraría aquí platos de pasta y pizzas tan bien hechas. Y si lo dice un napolitano…”, bromeaba en su primera entrevista en San Petersburgo como extranjero. Prandelli iba a ver sus partidos a menudo. Pero el técnico, fiel a su código ético, le ha descartado de la lista de los 23 para la Eurocopa.

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