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Cuando quiso Ribéry

Dos goles del francés derrotan a un Villarreal de circunstancias que se queda fuera de Europa

El Bayern certificó la eliminación de Europa del Villarreal que se presentó en Múnich ya eliminado de la Champions. La elitista Liga de Campeones ha puesto en evidencia las carencias del conjunto castellonense en la presente temporada, amplificadas por las numerosas ausencias por lesión que han reducido al equipo de Garrido a la mínima expresión, con un once de circunstancias, con demasiados noveles y pocos meritorios. El Bayern Múnich sin hacer un ejercicio sublime, se bastó con Ribéry para derrotar a un Villarreal menor pero digno. El conjunto castellonense pagó tanto los errores propios como el acierto ajeno en una noche fría, con el termómetro por debajo de cero grados.

Con bajas o sin ellas, nada tiene que ver el Villarreal actual con el de hace seis años, cuando se presentó en la máxima competición continental de clubes y se plantó en semifinales quedando apeado de la final por el Arsenal. En aquel equipo, que sorprendió por su estética, estaban Riquelme, Forlán y Sorín, jugadores con cierto prestigio en el fútbol. Tres años después regresó a la Liga de Campeones y alcanzó los cuartos de final cayendo eliminado de nuevo por el Arsenal. En el Villarreal figuraban Ibagaza y Cazorla y asomaba Rossi. En ambos equipos se encontraba el mejor Marcos Senna. A día de hoy, sin Rossi ni Nilmar, tan solo Diego López, Bruno y Borja Valero tendrían cabida en un club con más solera y empaque, de los que forman la Champions.

Bayern Múnich, 3; Villarreal, 1

Bayern: Neuer; Rafinha; Van Buyten, Boateng, Lahm; Tymoshchuck; Alaba; Robben (m. 76, Olic), Kross, Ribéry (m. 81, Pranjic); y Gomez (m. 72, Müller). Sin utilizar: Butt; Contento, Luiz Gustavo y Petersen.

Villarreal: Diego López; Mario Gaspar, Marchena, Musacchio, Joan Oriol; Ángel López (m. 69, Senna), Bruno Soriano; De Guzmán (m. 63, Mubarak), Borja Valero (m. 78, Joselu), Hernán Pérez; y Marco Ruben. Sin utilizar: César; Catalá, Gullón e Iñiguez.

Goles: 1-0. M. 2. Ribéry. 2-0. M. 24. Gomez. 2-1. M. 49. De Guzmán. 3-1. M. 68. Ribéry.

Árbitro: Markus Strömbergsson (SUE). Mostró amarilla a Borja Valero, Ángel López y Marco Ruben.

Unos 65.000 espectadores en el Allianz Arena.

Se presentó el Villarreal en Múnich con lo que pudo, con demasiados futbolistas con escaso bagaje en el fútbol. Y el más experimentado de todos, Carlos Marchena, todo un campeón del mundo, cometió un error de principiante nada más iniciarse el encuentro. El sevillano, intentando dar salida al esférico desde la zona defensiva y sin nadie que le presionara, entregó el esférico a Kroos que se lo cedió a Ribéry. El internacional francés batió a Diego López de manera sutil al picar el balón ante su salida. Cualquier planteamiento inicial del Villarreal quedaba desmontado por la pifia de Marchena y con ello las escasas esperanzas de lograr un resultado que de por sí ya resultaba himalayesco.

El gol del Bayern no cambió en nada el guion del encuentro. Consciente de sus limitaciones, con más titulares en la enfermería que en el terreno de juego, y de su nueva puesta en escena, más conservadora y con menos protagonismo del balón, el Villarreal, más que apelar a la heroica, intentó buscar un resultado digno, que la caída resultara suave. Las acciones en la proximidad de la portería de Neuer resultarían infrecuentes a pesar de la necesidad ante un Bayern que monopolizaba el juego.

Por si fuera poco, tampoco tuvo suerte el conjunto castellonense con las decisiones arbitrales, dos de las cuales perjudicaron notablemente al Villarreal, que pagó el peso de la heráldica del club muniqués. En la primera de ellas, en el área del Bayern, el árbitro sueco se hizo el despistado y no vio unas manos de Lahm que intercepto con el brazo derecho un envío de Borja Valero. En la siguiente acción, ya en la portería de Diego López, Mario Gómez se quedó enganchado en posición de fuera de juego y recogió sin problemas un rechazo en el poste izquierdo de la meta de Diego López tras un durísimo disparo de Tymoshchuk. Ninguno de los seis jueces del partido vio nada en ambas jugadas que dejaban más tocado al Villarreal que apeló al orgullo para justificar su presencia en la Champions y no caer humillado.

El descanso resultó vitamínico para el Villarreal. A los cuatro minutos de la reanudación acortó la diferencia en el marcador tras un gol de De Guzmán, que empaló con precisión un centro de Joan Oriol. El centrocampista holandés de origen canadiense lograba su primer tanto vestido de amarillo justo en el momento en el que se cuestiona si los ocho millones de euros pagados por su fichaje al Mallorca son una inversión justificada. Resultó un oasis en el desierto. Hasta que apareció de nuevo Ribéry para dejar al Villarreal fuera de Europa.

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