‘Mi amiga Eva’: Eva no se resigna. Busca amor
El cine que hace Cesc Gay es inteligente, sutil, complejo y maneja inmejorablemente la ironía

Hay directores, algunos multipremiados y convencidos de que figuran con letras mayúsculas en la historia del arte, a cuyas nuevas criaturas me acerco con prejuicios o excesiva pereza, esperando lo previsible u otra demostración ostentosa de que la nada nadea. Y alguna vez, muy pocas, consigo disfrutar con lo que han realizado. Y luego están los maestros, cartas casi siempre seguras, aunque no son inmunes a pasajeros naufragios. Y otros que siempre me despiertan interés inicial y casi nunca me defraudan. Me interesan sus historias, su forma de contarlas, la sensación agridulce que me provocan, también más de una sonrisa, cierta identificación que a veces se transforma en rubor porque reconozco en mi algunas de sus pequeñas miserias, medias verdades, deseos, su forma de relacionarse con el mundo. Hablo del cine que hace Cesc Gay. Es inteligente, sutil, complejo, maneja inmejorablemente la ironía, me sorprende el desarrollo de sus historias. Me interesa siempre, y, en algunas de sus películas, como En la ciudad y Truman, también me ha conmovido.
Cesc Gay es un urbanita y habla con lenguaje atractivo de lo que conoce. Sus personajes pertenecen a la burguesía ilustrada, con un punto moderno, trabajos solventes, aparente estabilidad sentimental excepto en casos aislados. Hasta que ocurren cosas, derrumbes, mentiras, rotura de la vida tal como se había concebido, abandonos, pequeñas traiciones, movidas que van a alterar una cotidianeidad que parecía resistente. Y nunca prescinde de un toque surrealista en algunas reacciones de gente tan aparentemente normal.

En Mi amiga Eva también se toman decisiones y se producen cambios en la vida de una mujer que van a dejar perplejo a su entorno. Y a ella un poquito también, pero la dama es muy testaruda. Se ha empeñado a sus cincuenta años en volver a sentir mariposas en el estómago y provocárselas al hombre elegido. Necesita volver a sentir el enamoramiento, ese territorio de luz que altera para bien la existencia de los seres humanos, que espanta a la soledad, que otorga maravilloso sentido y placer a tantas cosas.
El problema es la cuota que debe pagar esa mujer por reencontrarse con ese impagable sentimiento. Resulta que tiene un marido comprensivo y modélico, buen padre, guapo (lo interpreta Juan Diego Botto), de trato fácil, conciliador, currante. Y que la adora. También tienen hijos con los que se llevan muy bien. Y la supuestamente muy zumbada empeñada en que su corazón vuelva a palpitar con ese sentimiento anhelado. Y la desasosegante aventura de encontrar una nueva casa, de que sus hijos lo acepten, de que sus amigos entiendan algo. Durante un viaje rápido a Roma sintió ligeramente con un nada enfático guionista argentino que a su vida sentimental y sexual le podían ocurrir cosas nuevas. Y establece citas con desconocidos a través de las aplicaciones. Y son un desastre. No sé cómo funciona eso, pero los pavos que se encuentra la amante del amor son lamentables. La angustia y el desconcierto se multiplican. Y no puede retornar a lo que tuvo. Y el tiempo pasa. Y está más sola que la una.
Sin embargo, Cesc Cay es generoso. Él comprende y creo que incluso admira a la mujer que se ha inventado. Sería tramposo buscar forzosamente un final feliz para dejar contento al público más facilón. Desprende mucha elegancia la secuencia final. Con la cámara en la puerta de un bar. No me distraigo en ningún momento de lo que hacen y dicen en esta película. Tampoco de lo que callan. Ni puedo apartar la vista ni el oído de la sobria y magnífica actriz que es Nora Navas. Y el personaje es complicado. Que tenga usted suerte, Eva. Es valiente. Se jugaba mucho por no renunciar a un sueño. Que le vaya bien. Dure lo que dure.
Mi amiga Eva
Dirección: Cesc Gay.
Intérpretes: Nora Navas, Rodrigo de la Serna, Juan Diego Botto, Francesco Carril, Àgata Roca, Fernanda Orazi.
Género: comedia sentimental. España, 2025.
Duración: 100 minutos.
Estreno: 19 de septiembre.
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