UNIVERSOS PARALELOS
Columna
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Buscando oro entre los desechos de Motown

La discográfica de Detroit todavía nos resulta un pozo sin fondo

Stevie Wonder, durante una grabación para la Motown.
Stevie Wonder, durante una grabación para la Motown.Universal Music Group

Sabemos que algunas discográficas son, para decirlo crudamente, asociaciones de malhechores, pero que también —dilema ético y estético— funcionan como incubadoras de arte, arte pop. Específicamente, creemos que Motown Records fue uno de los pináculos de ese doble planteamiento. Eso sí: mejor no repetir el tópico de que la compañía de Detroit funcionaba como una cadena de montaje automovilística.

No, no: se trataba de elaborar esbeltos modelos únicos. En todo caso, piensen en sucesivos talleres de artesanos (composición, arreglos, instrumentación, voces y grabación serían los más importantes), que se regían por el principio del reciclaje. No se desperdiciaba nada: una canción podía (y solía) ser registrada por diversos intérpretes. La misma base instrumental era regrabada con otra letra; a la inversa, una letra terminaba en una melodía diferente. Los resultados pasaban por la evaluación de un comité, presidido por el fundador, Berry Gordy, Jr., que determinaba si aquello merecía los honores de un lanzamiento en single, si daba la talla como cara B o relleno en un LP, si la canción necesitaba más trabajo y otra oportunidad, si iba directamente al cajón de descartes...

Había reglas, explicitadas por Gordy. Convenía contar una historia (planteamiento, nudo, desenlace) de amor. El título se repetía sin cesar. La canción estaba obligada a atrapar al oyente en los primeros 20 segundos (de ahí las breves introducciones y el inconfundible impulso rítmico). Se exigía economía expresiva: pocas piezas superaban la barrera de los tres minutos (hasta que se impuso Norman Whitfield, productor que rompió la temática romántica y multiplicó la duración de las grabaciones).

Tales filtros dejaban muchas víctimas. Un tema podía ser opacado por otros que se presentaban en la misma reunión y, con suerte, destinado a otro artista. Luego estaban las fobias y filias del propio Gordy, que a veces obedecían a motivos inconfesables. Así que centenares de grabaciones quedaron aparcadas. Un inciso: los artistas igual no lo sabían, pero pagaban los gastos de producción incluso de los temas rechazados.

Un tesoro secreto que descubrieron los investigadores que accedieron a los minuciosos archivos de Motown y su brazo editorial, Jobete Music. Si estaban firmadas por estrellas, podían ser rescatadas para lanzamientos retrospectivos. Si eran obra de desconocidos —y Motown operaba con una nutrida cantera— seguían allí, tal vez circulando en cintas caseras, entre selectos grupos de aficionados.

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Hasta que Caroline Records obtuvo la concesión para recuperar sistemáticamente esas piezas desechadas, bajo el título A Cellarful Of Motown!. Entre 2002 y 2010, se publicaron cuatro volúmenes, dobles CD con unas cuarenta canciones, todo anotado y explicado. Hasta que Universal, actual propietaria del catálogo de Gordy, en su infinita sabiduría, decidió vender los temas por vía digital, sin información y a precio alto, además con una difusa amenaza de tenerte identificado como comprador mediante los metadatos. No, gracias.

Felizmente, Caroline ha retomado el pacto y acaba de sacar el volumen 5 de A Cellarful Of Motown! Y es hora de celebrar: aunque el archivo haya sido rastrillado mil veces, el compilador Paul Nixon todavía puede juntar 43 rarezas, algunas totalmente inéditas, otras recuperadas en estereofonía. En algún caso, han requerido retoques de mezclas; se comprobó que lo que estaba clasificado como maquetas eran prácticamente masters, enviadas desde Los Ángeles o Nueva York, tal vez esperando que sonara la flauta.

Portada del disco 'A cellarful of Motown 5!'
Portada del disco 'A cellarful of Motown 5!'Motown

Encontramos figuras estelares: los Temptations, las Vandellas de Martha Reeves, Marvin Gaye en duetos con Kim Weston. Aparte, gratas sorpresas: algunos fondos instrumentales pueden ser publicados tal cual, ahora como obra de The Funk Brothers (la banda de acompañamiento, que en realidad no editaba discos bajo ese nombre). Recordamos que aquellos productores podían hacer acrobacias con éxitos ajenos (Only You, Windmills Of Your Mind). Observamos que las puertas de Motown siempre estuvieron abiertas a artistas blancos, incluyendo grupos de garaje como The Underdogs. Queda la sensación de que Motown todavía es un pozo sin fondo.

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