Khadija Saye, los ritos arcanos del alma

Tres años después de la trágica muerte de la fotógrafa en el incendio de la Torre Grenfell de Londres, su obra resuena con más fuerza. Una exposición recupera su legado

'Tééré' (2017).
'Tééré' (2017).Khadija Saye (Cortesía Estate of Khadija Saye)

En 2017, Khadija Saye ( 1992-2017, Londres) figuraba como la artista más joven del Pabellón de la Diáspora. Con motivo de la 57 edición de la Bienal de Venecia, la exposición reunía la obra de 19 artistas emergentes de diversas procedencias étnicas, residentes en Reino Unido, para tratar de las infinitas complejidades que se encuentran detrás de la idea de la nacionalidad. La muestra fue calificada como “la mayor fuente de energía de toda la Bienal” por la directora de la Tate, Maria Balshaw. Saye presentaba una serie de seis autorretratos que bajo el título Dwelling: in this space we breathe (Morada: en este espacio respiramos) exploran “la migración de las prácticas espirituales tradicionales de Gambia”, según las propias palabras de la artista. “Ha sido un verdadero viaje, pero mamá, soy una artista que exhibe en Venecia y las bendiciones son abundantes”, escribía la joven en su cuenta de Twitter el 10 de mayo de ese mismo año.

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Nada hacia esperar que el prometedor futuro de la joven de 24 años se iba a ver truncado un mes más tarde: en la noche del 14 de junio, la artista moría devorada por las llamas en la torre Grenfell de Londres. Ubicado en Ladbroke Grove, en el área de North Kensington, el bloque de protección oficial alojaba cerca de 300 personas, pertenecientes a minorías étnicas. El pavoroso incendio se cobró la vida de 72 personas, entre las que también se encontraba la madre de la artista, Mary Mendi, con quien compartía vivienda en el vigésimo piso, que también servía de estudio. La torre se convirtió en un infierno al propagarse el fuego causado por una nevera defectuosa debido al revestimiento inflamable del edificio.

De los nueve ferrotipos (o tinitipos) que componen la serie Dwelling: in this space we breathe se salvaron seis; los expuestos en el Palazzo Pisani S. Marina. Por suerte se pudieron recuperar los escaneos brutos de las otras tres obras restantes, que la propia fotógrafa había realizado antes de morir. Así, ha sido posible mostrar la serie al completo en el nuevo proyecto de arte público fundado por Eiesha Bharti y comisariado por Sigrid Kirk, que se expone en la fachada del 236 Westbourne Grove de Notting Hill, en Londres, a kilómetro y medio, aproximadamente de la torre Grenfell. La instalación es la primera de las tres que componen esta iniciativa titulada Breath is Invible. Surge como “una necesaria respuesta frente a la desigualdad, el racismo y la injusticia que viene a coincidir con el tercer aniversario del dramático incendio y en consonancia con las protestas globales del movimiento Black Lives Matter”, tal y como destaca la comisaria. “Ha sido necesario agrandar considerablemente el tamaño de las imágenes originales con el fin de mostrarlas en el exterior. Corríamos el riesgo de que perdieran el carácter íntimo que las distinguen, pero pretendemos llegar a aquellos miembros de la comunidad local, a quien se dirigía la artista y que nunca pudieron ver su obra. Por tanto era importante que se celebrara dentro del espacio público”.

El uso del autorretrato como una forma de explorar la identidad colectiva a través de la identidad individual es algo que viene siendo común entre algunos de los fotógrafos contemporáneos de origen africano. Entre ellos destacan Zanele Muholi y Samuel Fosso y Omar Victor Diop, que han hecho de la práctica del autorretrato su sello. Así, sentada frente al visor de la cámara, ataviada con un traje oscuro, y con distintos tocados, la artista introduce distintos objetos en la imagen. Elementos que parecen adquirir un simbolismo que se integra en unos rituales inventados de significado ambiguo. Con la ayuda de su asistente Almudena Romero, el autorretrato se convierte en el campo de experimentación de “un modo de proclamar la devoción, la virtud, el alma y la prosperidad de uno mismo”, en palabras de la fotógrafa. Es la propia inestabilidad del proceso utilizado, el colodión húmedo, —un método muy utilizado en la segunda mitad del siglo XIX, en el cual la placa de cristal debe permanecer húmeda durante todo la toma y el revelado— la que favorece los resultados inesperados, más allá del control del propio artista, y otorga a las imágenes un aire etéreo y fantasmagórico. “Dentro del proceso uno se rinde a lo desconocido, de forma similar a lo que requieren las fuerzas superiores: rendición y sacrificio. Cada tinitipo tiene una historia única que contar, una metáfora de nuestro viaje individual espiritual”, escriben los comisarios David A. Bailey y Jessica Taylor en al catálogo publicado durante la muestra de Venecia.

'Andichurai' (2017).
'Andichurai' (2017).Khadija Saye (Cortesía Estate of Khadija Saye)

Nació en Londres. Hija de padre musulmán y madre cristiana, estudio en una escuela pública. A los 16 años obtuvo una beca para estudiar en Rugby School, en Warwickshire; una de las instituciones privadas más prestigiosas del Reino Unido. Un fuerte choque cultural que la hizo sentirse como una outsider, tal y como describe en un vídeo que la dedicó la BBC, en 2017. Su talento fotográfico comenzó a despuntar durante su paso por la Universidad para las Artes Creativas. Comenzaría a abordar el tema de la identidad fotografiando los peinados de las mujeres que la rodeaban, en Crowned (Coronadas), su primera serie de envergadura. Ser artista, y de color, supuso la superación de un largo camino lleno de obstáculos. Entre ellos los efectos causados por un arresto equivoco. “Vivió con esta terrible acusación, y resultó devastador, pero en vez de descargar furia se volcó en su trabajo”, contaba el diputado londinense David Lammy, a The Guardian. El político es pareja de Nicola Green, mentora y amiga de la fotógrafa. Ambos ayudaron a la joven a limpiar su nombre, con la ayuda de un abogado, sin conseguir que la policía retuviera su teléfono. No pudo echar mano de él para pedir auxilio en la fatídica madrugada en la que perdió la vida. “Por favor, rezad por mí y por mi madre”, fueron las últimas palabras colgadas en el muro de Facebook. Los beneficios obtenidos de la venta de las serigrafias serán destinados a The Khadija Saye IntoArts Programme, que pretende abordar la falta de diversidad dentro del sector de las artes en Reino Unido ofreciendo oportunidades a los jóvenes procedentes de las comunidades más desfavorecidas.

Se trata de una obra sumamente evocadora que indaga en el trauma de la experiencia de ser negro a través de la mística. Una exploración de su híbrida herencia cultural que Saye asociaba con “la urgencia, profundamente arraigada, de encontrar consuelo en un poder superior”. “La aplicación del colodión trasciende al propio proceso fotográfico: es un reflejo, una manifestación física de la relación del subconsciente del artista con la espiritualidad tradicional africana”, escriben Bailey y Taylor. “El proceso que implica el tinitipo hace referencia a la actual era de lo desechable donde los materiales son producidos con rapidez y duran poco. Olvidamos vivir el momento, permanecer en silencio y trabajar nuestras conexiones internas”.

Khadija Saya. In the space we breathe. Forma parte del proyecto Breath is invisible. 236 Westbourne Grove, Notting Hill. Londres. Hasta el 7 de agosto.

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