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EP Tendencias BLOGS Coordinado por ENEKO RUIZ JIMÉNEZ Y ÁNGEL LUIS SUCASAS
CRÓNICA

A rey muerto...

El despido de Dan Didio, cabeza visible de DC Comics durante el siglo XXI, desata ríos de tinta en el mundillo

Dan Didio, exco-editor de DC Comics en la New York Comics Con de 2012. Ampliar foto
Dan Didio, exco-editor de DC Comics en la New York Comics Con de 2012. Wikicommons

Entre bambalinas, por motivos probablemente muy complejos y multimillonarios, se suceden shakespirianos dramas. Últimamente, porque vivimos en el mayor colapso bélico de contenidos que haya conocido la cultura pop, esos dramas se suceden a la orden del día. Ahí está, por poner un ejemplo reciente, la salida de los creadores de Juego de tronos de Star Wars y su entrada, con un cheque de 250 millones de dólares bajo el brazo, en la competencia, Netflix. Ahí está el golpe de efecto de Amazon fichando a Neil Gaiman y La Tierra Media de Tolkien en exclusiva. Y ahí está alguno más invisible, como el fichaje por Netflix de Christie Fleischer, jefa de merchandissing de Disney, el gran negocio de la casa del ratón que la compañía de Reed Hastings ansía explotar con el mismo éxito. Fleischer, eso sí, duró poco en la compañía, y se embarcó con celeridad en otra aventura ligada a una empresa de cosméticos.

Para el mundo del cómic, el último drama, o tragicomedia, ha sido una cabeza rodada: la de Dan Didio, co-editor de DC Comics y el motor creativo de la casa de Superman, Batman y compañía desde 2002; además de su cara más visible, entusiasta y lenguaraz en convenciones y ruedas de prensa. Siempre sonriente, a menudo polémico y apasionado impenitente del tebeo, Didio no ha dejado indiferente a nadie. Aunque valorar su legado no puede ser más bipolar. ¿Héroe o villano?

En la maravillosa página The Beat, que es un poco el Variety o The Hollywood Reporter de los tebeos, una amplia mesa redonda analizó los desmanes y victorias de Dan Didio. La única conclusión clara es que ha dejado una profunda huella y que sus decisiones creativas han alentado esa era de los acontecimientos de las que les he hablado en más de una ocasión. Los Nuevos 52, Rebirth y la ahora incierta 5G, intentos constantes de insuflar vida a un decadente mercado del tebeo en cuanto a ventas se refiere.

Portada del número 1 de Superman a raíz del primer relanzamiento del universo liderado por Didio: 'The New 52'.
Portada del número 1 de Superman a raíz del primer relanzamiento del universo liderado por Didio: 'The New 52'.

La paradoja, que ya hemos comentado en estas páginas, de cómo en el momento de mayor popularidad de estos personajes, por su éxito cinematográfico, el cómic afronta una profunda crisis de modelo que pone en cuestión pilares como la grapa semanal y las tiendas especializadas como templo para hacerse con ellas. La experiencia, en fin, de siempre, en entredicho y los nuevos actores que podrían aprovecharse de la incertidumbre para hacerse con la corona. Todo lo analógico, cine incluido, sufre el mismo destino. Metástasis y renacimiento a la par.

"Dan intentaba atrapar esa escurridiza idea del renacimiento absolutamente perfecto y se quedó atrapado en ese ciclo de repetir dicho enfoque, para bien o para mal. Realmente no lo creía capaz de construir algo con 5G que no necesitara arreglarse luego como ocurrió con los New 52 o Rebirth", explica magistralmente Zack Quaintance en el citado artículo de The Beat.

Y parece que el propio Didio era consciente de este problema. En una larga entrevista con Icv2, el editor comentaba lo siguiente: "¿Si estamos creando estos momentos cumbres de manera artificial y además a un ritmo continuo, si algo sale mal, rompe toda la infraestructura, y cómo cambiamos estos patrones de compra para construir algo que sea un negocio más saludable en el futuro?" Didio habla aquí de esa necesidad de inyectar una gigantesca crisis que reescribe el canon de algo tan enorme como el legado de una de las dos grandes, DC y Marvel, para reavivar las ventas de tebeos. Los Nuevos 52 fueron un éxito tremendo en este sentido en un momento de gran crisis, pero luego fueron eclipsados por nuevos intentos de reescribir el canon como Rebirth, que volvió a ser un éxito de ventas pero acusó esa fatiga tan bien expresada por el propio Didio: crear "momentos cumbres de manera artificial."

¿Hizo algo más Dan Didio que intentar el más difícil todavía en la visión cosmogónica? Lo cierto es que sí. Sus iniciativas más interesantes son las menos comentadas y sugieren mejor que ninguna declaración esa preocupación por encontrar una vía más saludable para el mundo del cómic que terremotos de ficción que lo cambian todo para que no cambie nada. A mediados de junio de 2019, cuando probablemente Didio se sabía gastando sus últimos cartuchos, DC anunció una nueva línea para 2020 y 2021 con un enfoque muy ambicioso: atrapar a los lectores juveniles e infantiles. Tebeos para chavales de 13 a 18 y otros para estudiantes de primaria. 40 nuevos títulos a estrenar en dos años.

Portada de Rebirth, el segundo gran relanzamiento liderado por Dan Didio. ampliar foto
Portada de Rebirth, el segundo gran relanzamiento liderado por Dan Didio.

Este tipo de estrategia apunta a paliar el problema que Didio veía como el más grave para el tebeo contemporáneo: el mercado de la nostalgia. Es decir, seguir apuntando a los lectores de siempre y darles mil y una versiones de eso que tanto añoran, sus primera vez con tal o cual personaje. Esta iniciativa apunta claramente a virar el timón y buscar lo contrario: un nuevo público.

Pero Didio intentó más cosas; si bien bajo su mando se produjo el cierre más doloroso, el de la histórica Vertigo que revolucionó el cómic con Alan Moore y Neil Gaiman de abanderados, Didio renovó ese tipo de apuesta por el riesgo con líneas como DC Black Label (un intento de volver a esas novelas gráficas de autor que tanta influencia han tenido en la historia del cómic) o Hill House Comics, tebeos de terror dirigidos por Joe Hill que están apostando por dar el papel de guionista a autores literarios de high brow como Carmen María Machado. 

A pesar de sus histrionismos y sus roces con el metoo —no se le perdona, desde el sector más prodiversidad, su defensa del editor Eddie Berganza a pesar de los múltiples casos de acoso sexual que acumulaba en su trampa— Didio ha marcado una era de mentalidad bipolar y ambición infinita, agitando las aguas de un noveno arte que, en su vertiente más popular, ve como el público se le escurre entre los dedos si no reacciona. Habrá que ver si el siguiente rey o reina de DC da con la tecla.

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