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Íñigo Redondo: ha nacido un autor

El escritor no escatima escalones en la bajada a los infiernos de los personajes de ‘Todo esto existe’, que ofrece diálogos tensados con un dramatismo del que nunca abusa

Íñigo Redondo, en la Nave de Motores de Pacífico, en Madrid, el pasado día 9. rn
Íñigo Redondo, en la Nave de Motores de Pacífico, en Madrid, el pasado día 9. 

Según cuenta Íñigo Redondo (Bilbao, 1975), Todo esto existe es un texto que ha tenido años de rechazos editoriales y tentaciones de autoedición. Redondo tuvo la paciencia y el coraje de escribir y reescribir hasta que la oportunidad de publicación convencional llegó. Por fortuna, esta historia libresca acaba bien: una editora, Carme Riera, supo ver que en ese manuscrito había novela y autor.

A priori sorprende la ubicación temporal y local del argumento. Los ochenta, años previos a la caída de la URSS en una pequeña ciudad de Ucrania. Esa decisión desvelará su sentido de cuenta atrás y el trabajo de Redondo hace que, en ningún momento, se nos revele como una impostura innecesaria ni escenario de atrezo. En la lectura, estamos allí. Estamos con Alexéi, un director de colegio que no vive sus mejores momentos. Su matrimonio se derrumba sin que sepa si pudo evitarlo de alguna manera. La novela arranca con su trayectoria vital paralela a noticias a modo de presentación cinematográfica o de novela gráfica, que es, a mi juicio, de los pocos peros que poner a esta novela, cuando los ecos de estructuras de otros relatos se imponen a la personalidad de Redondo como narrador.

El mundo de Alexéi se encierra en una soledad de vodka, rutina y bloqueo emocional. Irina, una de las alumnas del colegio en el que es director, tiene graves problemas en su entorno familiar. Un día decide escapar y pide ayuda a Alexéi, que la oculta en su piso. El plan es por unos días a expensas de encontrar la mejor decisión posible. “Secuéstrame, por favor”, le dice. Y así sucede. Durante meses, años.

A partir de ese momento la novela se nos despliega estructurada y ejecutada con temple, con un montón de buenas decisiones de autor, calcu­lando mucho y bien el desarrollo y las reacciones de los personajes, en el tempo y manejo del suspense y hasta del thriller, pero además levantando vuelo literario desde el género. No sólo nos entretiene y ata a sus páginas esta novela, sino que nos pone un espejo delante para que nos miremos y nos hagamos preguntas sobre nosotros, sobre nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con el otro. Entre las decisiones de autor está la de asexuar a protagonistas y relación. Ni tan siquiera se explicita de qué escapa Irina. Redondo tiene claro que su interés está en otro lado.

La novela se toma su tiempo intuyendo que ir deprisa podía producir que perdiéramos el nexo con los protagonistas y sus decisiones. Redondo no escatima escalones en la bajada a los infiernos de los protagonistas, así como tampoco en el desarrollo de éstos, tanto individualmente como de esas dos soledades que acaban haciéndose compañía. Los entendemos, los excusamos sin nunca anticiparlos. Los diálogos, tanto cotidianos como teatrales, están siempre tensados por un dramatismo del que nunca se abusa.

En el texto reverberan ecos de libros de personajes y situaciones cinematográficas (de Humbert Humbert y Lolita sin violencia o deseo, de Ana Frank con diario y mascota…), importando menos en el tramo de la novela manejado con suspense hitchcockiano y más en el tramo final, un cambio de rasante inteligente pero de resolución menos original (uno ha creído ver aquí El paciente inglés o el McCarthy de La carretera…), donde las decisiones de Alexéi son menos verosímiles en aras quizá de lo apocalíptico y truculento de la resolución decidida.

En Todo esto existe —más allá de la tensión y lo que sucede— contemplamos la creación de la burbuja de intimidad de dos náufragos, en apenas tres habitaciones, un mundo fuera del mundo profundamente humano, con sus propias leyes justas pero que saben que no pueden permitir la intromisión de lo exterior, de los otros, de otro escrutinio que no sea el suyo propio. Días después de su lectura cuesta volver de esa casa, de ese coche y de ese mundo ficticio que Redondo nos ha creado, imantados a su lectura. Fumata blanca: habemus autor.

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Autor: Íñigo Redondo.

Editorial: Literatura Random House, 2020

Formato: Tapa blanda y versión e-book (385 páginas).

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