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“El rock es la religión de la era atómica”

El músico Igor Paskual publica nuevo disco en el que dice que carga "contra la gente sin entusiasmo"

Canta Igor Paskual en su último disco que “el que esté cansado de la vida que la devuelva”, pero él no devuelve nada. Al contrario: abraza la vida con tantas ganas que necesita más días. No para, ni está previsto que lo haga. “Me apasiona la música, pero también más cosas”, dice. Músico y compositor, Paskual ha publicado La pasión según Igor Paskual, su tercer álbum en solitario, mientras se mantiene como guitarrista de la banda de Loquillo y ejerce de columnista en distintos medios, colaborador radiofónico y trabajador incansable del romántico y sufrido mundo del rock and roll en España. “Este disco tiene algo de ir, en general, contra la gente sin entusiasmo”, reconoce.

La pasión según Igor Paskual guarda muchas de las señas que se reconocen en su autor, como su gusto por la guitarra y su verbo afilado y directo, pero, sobre todo, esa fe deslumbrante por el rock. De ahí que en su nueva obra la religión se mezcle con el rock como si fueran hermanos de una misma madre. “El rock es la religión de la era atómica. Quien cree en el rock o en Dios, confía en algo que es más grande que uno mismo. Una misa y un concierto se parecen mucho. Tanto el rock como el cristianismo tuvieron orígenes muy humildes y se convirtieron en grandes multinacionales. Se parecen hasta en su liturgia: mártires, profetas, fariseos… Son íntimos y comunales al mismo tiempo. Y a los dos se les quiere matar constantemente: “El rock ha muerto” o “Dios ha muerto”. No sé si es verdad, pero el caso es que nadie lo quiere creer. Eso sí, el rock tiene una ventaja sobre la religión: no hay que morirse para alcanzar el paraíso”.

Corsario y francotirador, Paskual tiene el rock como religión y filosofía de vida y, por tanto, se maneja muy bien en la provocación. “Lo importante no es ser provocador, sino qué haces con esa provocación. Si es mero gesto o hay algo detrás relevante. Y quienes lo están consiguiendo son las chicas, da igual que hagan rock o trap, me he dado cuenta de que es más una cuestión de género que de estilo. En general, ofrecen una mirada distinta que supone una verdadera amenaza al orden establecido. Y sí, el rock tiene que sacudir, si no se convierte en una sintonía”. En toda su obra hay una buena dosis de provocación, pero en La pasión según Igor Paskual incluso se desprende cierta perversión ante la realidad mundana y también la metafísica. “No es algo que haya inventado yo. La propia Biblia, que es un libro religioso, al mismo tiempo es un compendio de perversiones extraordinario”, cuenta. “Pero es que los seres humanos somos así, poliédricos, confusos, asquerosos y adorables. Este disco es un abrazo a la vida con todo lo bueno y lo malo. No quería quedarme sólo con una de las dos partes”.

Sentado en el Café Pavón del madrileño barrio de Lavapiés, Paskual, que está llevando presentando el disco con una gira por España, charla con pasión de su oficio, la música, pero también de cualquier asunto que pueda salir a la palestra en todo momento: cine, literatura, fútbol, política… incluso arte. Licenciado en Historia del Arte, estuvo realizando excavaciones arqueológicas en Jordania y ha sido profesor en el Aula de Música Pop-Rock de la Universidad de Oviedo. Según él, ser rockero no tiene que nada que ver con tener prejuicios. “Algo que me gusta mucho del rock es que, por su propia naturaleza mestiza, se une muy bien con otras disciplinas, con el cine, la moda, el arte, la literatura, aunque, en el fondo, todo es lo mismo. Hay música en el deporte, economía en la poesía y hasta arte en el pecado”, explica.

Con todo, Paskual, quien reconoce que se siente “muy respetado” por compañeros de profesión y público aunque sabe que se halla como artista en solitario en “no-lugar, en medio de varios mundos” en el ecosistema musical español –demasiado rockero para el indie y demasiado verso suelto para el rock-, reivindica la sabiduría de la calle sin connotaciones peyorativas, introduciendo entre líneas una reflexión acerca de la cultura del rock and roll: “A los medios de comunicación y a los propios músicos nos ha interesado la imagen destroyer y anárquica porque ayudaba a vender más. Se ha estimulado mucho ese tipo de imagen porque nos vende el acceso a un mundo ensoñador en el que nos encantaría vivir, pero que en realidad es ridículo. Hoy en día cualquier publicista se mete más farlopa que un rockero”.

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