TEATRO

José Miguel López Sáez, el sabio de la luz

El gran iluminador de cine y teatro falleció en pleno estado de alarma y solo ahora se ha sabido de su desaparición

José Miguel López Saéz
José Miguel López SaézFoto cedida por AAI

En este periodo de pandemias y confinamientos ha pasado totalmente desapercibida la desaparición de José Miguel López Sáez, uno de los grandes iluminadores de cine y teatro de España y, quizá el primero que convirtió la luz en un personaje más. Diagnosticado con la covid-19 aunque nunca se le hizo la prueba, López Sáez falleció en Madrid, la misma ciudad donde nació hace 89 años, el pasado 14 de marzo y fue enterrado en pleno estado de alarma en el Cementerio de la Almudena de Madrid.

Tan silenciosa y privada fue su marcha que la AAI (Asociación de Autores de Iluminación) le nombró el pasado 27 de marzo, día Mundial del Teatro, socio de honor para reconocer su papel como pionero y maestro del diseño de la iluminación, sin saber que había muerto. Pocos días antes de fallecer le llamó el iluminador y presidente de la AAI, Juan Gómez Cornejo para comunicarle la distinción y él recibió la noticia con agradecimiento. “Tenía pendiente una visita para comunicárselo personalmente y siento muchísimo que esto no haya podido suceder, porque todos sus trabajos están en mi retina y forman parte de mi cultura sobre la luz; siento hacia él un profundo agradecimiento por el legado que nos deja”, señala Gómez-Cornejo.

López Sáez se retiró de la profesión hace solo unos cuatro años, tras recorrer una brillante carrera profesional que inició en 1980 y en la que no se limitó solo a diseñar iluminación de montajes y películas. “Fue maestro de maestros, enseñó a muchos de los grandes de hoy y además fue gran innovador, dando un valor dramático a la iluminación”, señala Andrés Peláez, exdirector del Museo Nacional del Teatro.

Figura emblemática y pionera en el teatro español, López Sáez fue director técnico del Festival de Almagro, y director de fotografía en cortometrajes y películas, pero destacó y fue único en los grandes montajes teatrales de José Luis Gómez (sobresaliente su trabajo en La velada de Benicarló), de Miguel Narros, Mario Gas, Adolfo Marsillach, Ulen Spigel, Edward Wilson y, sobre todo, José Maya, entre otros creadores. Gómez señala: “Más allá de aquel trabajo exquisito [La velada de Benicarló] pocas veces en mi vida alcancé a percibir una mezcla tan exquisita de bondad, pericia y modestia que aunó en su persona. Me gustaría abrazarle en la otra orilla”

“Conocí su trabajo en 1982 y su tratamiento de la luz me sobrecogió”, recuerda Maya, “su iluminación era de poner los pelos de punta”. Juntos trabajaron en 22 montajes y de él escuchó frases como “la luz está en el texto”. También que la iluminación debía variar en función de los estados de ánimo de los personajes, más que del lugar físico donde se encontraran. “¡Ojo! Sin olvidarse de este“, dice Maya y señala que y sobre todo, López Sáez repetía que “el ojo no es fiable”. En la profesión le llamaban cariñosamente Lucecita.

Mario Gas afirmó al conocer la desaparición de López Sáez: “Se nos ha ido un grande de la iluminación, hubo una época que un trabajo firmado por él, era señal de solvencia. Gran innovador y profundo conocedor de la luminotecnia y, como todo grande, era humilde, del que se aprendía mucho. Una persona encantadora y fantástica. Se ha ido un sabio de la luz y de la vida”. El director recuerda la colaboración de López Sáez en la ópera Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, con la que se inauguraron las Naves del Español.

También fue autor del libro Diseño de iluminación escénica, escrito con la finalidad de formar y exponer sus conocimientos. “Para poder realizar un buen trabajo de diseño se debe poseer una instrucción básica de física en especial de la óptica y de la electrónica. En cuanto al tratamiento de la luz desde el punto de vista plástico, nos limitaremos a la exposición de los fundamentos del claroscuro y del estudio de las diferentes formas de crear ambientes de luz y su aplicación al diseño de iluminación», escribió en ese texto.

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