Así será la nueva normalidad en el sector editorial

El mundo del libro se reactiva a partir del lunes con un tercio de títulos menos para 2020, nuevas estrategias y lo nunca visto: la temporada se alargará durante el verano

Las encargadas de una librería atienden a un cliente en Ponferrada el miércoles.
Las encargadas de una librería atienden a un cliente en Ponferrada el miércoles.ANA F. BARREDO / EFE

Algo empieza a cambiar desde el próximo lunes en uno de los sectores más castigados por las consecuencias de la pandemia de coronavirus. Las librerías pueden abrir “con cita previa para atención individualizada” y si cumplen con las condiciones establecidas por el Gobierno para la fase cero de la desescalada, con lo que vuelve a la actividad un engranaje esencial de la cadena del libro. Pero, ¿qué va a encontrar el lector en las librerías en las próximas semanas? ¿Cuál es la estrategia de las editoriales para evitar el temido colapso del mercado?

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La desescalada editorial consiste en dos fases: una primera en la que tendrán vida los libros que salieron justo antes del confinamiento o que no llegaron a circular pero ya estaban impresos y otra, a partir del 28 de mayo, con estrenos de calado para reactivar el sistema. “La vuelta a la normalidad implica sacar novedades, que es de lo que vive la industria. Pero no vamos a mantener el plan editorial como a principio de año; un 30% de esos libros se publicarán en 2021”, asegura Pilar Reyes, directora editorial de Penguin Random House Grupo Editorial (PRHGE). “Los libreros quieren novedades fuertes para la reapertura, están ilusionados con que lleguen libros potentes que hagan que la gente se acerque a las librerías, pero no vamos a colapsar el canal con los libros que no hemos podido sacar”, remata, mostrando un temor compartido por editores, distribuidores y librerías.

Las apuestas más literarias o arriesgadas, más de autor, sufrirán en esta inopinada rentrée editorial. “Soy consciente de que venderé menos, de que el libro no tendrá el recorrido deseable y que merecería, pero no podemos salir ahora con títulos que no sean potentes; a las librerías hay que darles lo que puedan vender bien; si no, ni los comprarían ellos ni los clientes”, arguye Diego Moreno, director y fundador de Nórdica Libros, a quien el estado de alarma de marzo le dejó, en imprenta o ya en el almacén, seis títulos. “Han de ser buenos, pero no difíciles, atemporales, que atrapen y que no sean demasiado complejos de comunicar, pero aun así, su vida será peor”, admite Luis Solano, creador de Libros del Asteroide, que de los siete títulos que tenía previsto lanzar antes de verano solo publicará cuatro y que para los del resto del año, de los 10 bajará a seis, una reducción de su programación “de un 30%”, parecida a la del resto del sector. Esos libros, por el retraso en su salida, la proximidad de los títulos de finales de mes y de junio y las fechas de verano, en cualquier caso perderán “entre un 30 y un 40% de sus potenciales ventas”, calcula Moreno. Pero no serán los más castigados, coinciden, una categoría que se llevarán los que aparecieron entre enero e inicios de marzo: “Se perdió el boca-oreja y la promoción que iban teniendo desde enero; se venderán la mitad de lo que deberían” resume Solano. Lo mismo ocurrió en Anagrama con Alejandro Zambra o en Alfaguara con su premio a Guillermo Arriaga.

Los libreros quieren novedades fuertes para la reapertura, pero no vamos a colapsar el canal con los libros que no hemos podido sacar
Pilar Reyes

La incertidumbre juega un papel en esta primera parte del proceso “No sabemos si pueden abrir las cadenas de librerías y grandes cuentas, las que no son grandes superficies como tal, como la Casa del Libro o FNAC. Sin saber seguro cuándo están todos los clientes abiertos es muy difícil saber cuándo sacar un libro. Para los editores no es lo mismo”, explica Verónica García, de la distribuidora Machado Libros.

El fantasma de las devoluciones

“Los libreros serán más conservadores por partida doble: comprarán menos cantidad y solo lo que sepan que puede tener salida para ellos”, apunta Solano, que teme que mayo se convierta en “un mes con devoluciones muy potentes”. “Todos contamos con que mayo será un mes terrible para eso”, sostiene Moreno. “Estamos intentando evitar que la devolución se convierta en un método de los libreros para no pagar las facturas; preferimos posponer los vencimientos que incrementar las devoluciones”, plantea Martí Romaní, presidente del Gremio de Distribuidores de Publicaciones de Cataluña y miembro de la patronal estatal, sector donde ya trabajan “un 95%, aunque aún con bastante servicio mínimo”. En esas negociaciones jugará mucho la musculatura editorial: “Los grandes grupos pueden dejarle todo al librero sin que pague nada en todo el año; o hasta pueden no sacar nunca un libro del almacén o no publicarlo jamás; para nosotros, es imposible”, dice Moreno, que ha trasladado el 15% de su programación prevista a 2021. Son otras dimensiones: solo Grupo Planeta tiene un servicio medio de 200 novedades al mes. “Los títulos se reajustan en función de múltiples variables que van desde lo que permita su contrato a las mejores condiciones para una campaña de marketing; mayormente, cambiarán de mes y los menos, saltan a 2021”, apunta Jesús Badenes, director general de la División Libros de Planeta, que asegura que los títulos que ya están publicados “no se quedarán en los almacenes por compromiso y respeto con todos”, mientras garantiza que en su grupo “seremos todo lo prudentes que haya que ser en las tiradas para evitar una devolución alta”. Grandes y pequeños coinciden, sin embargo, en apostar por autores españoles, cuya promoción es más próxima y sencilla.

Los libreros serán más conservadores por partida doble: comprarán menos cantidad y solo lo que sepan que puede tener salida para ellos
Luis Solano

La nueva normalidad editorial implica otro cambio esencial: el verano, hasta ahora época de barbecho, se convierte en territorio de lanzamientos, un espacio para recuperar el tiempo perdido en un contexto en el que habrá poco turismo. “Vamos a utilizar las ganas de la gente de que se muevan las cosas, de entrar en las librerías”, celebra Silvia Sesé, editora de Anagrama, cuyo calendario se ha retocado para publicar ahora libros que no salieron en marzo y, desde finales de mayo, empezar con lanzamientos que culminan en torno al 23 de julio, fecha a la que se trasladó Sant Jordi. “Muchas librerías y distribuidoras no van a cerrar en agosto, fuera de momentos puntuales”, apunta Romaní, con lo que los libros lanzados en junio y julio tendrán un mayor recorrido que otros veranos. “Habitualmente proponemos lecturas para el verano a partir de abril y mayo. Este año lo vamos a hacer también en junio y julio. Las fechas hasta el momento son provisionales porque nos estamos adaptando continuamente a la evolución de la desescalada”, asegura Juan Díaz, director editorial de PRHGE y coordinador del área de América Latina, el otro gran mercado de las editoriales en español, que se encuentra en una crisis similar.

Pero si algo se ha visto durante el confinamiento es que la relación de los lectores con los escritores no volverá a ser igual. “Sabemos que en el futuro inmediato el formato clásico no es posible y eso nos obliga a reflexionar mucho”, asegura Reyes, que piensa en formatos mixtos entre lo presencial y lo virtual, surgidos de lo aprendido durante este tiempo. Bienvenidos a la nueva normalidad.

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