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Riesgos operísticos de calado en Madrid

Joan Matabosch incorpora esta temporada obras nunca representadas en el Teatro Real

La ópera 'Don Carlo', de Giuseppe Verdi, se representará en el Teatro Real en septiembre. 
La ópera 'Don Carlo', de Giuseppe Verdi, se representará en el Teatro Real en septiembre.  Teatro Real

En las tres últimas temporadas operísticas, entre Barcelona y Madrid se ha vivido una curiosa pugna que tiene que ver con el riesgo y la contención. El director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, le ha cogido el gusto a las apuestas fuertes en detrimento algunas veces de repartos de relumbrón. Mientras que en Barcelona se han apuntado algunos tantos estelares con voces de primera línea —caso de Jonas Kauf­mann—, pero han dejado de lado el compromiso obligado que un gran teatro de ópera debe contraer hoy con el repertorio menos trillado.

Matabosch está obsesionado con aportar nuevos títulos y obras nunca representadas a la lista de un teatro joven, con apenas 22 años de historia desde que fuera reabierto en su última etapa, y en ello sigue para el nuevo curso. Abre Madrid con Don Carlo (18 de septiembre), grandiosa ópera verdiana de tema español, con El Escorial y Felipe II como trasfondo y un montaje de David McVicar. Seguirá con un repaso belcantista: Donizetti y Bellini con L’elisir d’amore (29 de octubre) e Il pirata (30 de noviembre). Pero el riesgo llega después. Curiosamente, con una propuesta barroca como Aquiles en Esciros, de Corselli, un obligado homenaje al papel fundamental que el castrato Farinelli tuvo en España como gestor cultural. El título no se había repuesto en Madrid desde su estreno en 1744.

La ópera contemporánea tiene su presencia con Into the Little Hill (11 de febrero), de George Benjamin; Lear (16 de abril), de Aribert Reimann, con montaje de Calixto Bieito, y La pasajera (8 de junio), de Mieczyslaw Weinberg. Sólo queda esperar que no se produzca un fiasco como el del año pasado, cuando cayó del cartel La peste, de Roberto Gerhard, por razones que no se han explicado suficientemente. No se asusten los yonquis del repertorio. También habrá espacio para Mozart (La flauta mágica, el 19 de enero), Wagner (La Valquiria, el 12 de febrero) y Verdi como traca final, con La Traviata (10 de mayo).

En Barcelona, Josep Pons abre en el foso el 7 de octubre con Turandot, de Puccini, lo que será la última temporada programada por Christina Scheppel­mann. Irene Theorin y Gregory Kunde, los mismos protagonistas que encabezaron el cartel en el Real el pasado año, repiten en el Liceu. Roberto Alagna se presenta en diciembre (a partir del día 5) con Cavalleria Rusticana y Pagliacci, el díptico verista al uso de los compositores Pietro Mascagni y Ruggero Leoncavallo. El maestro español Gustavo Gimeno debuta en el Liceu con Aida (Verdi) el 13 de enero. El actual director titular de las orquestas de Luxemburgo y Toronto sigue los pasos operísticos de su maestro, Claudio Abbado.

El Lohengrin wagneriano (19 de marzo) que también dirigirá Pons tiene un atractivo en la dirección de escena: corre a cargo de Katharina Wagner, actual responsable del Festival de Bayreuth y directa descendiente del genio. Regresa Jordi Savall al Liceu con uno de sus compositores fetiche, Marin Marais y su ópera Alcione, y redondean los títulos de la temporada catalana Carmen (8 de junio) y un Rossini: El barbero de Sevilla (21 de julio).

En el panorama sinfónico, Ibermúsica cumple 50 años como pionera y absoluta referencia de los grandes ciclos en Europa. La trayectoria de su fundador, Alfonso Aijón, el más brillante gurú en su campo y todavía activo, deja medio siglo de una estela que ha hecho brillar en Madrid a las mejores orquestas del mundo. Zubin Mehta y la Filarmónica de Israel abren la temporada el 19 de septiembre. No faltarán otras batutas: Esa-Pekka Salonen, Mariss Jansons con la Sinfónica de la Radio de Baviera, Simon Rattle —que también estará con Magdalena Kožená en el Palau de la Música catalana el 18 de octubre— con la London Symphony, Vladimir Jurowski con la London Philarmonic o Iván Fischer con la Budapest Festival Orchestra, entre otras…

El piano prosigue en el ciclo Grandes Intérpretes de Scherzo con el debut del joven español Juan Pérez Floristán, de 26 años. Lo completan para este año Beatrice Rana, Khatia Buniatishvili —ambas también debutantes— y Martha Argerich con la Kremerata Baltica. Mientras, el Universo Barroco que organiza el Centro Nacional de Difusión Musical tiene a Les Arts Florissants de William Christie como protagonista este año con tres conciertos. También el grupo francés anda de celebración con su 40º aniversario. Pero al legendario grupo de Christie le acompañan en el cartel el Collegium Vocale Gent, Il Pomo d’Oro, Al Ayre Español o un recital de la gran Cecilia Bartoli.

En el panorama internacional hay un nombre que centrará el foco en este inicio de temporada: Kirill Petrenko. El ruso comienza su andadura al frente de la Filarmónica de Berlín. Nada más estrenarse en la capital alemana, viajó al Festival de Salzburgo con dos conciertos. Repitieron la Novena de Beethoven, toda una llamada a las esencias, y miró a su país natal con Chaikovski y su Quinta sinfonía. El éxito fue apoteósico. La introspección de Petrenko cara a la galería —no concede entrevistas y su timidez contrasta con el estilo abierto y pedagógico de Rattle, su antecesor— se transforma en una actitud electrizante encima del podio. Petrenko parece decidido a reeducar en parte del repertorio a una orquesta como la berlinesa, que con su elección ha demostrado buscar un giro radical en su camino hacia un territorio tan imprevisible y lleno de incertidumbres como fascinante. Sus primeros pasos merecen atención.