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El amor (no) es extraño

Inaugura un ambicioso proyecto artístico multidisciplinar del que este trabajo cinematográfico solo será la primera piedra

'Touch Me Not'
Fotograma de 'Touch Me Not'.

En esta película donde se desnudan bastantes físicos y deseos no normativos, hay un striptease que es el más radical de todos: el del propio dispositivo cinematográfico, esa cámara omnipresente que se despoja del espejo que sustenta el contacto visual entre los personajes y la propia directora, la debutante en el largometraje de ficción Adina Pintilie -Oso de Oro en la penúltima edición de la Berlinale con este radical Touch Me Not-. Partiendo de 250 horas de material en bruto, Touch Me Not, que provocó no pocas deserciones en su primera proyección de prensa, inaugura un ambicioso proyecto artístico multidisciplinar del que este trabajo cinematográfico solo será la primera piedra: la secuencia donde la directora, constante contraplano de muchos testimonios, se coloca frente al objetivo de su cámara subraya la clara implicación personal que entra en juego en este discurso sobre la sexualidad, lo íntimo y el cuerpo como identidad. Preguntarse por el motivo de las deserciones puede ser una buena manera de intentar entender la pertinencia de una película que viste de una cierta antipatía un corazón claramente empático y transformador.

TOUCH ME NOT (NO ME TOQUES)

Dirección: Adina Pintilie.

Intérpretes: Laura Benson, Hanna Hofmann, Tómas Lemarquis, Christian Bayerlein.

Género: drama. Rumanía, 2018.

Duración:123 minutos.

Con su radical apuesta por los colores fríos (helados) y los espacios abstractos, Pintilie parece observar, en principio, los cuerpos (y deseos) de sus personajes como gérmenes en una placa de Petri. Muy pronto, esta historia conducida por una mujer de mediana edad que parece encerrada en su propia piel se la juega por entero en un simple juego de plano/contraplano: en una sesión de terapia, un paciente con atrofia muscular espinal -su boca enmarcada de saliva seca- mira a su pulcro interlocutor. Son unos breves segundos que desafían la condescendencia del espectador y que revelan la consistente ética de la provocación de la cineasta. No estamos en el radio de influencia del cinismo o de la incorrección política: lo que expulsó a algunos espectadores de la sala fue, precisamente, su incapacidad de asumir la gozosa sexualidad de las otredades.

Con su no siempre armónica mezcla del lenguaje de la entrevista y el de la terapia, la película presenta una fascinante galería de personajes donde brillan el tono tranquilizador y didáctico de una mujer trans convencida de que nada hay de extraño en la sexualidad o la sabiduría moral de ese discapacitado que acaba revelando su condición de aventurero sexual. Touch Me Not enfrenta al espectador a una serie de ideas necesarias para desestabilizar la dogmática sexualidad normativa.

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