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Cambio de ciclo en Deutsche Grammophon

La lituana Mirga Gražinytė-Tyla, primera directora con contrato en exclusiva en el mítico sello amarillo, debuta con un disco impresionante de sinfonías de Weinberg

Gražinytė-Tyla dirige la Juilliard Orchestra, en 2016.  Ampliar foto
Gražinytė-Tyla dirige la Juilliard Orchestra, en 2016.  GETTY IMAGES

Deutsche Grammophon (DG) mira hacia el futuro con un ojo en el pasado. Lo demuestra la portada de este disco. Actualiza la habitual imagen del director de orquesta de mediana edad que representaba Herbert von Karajan. Y ahora, bajo el mítico sello amarillo de la corona de tulipanes de Hans Domizlaff vemos a una joven llamada Mirga Gražinytė-Tyla. La postura es similar: expresión concentrada, ojos cerrados y batuta apuntando al cielo. Esta lituana de 32 años parece destinada a cambiar la historia. De momento, se ha convertido en la primera directora de orquesta con un contrato exclusivo en los 120 años de este prestigioso sello discográfico de música clásica. Su debut en solitario, tras una esporádica colaboración con el violonchelista Sheku Kanneh-Mason (Decca), representa un necesario cambio de ciclo. El evento ha copado la portada de mayo en la prestigiosa revista Gramophone con un reportaje titulado “El momentum de Mirga”.

Pero hay mucho más que una brillante directora en este doble disco de DG. Junto a su nombre vemos al violinista letón Gidon Kremer, una figura capital para Gražinytė-Tyla. Kremer propició su debut discográfico en 2015 al frente de la Kremerata Baltica, en el sello ECM. Y esa grabación le descubrió uno de sus principales ídolos: el compositor ruso de origen judío-polaco Mieczysław Weinberg (1919-1996). Hablamos del verdadero tercer hombre de la música soviética, tras Prokófiev y Shostakóvich. Uno de los compositores más injustamente desconocidos del siglo XX. Un refugiado que huyó de los horrores nazis, que fue maltratado en su país adoptivo y cuyo reconocimiento llegó demasiado tarde. Su impresionante legado incluye 26 sinfonías, 7 óperas, 17 cuartetos, aparte de conciertos, sonatas, canciones, ballets, cantatas y partituras para el cine, el teatro o el circo. El principal impulso a su figura llegó en 2010 con el estreno de su ópera La pasajera en el Festival de Bregenz, que podrá verse la próxima temporada en el Teatro Real para celebrar su centenario.

Aparte de La pasajera, Weinberg consideró que su composición más importante era la Sinfonía nº 21 ­Kaddish, terminada en 1991. Está dedicada a las víctimas del gueto de Varsovia, donde perecieron sus padres y su hermana. Una imponente epopeya musical que concita el lamento y el horror por medio de un sorprendente juego de contrastes, luces y sombras que adereza con alguna cita, como la Balada nº 1 de Chopin. Esta grabación se realizó coincidiendo con el estreno británico de la obra, en noviembre pasado. La Sinfónica de la Ciudad de Birmingham suma la cuerda de la Kremerata Baltica. Y Gražinytė-Tyla los dirige con mayor solidez expresiva que la pionera grabación de Vasíliev (Toccata), aunque cometa el atrevimiento de cantar la parte de soprano solista. Kremer, por su parte, da vida a los tétricos solos de violín de la obra, que considera un equivalente a lo que habría sido la Undécima sinfonía de Mahler. También se incluye la temprana Segunda sinfonía (1946), que pudo escucharse en la reciente SMR de Cuenca, donde Gražinytė-Tyla amasa y exprime a una excelente Kremerata Baltica. Un impresionante debut en DG. Pero esto es solo el principio.

Weinberg. Sinfonías 2 y 21. Mirga Gražinytė-Tyla. Gidon Kremer (violín). Kremerata Baltica. City of Birmingham Symphony Orchestra. Deutsche Grammophon.