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Demasiado poshumano

TEA acoge el trabajo de Marina Núñez, un abordaje del mundo como fusión del ser humano, la naturaleza y la tecnología

Obra de la serie 'Naturaleza' (2019), de Marina Núñez. Ampliar foto
Obra de la serie 'Naturaleza' (2019), de Marina Núñez.

Aunque los jardines son recintos ideados para el deleite de los sentidos, el paseo por el Jardín salvaje que Marina Núñez (Palencia, 1966) ha construido en Tenerife Espacio de las Artes deja una sensación de mal cuerpo. Ello en dos acepciones de la expresión: una, porque la artista encara al espectador con su incapacidad para comprender el mundo fruto de la vertiginosa fusión de la naturaleza con las innovaciones tecnológicas y, otra, porque le aboca a preguntarse por la obsolescencia de su cuerpo en tanto que humano, y por la pertinencia de transformarlo, mediante manipulación genética e hibridación con una máquina, en uno transhumano.

Jardín salvaje, la pieza que da título a esta exposición comisariada por Yolanda Peralta, irradia una belleza que convoca a la muerte, que es en sí misma bella: una profusión de plantas, que aparecen en un montículo de pantallas de vídeo, crecen y sueltan esporas desaforadamente, como productos de un experimento genético fuera de control. El sonido de terror de serie B producido por Luis de la Torre provoca una leve risa que no deja de ser nerviosa: hoy la cultura que ha fabricado a la oveja Dolly podría engendrar cultivos como estos.

Los algoritmos tienen una historia larga que, como la de los jardines, se remonta a Babilonia, pero, a lomos de la cibernética, se han convertido en el germen de este escenario poshumano que ensambla inteligencias artificiales, dicotomías en disolución, como orgánico/inorgánico o especie/ambiente, y una condición humana libre de las sombras de Dios, que se naturaliza al asumir el artificio. Al igual que en Jardín salvaje, los algoritmos informan los vídeos de la serie Naturaleza, también producidos por TEA: jarrones con paisajes encapsulados reflejan la declinante mirada antropocéntrica en el Antropoceno.

Entre la transgresión tecnocientífica de los límites de lo humano y el sentimiento sombrío de lo absurdo de la existencia, Prometeo y Sísifo se fusionan en esta era geológica marcada por el poder del Homo sapiens para transformar la Tierra. El retrato resultante puede ser cualquiera de las cabezas que Marina Núñez muestra en otros vídeos con sonidos de psicofonías, que degeneran rápidamente y explotan con estelas de hongo atómico para resucitar computacionalmente como nuevas cabezas. Esta descomunal energía mítica, que alimenta los imaginarios sociales agitados por la crisis civilizatoria, bulle igualmente en el vídeo Inmersión, un paisaje fractal con aspecto de matriz infinita en el que aparecen personajes que evocan amazonas, luchadoras mexicanas y cíborgs hechos del mismo tejido ornamental que su ambiente, como motivos vivientes.

Jardín salvaje. Marina Núñez. TEA. Santa Cruz de Tenerife. Hasta el 2 de junio.