“No necesito la bandera española para expresar nada”

Estrella Morente publica un disco de copla clásico en el que homenajea a las grandes del género

Estrella Morente, en el Teatro Real de Madrid en febrero.
Estrella Morente, en el Teatro Real de Madrid en febrero.Luis Sevillano (EL PAÍS)

Dice haber hecho un trabajo de depuración grande para su último trabajo, que sencillamente ha decidido titularlo Copla. Junto a Isidro Muñoz, productor del disco, Estrella Morente (Granada, 1980) ha tratado de desligar el género de prejuicios políticos y ha llegado a desechar letras por incluir expresiones como “bandera rojigualda”. “Hay coplas que hablan de unos colores de una bandera que tampoco necesitamos. Además me gusta mucho la bandera española pero no la necesito para expresar nada”, dice.

La copla que ella reivindica es la que está escondida, no la de la oficialidad del franquismo, sino la del canto arrabalero, de los desposeídos, con historias que no reivindican la belleza, sino el dolor y lo prohibido. Y sin embargo, no sólo ha elegido un repertorio extremadamente clásico (están todas las grandes: desde Ay Pena, Penita! a El día que nací yo, pasando por Suspiros de España, Yo soy esa o Miedo, casi todas de los compositores Quintero, León y Quiroga) sino que el ropaje sonoro de los cortes de Copla es el más clásico: una banda de música le acompaña en todos los temas. La propia presentación del disco rezuma clasicismo coplero, en el Teatro Real, rodeada de claveles rojos, telones de terciopelo y mobiliario de hace varios siglos.

Dice no haber querido hacer un disco de mujeres, pero la presencia femenina es abrumadora. Las coplas elegidas para este trabajo han pasado a la memoria colectiva de la mano de las principales voces que las interpretaron: Imperio Argentina, Lola Flores, Concha Piquer, Juanita Reina… Y a ellas dedica Estrella su homenaje, pero también a las mujeres de su familia: sus abuelas, su madre, su hermana, su madrina, sus comadres… “No es un disco solamente de la mujer, pero para mí es importante que la mujer a través de la copla encuentre una buen arma de expresión y de sinceridad”, explica. Sin embargo, reconoce que los autores son fundamentalmente hombres y que en su momento, servían como vehículo de expresión para asuntos de los que no se podía hablar públicamente. Prostitución, infidelidad, amor homosexual… “Hay muchas coplas que se podrían interpretar desde un género u otro. Yo creo que la copla es unisex”, concluye. “La copla habla de la vida, y en ese sentido me interesa que juegue a ser de todos y para todos. Ese es para mí el lema de este disco, la libertad”.

La copla siempre ha estado presente en la vida de Estrella. No sólo por herencia (su abuela materna, Rosario Muñoz, fue bailaora y trabajó en las compañías de Rafael Farina y Pepe Marchena); desde pequeña le atrajo el género y siempre en su carrera ha mantenido una estética y una actitud en el escenario cercana a la de las grandes divas de la copla. Aunque es la primera vez que lo graba, el repertorio de alguna manera ha estado presente en su vida. Cuentan quienes asistieron que su mejor interpretación de Madrina, el tema que abre el disco, la ofreció Estrella Morente en la boda de otro cantaor, Arcángel, gran amigo suyo, cuando, en plena fiesta, dedicó la copla a su marido, Javier Conde, pletórica de pasión y admiración por el torero. Una inmensa sonrisa ilumina su cara al recordar el momento, pero precisa que ha intentado huir de esos momentos personales en la grabación de este disco. “Ha sido una especie de batalla personal”, explica, “para despojar las coplas de un excesivo toque dramático”. Un trabajo complicado llevado a cabo por Isidro Muñoz, el productor, que “ha sabido también barrer lo que le sobraba al género”. Es peligroso, indica, “dedicarle todo eso a la persona de la que estás enamorada”.

El proyecto arrancó hace más de ocho años junto a su padre, Enrique Morente, fallecido en diciembre de 2010 quien, hasta aquel fatídico momento, dirigía la carrera de la cantaora. Estrella salpica la conversación constantemente de alusiones al maestro, que se hace presente en la entrevista como mentor, como productor, como ideólogo y casi como medida de todas las cosas. Siempre que necesita buscar un punto de referencia en la música, en el arte, o en cualquier otro asunto, aparece Morente. “Era el que me producía, quien me conocía, con quien realmente yo disfrutaba en el estudio...” recuerda.

Morente también le da la medida de la libertad del artista, que Estrella ahora reivindica para otros en un momento en el que se discute más sobre apropiacionismo cultural que sobre calidad de las obras. Preguntada por su propio gusto de aficionada, si prefiere al cantaor más purista Jesús Méndez o al heterodoxo Niño de Elche, vuelve a la referencia paterna. “Los dos son amigos” -dice- “y los dos son grandes admiradores de mi padre, los dos convergen en Morente. Para mí eso es muy importante”.

¿Y ella, cuándo volverá a grabar flamenco? “Creo que nadie es de una manera del todo y deja de serlo luego para ser otra cosa”, explica. “El equilibrio es lo difícil, muchas veces metemos la pata, pero creo que es mejor un camino que te permita equivocarte por ti misma a que te obliguen a equivocarte”.

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