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COLUMNA i

A esta leonera de país le hace falta, con urgencia, un poco de ventilación

Hasta Aznar ha salido de su cripta para decirle a Abascal que le diga a la cara lo de la derechita cobarde, si tiene lo que hay que tener

Pablo Motos y Albert Rivera, el miércoles en 'El hormiguero'.
Pablo Motos y Albert Rivera, el miércoles en 'El hormiguero'.

Justo lo que le necesitaba España (en vísperas de una campaña electoral, con los de Vox soltando una burrada diaria y con el patrioterismo cuartelero creciéndose por momentos) era una carta del presidente de México exigiendo disculpas por Hernán Cortés, del que no se acuerdan ni en su pueblo. En Medellín prefieren conmemorar el pasado romano antes que el conquistador. Hasta Aznar ha salido de su cripta para decirle a Abascal que le diga a la cara lo de la derechita cobarde, si tiene lo que hay que tener. Gracias, López Obrador, por subir el volumen de la bronca, por si quedaba algún sordo que no se estuviese enterando.

Queda la esperanza de que la chulería legionaria que domina el paisaje sea más impostada que sentida: la selección de fútbol apenas pudo endosar dos goles anémicos a esa Malta de los anales del 12-1, y tal vez por eso, el partido solo interesó a 4.798.000 espectadores, que está genial (es un 26,5%, ya quisieran los programas más vistos acercarse a esa audiencia), pero, bien mirado, supone el 10% de la población española. ¿Qué hacía el 90% restante? Una parte no desdeñable, hacer chistes y comentarios sobre la carta de López Obrador. Los demás, dedicarse a otras cosas poco o nada patrióticas, como planchar, leer a Tolstoi, viajar en autobús o ver capítulos de Friends. Con tan poca adhesión y tan poca beligerancia de los jugadores frente a un país que la mitología nacional obliga a machacar, las bravuconadas rojas y gualdas que lo llenan todo tal vez queden en meros eructos e imprecaciones de mal gusto sin efectos políticos.

Se percibió más testosterona en los magacines que empiezan a ser ocupados por los candidatos en campaña. Pablo Iglesias se ha paseado por las televisiones haciendo el macarra con los dueños de las mismas, mientras Casado y Rivera intentan ser simpáticos sin lograrlo (dan grimilla cuando se proponen gustar y meterse en el tono de un programa ameno, es mejor que se mantengan institucionales y fríos). Pedro Sánchez, que, en cuanto a hombría y planta, es el mejor dotado, no asoma mucho y prefiere que se expongan sus rivales, a ver si se queman al sol del ridículo.

A esta leonera de país le hace falta, con urgencia, un poco de ventilación.

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