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Alondra Bentley: “A los hombres jamás les han preguntado si ellos componen las canciones”

La cantante publica su quinto disco, 'Solar System', una obra donde la psicodelia y los sintetizadores ganan terreno al pop

Alondra Bentley, en la cafetería Mamá Framboise, en Madrid.
Alondra Bentley, en la cafetería Mamá Framboise, en Madrid.

De lunes a jueves Alondra Bentley (Lancaster, 1983) imparte clases de inglés a niños menores de cuatro años. Como le ocurría a Clark Kent cuando se deshacía de sus gafas y se cubría con su capa para convertirse en Superman, el jueves por la tarde, tras concluir la última clase de la semana, la vida de esta angloespañola, criada en Murcia desde los cinco años, da un giro de 180º. En ese momento, Alondra Bentley se transforma en la cantante que lleva diez años subiéndose a los escenarios del panorama nacional y atesora cinco discos. “Aprovecho el fin de semana para girar o entrar en el estudio. La grabación de Solar System (Mount Ventoux, 2018) [su quinto álbum] la he alternado con mi faceta de profesora. Es cansado porque no tengo ni un día libre en toda la semana, pero grabar discos es algo muy caro y vivir únicamente de la música generaría grandes carencias en el acabado. No podría invertir todo lo que me gustaría en la creación artística”, explica Bentley.

Esta compositora a tiempo parcial ha logrado generar un proyecto musical sostenible en sí mismo. Esto es: todo lo que este genera lo reinvierte en él para continuar desarrollándolo. “Estuve viviendo de la música durante algún tiempo cuando saqué el primer álbum, pero me di cuenta de que para hacer el disco que quiero hacer e invertir lo necesario es mejor así. Mi trabajo de profesora me permite vivir bien y lo que gano con la música me permite hacer la música que quiero hacer”, afirma.

En sus inicios, Bentley tuvo que lidiar con el encasillamiento. Era 2009 y junto al suyo, Ashfield Avenue, aterrizaban los trabajos de otras artistas que dieron lugar a una generación de cantautoras folk-pop que marcó la década pasada (Anni B. Sweet, Russian Red, Zahara…). Una, en su caso, poco acertada generalización que durante un tiempo incomodó a esta compositora con querencia por la evolución y los cambios de registro. De esta forma, la delicadeza folk que le sirvió como carta de presentación ha dado paso a un trabajo más adulto, donde la psicodelia y los sintetizadores han ganado terreno al pop más suave y a las guitarras. Lo presentará el 26 de enero en el Palacio de la Prensa de Madrid. 

“Con Solar System me he querido sorprender a mí misma intentado explicar otro tipo de influencias que no me resultan tan intuitivas. Yo compongo a guitarra y voz y parece que lo más obvio es hacer un disco más acústico, pero no quería conformarme con eso. He estado buscando nuevos discursos y sobre todo nuevas formas de decirlo en cuanto al sonido. Para este disco escogí a Carasueño como productor porque sabía que me iba a ayudar a llegar hacia este sonido”, señala la cantante. En cuanto a sus influencias, la carrera de Bowie, (“una persona que se supo reinventar”), juega un papel protagonista, al igual que los trabajos de músicos como Pink Floyd, Julia Holter, Kate Bush, Björk, Blur, Damon Albarn o Kevin Ayers.

Al frente de su proyecto musical, estos años le han servido para reafirmar que el mundo de la música continua con un marcado carácter masculino. “La manera en la que perciben tu proyecto cuando eres mujer, como mínimo, genera escepticismo. A nosotras nos investigan y nos preguntan muchísimo más. Creo que pasa en muchos ámbitos, pero en la música sin duda. Se cuestionan si sabes tocar bien, si has escrito la canción... A mis compañeros hombres jamás les han preguntado si ellos componen las canciones, cosa que a mí sí me pasa”, confiesa Bentley, que es la que se encarga de hablar con los promotores cuando gira con su banda y en alguna ocasión se ha encontrado con escenas desagradables. “Son casos puntuales, pero alguna vez se han extrañado de que sea una mujer la que gestione el dinero y me han dicho: ‘¿Las cuentas las voy a hacer contigo?”.

Mientras para muchos músicos componer es un proceso catártico de autoterapia, Bentley confiesa que solo entiende la composición desde una estabilidad emocional lejana a cualquier sentimiento que implique dolor. “Escribo mejor cuando estoy tranquila y alegre que cuando estoy pasando un momento difícil. Definitivamente, no compongo como forma de terapia. Es más, intento evitar que la canción acabe siendo el diván del psicólogo donde se sueltan un montón de cosas sin haberlas analizado”.

Con una madre pintora, un padre poeta y dos hermanas con las mismas dotes musicales, Alondra Bentley, que antes de grabar su primer álbum estudió Bellas Artes, decidió hace diez años de forma autodidacta continuar la senda artística familiar. Y los cinco discos que ha grabado (Ashfield Avenue, Sings for Children, It´s Holidays, The Garden Room, Resolutions y Solar System) demuestran que, a pesar de hacerlo a tiempo parcial, iba muy en serio.

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