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CÁMARA OCULTA COLUMNA i

La tumba del desconocido

Es curioso que en la ficha del actor Eli Wallach que figura en Wikipedia se diga simplemente que no se sabe el lugar donde está situada su sepultura

Es curioso que en la ficha del actor Eli Wallach que figura en Wikipedia se diga simplemente que el lugar de su sepultura sea “un lugar desconocido” cuando en una de sus películas más populares, El bueno, el feo y el malo, que culminó la trilogía del espectacular western dirigido por Sergio Leone, el hallazgo de una tumba dedicada a un “desconocido” fuera precisamente el quid de la intrépida aventura de los tres protagonistas, Clint Eastwood, Lee Van Cleef y el propio Eli Wallach, la mayoría de ellos ya fallecidos, como el propio Sergio Leone. Este visitó el festival de San Sebastián como “estrella invitada” en 1986, es decir, en una época en que las visitas de honor como la suya no tenían el relieve de las que actualmente reciben en el mismo festival. “Lo malo del cine actual es que imita a la televisión”, dijo Leone en la discreta rueda de prensa que protagonizó.

Nadie le preguntó entonces a Leone sobre esa tumba al “desconocido” que el ejército español había hecho construir bajo sus órdenes en Valle de Mirandilla, en Burgos, en un cementerio de más de 5.000 tumbas… aunque nadie fuera enterrado en ellas. Con el tiempo ese cementerio se fue olvidando y hasta las cruces fueron sirviendo para tapar goteras en los tejados de las casas del pueblo de al lado.

Acabó siendo un campo fantasmal y sin sentido hasta que un grupo de apasionados cinéfilos fue cayendo bajo el embrujo de la obra maestra de Leone, y decidió recuperar ese bello y original cementerio circular, odisea que recoge con calma y entusiasmo el documental Desenterrando Sad Hill, que ha dirigido Guillermo de Oliveira, y que ahora opta a los próximos premios Goya. Intervienen en él muchos de los jóvenes entusiastas “desenterradores” que dice el título, y también Clint Eastwood, icono indiscutible de esta “trilogía del dólar” – Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, y El bueno, el feo y el malo­ y el no menos indiscutible compositor Ennio Morricone, a quien la memoria debe la grandiosa banda sonora, auténtica coautora del filme. Pero tampoco podía faltar Alex de la Iglesia, que creó su particular homenaje en su película 800 balas, al que en cambio sí faltó Clint Eastwood, desagradecido a pesar del homenaje que se le quería tributar. Se quedó sin él, como también sin el que el festival de San Sebastián le propuso en alguna ocasión. Al parecer, no puede estar en todas.

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