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El caso del futuro lejano

Septiembre y sus novedades están a la vuelta de la esquina, pero ¿qué se está escribiendo o corrigiendo estos días?

El caso del futuro lejano
Getty Images

En un futuro ligeramente lejano hasta Douglas Coupland volverá a escribir. Ahora está demasiado ocupado esculpiendo todo tipo de cosas. Por ejemplo, sé que hay una ballena pixelada en algún lugar de Vancouver que ha sido esculpida por él. Pero no hay ninguna novela de Douglas Coupland sobre mi mesa que vaya a llegar a las librerías en septiembre. Sé, sin embargo, que Douglas Coupland ha decidido dejar de escribir en su despacho. Ahora escribe en los aviones. Le gustan los aviones porque en los aviones se desconecta. Lo que escribe en los aviones son artículos que luego publica The Guardian. Mariana Enríquez también escribe artículos. En julio pasé un día con ella en Asturias. La habían invitado al Celsius 232. Tomaba notas para el artículo que luego publicó en Página 12. Me confesó que acababa de terminar una novela y que era una novela monstruo, una novela de 600 páginas. Me dijo que nunca había escrito nada tan largo y que iba a pasarse el verano intentando olvidar que lo había hecho para poder volver a leerla en septiembre y ver si tiene sentido. Las novelas monstruo son complicadas. Pueden devorarte si no logras domesticarlas.

Zadie Smith también está escribiendo una novela monstruo, y es la primera que ambienta en un siglo que no ha pisado: el XIX. No es muy habitual que los escritores hablen de sus proyectos futuros, pero a veces lo hacen. Cuando Smith visitó Barcelona para hablar de Tiempos de swing, me soltó hasta el título de la novela en cuestión: The Fraud. ¿El argumento? El de siempre: Londres. En este caso, por qué una calle de Londres (Shoot-Up Hill) llegó a llamarse como se llama. Evidentemente, esa calle está en el distrito NW, distrito al que Smith ha dedicado toda su producción. ¿Que por qué habla de ella? Porque, con suerte, dice, la acabará “dentro de diez años”. Avisa. Porque uno tiene que avisar cuando se mide a una novela monstruo, por si la novela monstruo intenta devorarla. ¿Devoró el sexteto Mi lucha a su admirado Karl Ove Knausgård? Casi. Quizá por eso ahora el de Oslo está desintoxicándose publicando libritos en los que le explica a su hija en qué consiste el mundo. Le cuenta para qué sirven los cepillos de dientes y qué son las avispas, y de paso aprovecha para recordar cuándo le picó una por primera vez, o qué poco se lavó, en realidad nunca, los dientes su propio padre. Es decir, más de lo mismo, pero sin historia, en formato, se diría, de polaroid.

Uno tiene que avisar cuando se mide a una novela monstruo, por si la novela monstruo intenta devorarla

Pablo Martín Sánchez está en Montricher, Suiza. En concreto, está en la Fondation Jan Michalski, disfrutando de una beca de escritura. ¿Y qué está escribiendo? El tercer volumen de su llamada biografía mínima. Pablo está construyendo una trilogía a partir de aquello que le define institucionalmente: el nombre, la fecha de nacimiento y el lugar. De ahí que contara la vida de otro Pablo Martín Sánchez en El anarquista que se llamaba como yo y lo que ocurrió en 1977 en Tuyo es el mañana. Ahora le toca a Reus, la ciudad en la que nació. Pablo forma parte del curiosísimo grupo experimental OuLiPo, fundado por Raymond Queneau en el París de 1960. El objeto de dicho grupo es marcar reglas a la obra en marcha, jugar a limitar las posibilidades para alcanzar algo que de otra manera jamás se habría siquiera imaginado alcanzar. ¿Otros miembros ilustres? Georges Perec, claro. Que tal vez lo fuera también, como Martín Sánchez, del Collège de Pataphysique. En cualquier caso, la novela se ambienta en una Reus del futuro.

David Mitchell, socio de las Wachowski en Sense 8 y autor de la imprescindible Relojes de hueso, hablaba el otro día con David Peace sobre lo que uno y otro estaban escribiendo: el primero anda enfrascado en una historia de los sesenta, y el segundo, en la tercera entrega de la trilogía Tokio, por fin. Peace lleva escribiendo ese libro más de 10 años. La cosa es que no acaba de verlo claro. Ha escrito ya más de un millón de palabras y sigue sin verlo claro. “Cuanto mayor me hago, más inseguro me siento con mi trabajo”, le confiesa a Mitchell, en una entrevista que publicó el periódico para el que Coupland escribe sus artículos. “Cuanto mayor me hago, más dudo”, añade. Si tuviera una fecha de entrega como la que tuvo Lawrence Osborne —el encargado de resucitar, otra vez, a Philip Marlowe—, la novela ya estaría en librerías, como lo está —y quizá no tarde en llegar a España— su Only to Sleep. Hablando de detectives, Jonathan Coe podría haber escrito una novela negra (y lo hará, me lo juró) y la hubiera protagonizado el detective de El número 11 —el tipo que cree que “para resolver un crimen inglés, cometido por un criminal inglés, hay que entender Inglaterra”—, pero en cambio corrige este verano su novela número 12, un retrato, dicen, tan ácido como descacharrante, a la vez tristón y delirante, de los “ocho últimos años” de la cada vez más desquiciada Inglaterra. La leeremos en un futuro ligeramente lejano en el que no sólo Douglas Coupland habrá vuelto a escribir, también lo habrá hecho Javier Calvo —ganador del Biblioteca Breve hace seis años—, que juguetea con la idea de escribir una saga a lo Michael Moorcock.