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Fino Oyonarte y el imperativo de hacer algo propio

Después de sufrir un infarto, el bajista de Los Enemigos publica su primer disco en solitario

Fino Oyonarte, en una calle del centro de Madrid.
Fino Oyonarte, en una calle del centro de Madrid.

La primera noche después de que sufriese un infarto, Fino Oyonarte (Almería, 1964), aún renqueante en la cama del hospital, escribió en su cuaderno: “Haz lo que de verdad quieres. Haz algo propio”. “Lo primero que se me ocurrió fue grabar un disco personal. Era una necesidad que tenía y me puse a ello”, confiesa el músico, sentado en un céntrico bar de Madrid, mucho tiempo después de aquel “susto importante” que casi acaba con su vida. “Hay gente que desaparece por esto. Soy una persona muy apasionada e intensa. El exceso de trabajo y de estrés me pudieron”, explica.

Con sus pelos tiesos y una sonrisa refulgente, Oyonarte charla en un mediodía de mayo con entusiasmo sobre la materialización de aquel propósito vital, ese “algo propio” llamado Sueños y tormentas, su primer álbum en solitario tras más de 30 años con Los Enemigos, una de las bandas más emblemáticas del rock nacional, “toda una escuela y un motor” en la vida del que todavía es su bajista a pesar de las separaciones y parones en todo este tiempo, como el de ahora. “Son muchos años juntos. No nos odiamos ni nada. Simplemente a veces estamos cansados y buscamos otros proyectos. Como Josele –cantante, guitarrista y compositor del grupo- con sus discos en solitario. La música es sacar tu pasión”, explica.

Sueños y tormentas es la nueva pasión de Oyonarte, que antes tuvo otras como el grupo Clovis, formado con su pareja sentimental Cristina Plaza, o las producciones de discos de Los Planetas, Lagartija Nick, Mercromina, Los Deltonos o Napoleón Solo. Incluso llegó abrir una editorial musical, Libros de Ruido, que quebró coincidiendo con la reunificación de Los Enemigos poco antes del infarto. “El tiempo se va agotando. Y quiero que todas las cosas que haya en mi vida me aporten y las disfrute”, cuenta. “Me he estado entregando plenamente a muchos proyectos y personas y me dejaba de lado a mí mismo. Este disco es un reencuentro conmigo mismo”, añade.

El músico reconoce que componer este trabajo le ha dado “vértigo”. Nunca antes se había enfrentado al “reto” de cantar todas las canciones, haciéndolo en un modo de medio tiempo, y escribirlas. “Al principio estaba muy bloqueado. He necesitado descongestionarme todas las mañanas. No me resultaba fácil. Al final lo que he necesitado es tirar hacia dentro de mí mismo y sacarlo”, asegura. Para ello, se fijó en el propio Josele Santiago de Los Enemigos y en otros letristas que le fascinan como Kiko Veneno, Rafael Berrio y José Ignacio Lapido. “Me gustan cómo reflejan ciertos momentos pequeños”, dice. En Sueños y tormentas, Oyonarte, como ellos, consigue captar la grandeza de lo cotidiano en canciones como Casualidad y Huellas en el tiempo, dedicada a la historia de amor de sus padres e inspirada en una fotografía de ambos en el campo.

Con su lírica confesional, Oyonarte habla de tener siempre en mente para componer la música a los clásicos que marcaron su vida: Beatles, Bob Dylan, The Velvet Underground, Yo La Tengo o Leonard Cohen. Pero, con sus arreglos minimalistas y su atmosfera tan bucólica como cruda, Sueños y tormentas recuerda más que cualquier otra cosa al universo de Nick Drake y, especialmente, Elliott Smith, cuyo espíritu planea en la canción Estos años. “Lloré cuando murió. Y eso que nunca le conocí”, cuenta el músico, que en el estudio buscaba doblar la guitarra y la voz al estilo de Smith. Oyonarte, que se ajustó a la filosofía del “menos es más”, destaca la producción y el sintetizador de César Verdú, que estuvo antes con León Benavente, y, sobre todo, las cuerdas de Philip Peterson, un reputado músico que ha trabajado con superestrellas como Lorde y St. Vincent y al que llegó gracias a su amigo Daniel Lorca, miembro de Nada Surf. La aportación de Peterson convierte al álbum en un delicado artefacto sonoro, como bien se puede comprobar en el pasaje instrumental de Atrapado con su efecto Shepard, en el que las notas van subiendo como en una escala infinita, causando una sensación absorbente. “Me quedé impresionado con su trabajo. Incluso pensé que era demasiado para mí”, dice con una sonrisa.

Oyonarte, que llegó a Madrid hace más de dos décadas y reconoce que vivía en la noche de Malasaña, es hoy el mismo tipo de siempre, pero con un ritmo distinto. “Me he puesto una disciplina diferente. Antes estaba todas las noches en el Flamingos –uno de los bares más míticos de Malasaña- y ahora estoy paseando todas las mañanas en los Jardines de Sabatini”, cuenta con una risa. “Disfruto más de esos jardines que Carlos III”, añade. El músico saca su cuaderno y se pone a leer frases y pensamientos a los que se agarró mientras componía su primer disco en solitario. Lee poemas de Raymond Carver, pero resalta una frase de Allen Ginsberg: “Fíate de lo que te viene espontáneamente a la mente. No te pliegues a ningún imperativo que no emane plenamente de ti”. Una reflexión que está escrita en el mismo cuaderno y con el mismo trazo firme con el que apuntó en aquel hospital su gran imperativo vital: “haz algo propio”.

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