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TRIBUNA LIBRE

¿Quién quiere ser académico sueco?

El autor sostiene que los encargados de elegir el Nobel de Literatura deberían cambiar cada cuatro años para evitar "el machismo y la arrogancia" que han llevado a la crisis actual

Jean Claude Arnault, el fotógrafo acusado en Suecia de abusos sexuales, junto a su esposa, Katarina Frostenson, miembro de la Academia que concede los premios Nobel de Literatura.
Jean Claude Arnault, el fotógrafo acusado en Suecia de abusos sexuales, junto a su esposa, Katarina Frostenson, miembro de la Academia que concede los premios Nobel de Literatura.

La crisis de la Academia Sueca no se ha terminado, en absoluto. Más bien, se ha hecho más profunda. Es un drama tan fascinante como cruel, que ni Shakespeare ni las mentes más creativas de Netflix podrían haber imaginado crear. La Academia tiene una gran importancia en la vida cultural, la literatura y la lengua suecas, por lo que es comprensible que los últimos acontecimientos tengan repercusiones. Los suecos han pasado a verla con gran escepticismo y casi repugnancia, porque ha hundido la reputación del país en el mundo. Y es una opinión compartida en muchos otros países.

La confianza del mundo exterior en la Academia se ha desvanecido porque no hizo frente al acoso sexual, la corrupción y las filtraciones de manera rápida, clara ni uniforme, a pesar de las sospechas de que se habían cometido delitos. Ese es probablemente el motivo de que haya decidido prescindir de su tarea más glamurosa e importante: designar a la persona que va a recibir el Premio Nobel de Literatura este año. Con la pérdida de credibilidad que ha sufrido, es prudente interrumpir esa labor. Además, en estos momentos, solo quedan 10 miembros, y la pregunta es, después de que tantos escritores hayan dejado vacíos sus puestos, si los miembros que quedan son realmente los que tienen mayor sensibilidad literaria.

Después de pasar juntos todos los jueves durante años construyeron una sociedad de bombos mutuos. Pusieron la amistad por delante de la responsabilidad de proteger la institución

El Nobel es el premio literario más importante del mundo y muchos críticos creen que hacen bien en posponer el premio hasta 2019. Según ellos, la Academia Sueca debe demostrar que se toma la crisis en serio y evitar que el posible ganador vea su nombre asociado a los escándalos. Otros, sin embargo, alegan que tal decisión no va a beneficiar a nadie porque la principal causa de la crisis no ha tenido nada que ver con la literatura sino con la forma de entender la importancia del abuso sexual. Además, ¿acaso la credibilidad de la Academia se habrá repuesto el año que viene? Lo más probable es que no si continúan desarrollándose a la vista del público las violentas peleas entre sus miembros.

El último incidente son las acusaciones del histórico académico Per Wästberg en una entrevista a un periódico italiano. Wästberg escribió hace unos años una carta al rey en la que recomendaba encarecidamente que Jean-Claude Arnault, apodado “el perfil cultural” por los medios suecos, recibiera un sueldo vitalicio del Estado por sus contribuciones a la cultura. Hoy, Wästberg dice que Arnault es un delincuente, obsesionado con las mujeres, y que su esposa, la también académica Katarina Frostenson, es una mentirosa que llenó la Academia de falsedades. En ocasiones anteriores, Arnault ha negado las alegaciones. Ahora ha respondido a las declaraciones de Wästberg en un correo electrónico, a través de su abogado, que las considera una grave acusación contra su mujer y él. Y añade que “va a decidir por su parte si emprender acciones legales para refutar la caza de brujas contra su mujer y él”. Wästberg dice en la entrevista que en el plazo de un mes se elegirá a otros tres escritores como nuevos miembros de la Academia. Hace unos días, el rey de Suecia decretó que los académicos pueden abandonar la institución y no tienen obligación de quedarse hasta su muerte. En definitiva, 232 años después, la vieja institución ha dado los primeros pasos para acercarse a los criterios de la sociedad moderna.

¿Pero quién va a querer ahora ser miembro de la Academia, cuyo lema es “genio y buen gusto”?

La crisis ha demostrado que esta institución, en otro tiempo magnífica, está habitada por personas muy corrientes, que no han actuado como genios con buen gusto. Las mismas personas que permanecen en ella son las que han contribuido enormemente a su decadencia moral, por lo que deberían haber dejado sus puestos. Son los miembros que, después de pasar juntos todos los jueves durante años, comiendo y bebiendo en un restaurante carísimo que es propiedad de la Academia, construyeron una sociedad de bombos mutuos. Pusieron la amistad y otros factores irrelevantes por delante de la responsabilidad de proteger la integridad de la institución. Su presencia en ella durante tanto tiempo ha contribuido a la corrupción, a los intentos de ocultar graves violaciones de las reglas causadas por la estupidez, el machismo y la arrogancia. Son los que han convertido la Academia en una institución cerrada y patriarcal en la que predomina la cultura del silencio.

Deberían dimitir todos los miembros de la Academia, para que sea posible escoger a gente nueva. Hay muchos lingüistas, escritores y abogados suecos destacados que no han entrado en la Academia porque no encajaban en la camarilla actual. Solo una gente así puede restablecer la reputación de la Academia. Sobre todo si se introduce una nueva norma: que nadie pueda permanecer en ella más de cuatro años. Ha llegado la hora de que llame a la puerta de la Academia una nueva era.

Gabi Gleichmann es escritor sueco, autor de El elixir de la inmortalidad (Anagrama).

Traducción de M. Luisa Rodríguez Tapia.