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Céline y sus panfletos antisemitas

La decisión de Gallimard de reeditar ‘Bagatelles pour un massacre’, virulento texto de 1937, resucita una antigua polémica. La viuda del odiado y admirado escritor autoriza la publicación

Louis-Ferdinand Céline, retratado en Meudon, con sus perros en 1955.

El libro más maldito del escritor francés maldito del siglo XX pronto estará en las librerías, al alcance de cualquier lector. La editorial Gallimard prevé publicar en 2018 Bagatelles pour un massacre (Bagatelas para una masacre), el virulento panfleto antisemita de Louis-Ferdinand Céline escrito en 1937, reeditado bajo la ocupación nazi y nunca más publicado, por orden del autor y, tras su muerte en 1961, de su viuda, Lucette Destouches. El anuncio de que la viuda, de 105 años, permitía su reedición en Gallimard junto a otros textos de la época ha provocado desde peticiones de censura hasta una advertencia del Gobierno francés a la editorial.

El debate revela la dificultad que supone aún abordar a una de las figuras más insignes de la literatura nacional, autor de obras maestras como Viaje al fin de la noche, y al mismo tiempo de incitaciones al odio como los panfletos en cuestión.

Bagatelles pour un massacre no estaba prohibido en Francia, pero era inencontrable, salvo en caros ejemplares de segunda mano en librerías de anticuario, ediciones piratas de sellos de extrema derecha, versiones poco fiables en Internet o, desde 2012, en una editorial de Quebec, en Canadá. Es esta edición, elaborada por el profesor de Literatura Régis Tettamanzi y publicada bajo el título de Écrits polémiques (Escritos polémicos) por Éditions Huit, la que servirá de base para la que debe publicar Gallimard, probablemente a finales de año.

La edición francesa llevará un prefacio del novelista, crítico y periodista Pierre Assouline, autor de novelas y ensayos sobre el periodo de la ocupación y reconocido lector celiniano. Consistirá en un volumen de unas mil páginas que incluirá, además de Bagatelles pour un massacre, los panfletos L’École des cadavres (La escuela de los cadáveres), de 1938, y Les beaux draps (Los bellos paños), de 1941, y los textos Mea culpa, Hommage à Zola (Homenaje a Zola) y À l'agité du bocal (Al que ha perdido la razón), dedicado a Jean-Paul Sartre.

Lucette Destouches: “Los hizo para evitar la guerra”

Lucette Destouches, en su casa de Meudon en 1969.
Lucette Destouches, en su casa de Meudon en 1969.

"Siempre afirmó haber escrito los panfletos en 1938 y 1939 con un objetivo pacífico, y nada más. Para él, los judíos promovían la guerra y él quería evitarla. No hay más", dijo Lucette Destouches en Céline secret (Céline secreto), coescrito con Véronique Robert y publicado en 2001. "Hoy mi posición sobre los tres panfletos [...] sigue siendo muy firme", añadía. "He prohibido su reedición y, sin descanso, denunciado a quienes, por motivos más o menos confesables, clandestinamente los han publicado, en Francia o en el extranjero. Estos panfletos existieron en un contexto histórico determinado, en una época particular, y a Louis y a mí sólo nos trajeron desgracias. En nuestros días ya no tienen razón de ser. Aún hoy, y justamente por su calidad literaria, pueden ostentar ante algunos espíritus un poder maléfico que yo he querido evitar a todo precio".

Es difícil hacerse una idea del lugar extraño que ocupa Céline en el panteón literario francés, un nombre difícilmente comparable a otros en otras literaturas, a la vez un clásico y un apestado. Libro poco leído, muy mitificado, Bagatelles pour un massacre es clave para entender al autor. Lo escribió cuando ya había publicado Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito, y selló su imagen como intelectual furibundamente racista, antisemita y filonazi, que acabaría la guerra huyendo a Alemania primero y a Dinamarca después, donde sería encarcelado.

El abogado François Gibault, ejecutor testamentario de Céline, explicó hace unos días a la revista L'Obs los motivos que le llevaron, a él y a la viuda del escritor, a cambiar de opinión sobre el libro. Fue determinante, explicó, la publicación en 2015 de Les décombres (Los escombros), el panfleto de otro famoso escritor antisemita de la época, Lucien Rebatet. "Me di cuenta que asociaciones como el CRIF [Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia] no reaccionaban. Me dije que la época había cambiado, que quizá había llegado el tiempo de publicar Bagatelles pour un massacre. Lucette Destouches accedió".

En 2031 las obras de Céline pasarán de todos modos al dominio público, lo que permitirá a otros sellos publicarlos. "La intención", dijo en un comunicado la editorial Gallimard, "es enmarcar y situar en su contexto unos escritos de una gran violencia, marcados notablemente por el odio antisemita del autor".

Algunos lectores de Céline celebran que por fin puedan leer la misteriosa obra en condiciones, sin tener que pasar por versiones dudosas en internet o desembolsar una suma onerosa (la edición canadiense, por ejemplo, cuesta 300 euros en Amazon).

Otros ha amenazado directamente con recurrir a los tribunales para impedir la publicación. "Pienso hacer todo lo que esté en mis manos por evitarla. Tenemos leyes que nos permiten reprimir los discursos antisemitas. Los utilizaré", dijo el abogado Serge Klarsfeld, presidente de la Asociación de hijos e hijas de deportados en Francia y desde hace décadas la figura más destacada en la lucha contra el antisemitismo en este país.

Un tercer grupo acepta que se publiquen los panfletos, pero acusan a Gallimard de hacerlo de manera apresurada. "No estoy en contra, en principio, de la edición crítica, pero debe ser verdaderamente científica, y estar controlada por un consejo científico formado por historiadores especialistas en la cuestión: los años 30, el nazismo francés, colaboracionismo, la Segunda Guerra Mundial", dice por teléfono el filósofo Pierre-André Taguieff, coautor de Céline, la race, le juif (Céline, la raza, el judío). "El modelo es un poco la excelente edición crítica de Mein Kampf [Mi lucha, de Adolf Hitler] publicada en Alemania bajo la égida del Instituto de Historia Contemporánea de Munich en 2016. Es producto de un largo trabajo. El trabajo de escritura ha sido de unos 4 o 5 años, pero desde hacía una quincena de años los especialistas alemanes trabajaban en el texto".

Sobre el cambio de opinión de Lucette Destouches respecto a la publicación de los textos, Taguieff afirma: "No acuso François Gibault de abusar de una persona débil, pero legítimamente podemos interrogarnos sobre la capacidad de decisión, en conciencia clara, de una dama de 105 años que no se encuentra bien". En un artículo en L'Obs, firmado junto a otros historiadores y profesores, Taguieff avisa de que el peligro que suponen los textos antisemitas de Céline persiste "en un contexto en el que, tanto en Francia como en Europa, ocurre que se mate a judíos por ser judíos".

El caso ha llegado hasta las más altas instancias de Gobierno francés. Hace unos días, Frédéric Potier, delegado interministerial para la lucha contra el racismo, el antisemitismo y el odio anti LGBT, convocó al editor Antoine Gallimard y al prologuista Pierre Assouline. Les transmitió su inquietud y les instó a garantizar el carácter científico de la edición y la calidad del aparato crítico, según un documento citado por la revista L'Express. Para los responsables de la centenaria Gallimard, emblema de la calidad editorial, verse llamados a capítulo por las autoridades es insólito. El caso Céline —y todo lo que se le asocia: el antisemitismo, el colaboracionismo y el papel de los intelectuales en los momentos más oscuros de la historia— es más que un caso literario. Es política e historia, y afecta a la conciencia de un país.