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América Latina: un año de oro

Creadores y museos de la región afianzan su presencia en la primera línea de la escena internacional del arte

'El proletariado de Aztlán' (1979), del chicano Emigdio Vasquez.
'El proletariado de Aztlán' (1979), del chicano Emigdio Vasquez.

Este 2017 que termina ha sido en América Latina y para América Latina un año excelente, en especial si nos referimos a la visibilización del arte producido en esta área geográfica. De hecho, mientras avanzan las palabras en la pantalla, me pregunto si es necesario aún sacar las exposiciones en/sobre América Latina del contexto internacional, teniendo en cuenta su presencia reiterada en las principales instituciones del mundo y la calidad de los programas en los centros de la zona. Se tranquiliza un poco la escritura al pensar cómo las exposiciones han sido y son en/para América Latina esenciales como lugar de construcción de significados, incluso la excusa perfecta para investigar problemas y publicar libros.

De cualquier modo, las cosas han cambiado radicalmente la última década: los centros esenciales de esa parte del mundo han pasado del “circuito B” a la primera línea y, más importante, han creado otro ranking diferente al que desde siempre ha regido el ­MOMA o la Tate. Es más, esas formulaciones alternativas del arte y del mundo han permeabilizado los vetustos templos de la modernidad clásica. ¿Cómo no vaticinar grandes cambios en el MOMA tras la deslumbrante y generosa donación de Patricia Phelps de Cisneros? ¿Es posible seguir trazando el relato de Occidente en 2017 sólo a través del encorsetado diagrama de Barr?

'Tonatiuh in the Garden', fotografía de Oscar Castillo. ampliar foto
'Tonatiuh in the Garden', fotografía de Oscar Castillo.

Buena prueba de estos cambios es la entrada de Oiticica en el Whitney o la Tarsila do Amaral que desde Chicago llegará en febrero al MOMA de la mano de uno de sus comisarios, el poeta Luis Enrique Pérez Oramas, hasta fechas recientes conservador de arte de América Latina y uno de los arquitectos de tantas transformaciones en la colección clásica del museo con América Latina.

Pero si algunos de los “viejos maestros” se han embarcado hacia Nueva York en 2017, otros maestros europeos han visitado América en un delicioso trasiego transatlántico. Es el caso de Yves Kline, que en el MUAC de México ha adquirido tintes revolucionarios —por la apuesta de su director, Cuauhtémoc Medina— y que en la Fundación Proa de Buenos Aires adquirirá un aire más solemne. MUNTREF y Jeu de Paume han compartido la exposición Sublevaciones de Georges Didi-Huberman y el MASP de São Paulo se ha propuesto revisar el papel que han jugado las mujeres en su historia, justo en una institución gobernada por las huellas del montaje de una arquitecta increíble, Lina Bovardi. En el Mali de Lima su directora, Natalia Majluf, ha organizado una muestra de foto-óleo, técnica que alcanzó enorme popularidad en Perú y que ha resultado ser, con la de Leonilson de la Americas Society, una de las joyas de la temporada.

Los centros de esta parte del mundo han creado otro ‘ranking’ diferente al que desde siempre ha regido el MOMA o la Tate

Para seguir con la presencia de América Latina en el contexto internacional en 2017, al Malba de Buenos Aires han regresado los mexicanos —Diego, Frida y otros—; y el Reina ha apostado por Salcedo y una muestra del crítico Pedrosa que no ha caído en el lugar fácil de sus filiaciones políticas. Beatriz González está en Burdeos y, desde finales del verano, América Latina ha tomado Los Ángeles con la gran exposición Pacific Standard Time: LA/LA, un proyecto desde la Fundación Getty que no es sólo ambicioso, sino creativo y colaborativo. Es otro modo de desvelar las formas de ver y mirar en ese maravilloso lugar llamado América Latina que se nos ha colado directo a la retina.