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COLUMNA

La piara

'Detrás de la verdad', de Trece TV, debatía de madrugada sobre el juicio. A la espera de sentencia, convendría un poco de raciocinio porque la audiencia procesa y embiste al bulto

Periodistas junto al Palacio de Justicia de Navarra, donde se celebra el juicio a cinco jóvenes acusados de una supuesta violación de una joven de 18 años en los Sanfermines del 2016.
Periodistas junto al Palacio de Justicia de Navarra, donde se celebra el juicio a cinco jóvenes acusados de una supuesta violación de una joven de 18 años en los Sanfermines del 2016. EFE

El enconamiento catalán ha causado destrozos políticos, económicos y estomacales, y no hay sobremesa en España que no haya aportado sus dosis de bilis y disparate en la solución del conflicto. Puigdemont y Rajoy continúan siendo el banderín de enganche de broncas entre familias y amigos, pero otro litigio se consolidó en las cadenas generalistas y el discernimiento de trinchera: el juicio de esta semana contra la manada, los cinco amigos acusados de violar a una joven en Pamplona

Durante una cena de motoristas, casi todos coincidieron en que la chica no era trigo limpio porque a ninguna se le ocurre acompañar en sanfermines a cinco maromos a buscar un hotel a las tres de la madrugada en una ciudad considerada Sodoma y Gomorra por las recuas en celo. Y además se morreó con uno en el portal donde nadie forzó su entrada. El alcohol depuró las argumentaciones: el pendón verbenero jugó con fuego y acabó quemándose.

Durante un aperitivo con las mujeres de los centauros del asfalto, se retomó el tema. Lo más amable que dijeron ellas de los acusados fue subrayar su condición de bestias incapaces de respetar el derecho de la chica a decir “no” en cualquier momento. Debían pudrirse en la cárcel. “Sois como animales. No sabéis conteneros”, despreció una.

Detrás de la verdad, de Trece TV, debatía de madrugada sobre el juicio. Una escritora y una psicóloga clínica, y tres hombres: un psiquiatra forense, un policía y un periodista de sucesos. “Aquí hay dos mujeres que estáis exaltadas, y tres hombres que no lo estamos, y os entiendo a todos”, amonestó el psiquiatra, pelín alterado. A la espera de sentencia, convendría un poco de raciocinio porque la audiencia procesa y embiste al bulto: la denunciante se lo buscó solita porque sabía que los hombres van a lo que van, y los denunciados son unos cerdos, calificativo sobradamente probado en el caso de la piara.

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