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GENTE CON LUZ

Carlos Sobera: “Nos morimos por un beso”

El actor y presentador de 'First dates' presume de su papel de Cupido andante y certifica que, sí, lo que necesitamos es amor

Es él. Sobera en persona. Su presencia produce esa rara sensación de las celebridades que se nos cuelan hasta la cocina a la hora de la cena. Parece que les conozcas de siempre, aunque ellos no te hayan visto en su vida. Cosas de llevar más de 20 años presentando algunos de los concursos más populares de la tele, y de haber creado una marca a base de ironía, distancia y cercanía a partes iguales. Él parece reconocer su efecto en el prójimo, se hace resignado cargo y ambos hacemos como que todo es normalísimo. El mismo papel que interpreta con quienes acuden a First Dates, el programa donde ejerce de paladín del amor verdadero en los engañosos tiempos de Meetic.

Está hecho usted un alcahuete.

Muchas gracias. Gran cumplido. Ojalá fuera cierto, porque esa es ahora la esencia de mi trabajo.

¿Y en la vida real, tiene ojo clínico para emparejar gente?

Para nada, soy negado, por ahí no paso. Antes, me pedían por la calle que les levantara la ceja, y ahora que les busque novio. Pues mira, no. Que vengan al programa o que le recen a San Antonio.

¿A quién sentaría esta noche a una mesa en una cena íntima?

A Puigdemont, aunque hubiera que pagarle el viaje de vuelta, y a Rajoy, para que se miraran a los ojos y hablaran de sus cosas.

Puro teatro

Puro teatro. Pese a su formación de abogado, Carlos Sobera (Baracaldo, 1960) siempre tiró al monte de las tablas. Su alma de artista le llevó a comprar en 2016 el Teatro Reina Victoria de Madrid, adonde vuelve ahora con la función 'Cinco y acción'. La tele es solo una más de sus facetas.

¿Estamos muy solos?

Mucho. Lo que más se repite cuando preguntamos a nuestros invitados qué buscan es alguien con quien compartir la vida, hacer cosas, ir a los sitios. No nos gusta estar solos, y cuando lo estamos nos sentimos huérfanos.

Y eso que estamos hiperconectados con nuestros móviles.

Esa es la gran paradoja. La conexión inmediata te crea una ilusión de compañía, pero en el fondo lo que anhelamos es la comunicación más necesaria y real, el contacto con la piel del otro.

¿Mataríamos por un beso?

No te quepa duda. Morimos por un beso, un abrazo, una caricia.

Porque, al final del día no somos más que pobres animalejos desvalidos, desnudos y solos.

Y al principio. No somos más que animalejos siempre. Vamos con la armadura y la máscara puesta las 24 horas, porque incluso en los momentos en los que te desnudas, aunque sea con tu pareja, es necesario haber vivido mucho juntos y una gran complicidad para abandonarse y mostrarse tal como eres a la otra persona. Los juzgados están llenos de divorcios cuya causa fue que los esposos no se comunicaron nunca.

O sea, que lo del soltero feliz es un invento del marketing.

La soledad está muy bien cuando es querida, pero eso suele durar poco. Yo creo que nadie quiere estar solo siempre. Esta muy bien el refrán ese de que el buey solo bien se lame. Pero al final, todos queremos también que alguien nos sobe el lomo.

'First Dates' es también un escaparate de cómo ha cambiado la flora y fauna ibérica. El otro día, un militar gay fue a buscar novio y a salir del armario a la vez. ¿Cómo se queda uno al verlo?

Me hace feliz. Lo mejor que se puede decir de este programa es que es muy normalizador. Se supone que ya no hace falta, pero aún hay que normalizarlo todo. Y ver estas cosas en casa ayudan a comprobar que, más allá de la diversidad, todo son versiones de lo mismo: el amor, el cariño, la ternura, el ansia de compañía.

A usted también le hemos visto madurar en directo en la tele.

Inmejorablemente, lo habrás notado. Mientras Wyoming va a peor, Sobera va a mucho mejor.

Ajá, habla de usted en tercera persona, como consciente de que su nombre es casi un genérico del presentador televisivo.

Pues mira, te vas a llevar una sorpresa, pero es que yo soy Sobera desde que nací. Y soy consciente de ello desde que un un cura me llamó al encerado y pensé que ese debía de ser yo. Aquí sigo.

Menos lobos, Sobera. Alguna vez le habrán dado calabazas.

A paladas. En el amor, en el trabajo, en las amistades, en la vida. A veces, no me han dejado ni entrar en discotecas diciendo que estaban llenas quedando sitio. Eso, siendo Carlos Sobera. O a lo mejor, precismante por serlo.

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