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LCD Soundsystem, el retorno

La vuelta de la banda neoyorquina tras su despedida hace seis años es un inesperado acontecimiento

 Actuación de LCD Soundsystem en el Festival Sonar en A Coruña, 2010.
Actuación de LCD Soundsystem en el Festival Sonar en A Coruña, 2010.

Han pasado apenas seis años desde que James Murphy diera por finiquitada la carrera de la banda que lideraba desde 2002, LCD Soundsystem. Fue en un concierto en el Madison Square Garden, cuya historia parecía un resumen perfecto de la carrera del combo que casi logró dotar de discurso propio en términos pop a la pasada década.

Cuando Murphy planteó el concierto, pensaba que podía vender todas las entradas del mítico recinto neoyorquino en dos semanas. El promotor creía que no lo haría nunca y le propuso un evento compartido con Big Boi, de Outkast. Se negó. Puedes compartir fiesta de cumpleaños con un extraño, pero no una despedida. Eso está feo. Las entradas terminaron despachándose en minutos y del show se extrajo un documental. Hubo risas y lágrimas, pero sobre todo hubo la sensación de que aquello no se había acabado de verdad. Ante esta certeza, el segmento de los fans que se agarró al grupo porque era imposible molar más que Murphy, pues era como el tío guay que todo joven aspira a tener, sintió cierto desdén. En cambio, quienes se acercaron a los neoyorquinos porque eran igual de mayores que su líder, habían fracasado tantas veces como él y en su sonido encontraban la forma de volver a escuchar esos discos que jamás le gustaron a ninguno de sus amigos, sintieron cierto alivio. Ahora, James Murphy, con 47 años, retorna al frente de su banda con un brillante nuevo disco titulado American Dream.

LCD Soundsystem siempre han jugado con la ventaja de haber armado un discurso tan rico y lleno de matices que les permite sonar a ellos mismos sin dar la sensación de estar repitiéndose y evitando la tentación de ser alguien que no son. Si eres The Strokes, el piso que te ha amueblado papá se te queda pequeño al segundo largo. Si eres LCD Soundsystem, siempre hay alguna estancia nueva que visitar en el palacete que ocupaste; de acuerdo, algunas ya las habitaron antes Bowie en su etapa berlinesa, Kraftwerk —los de Murphy son la mejor banda alemana salida de Nueva York—, Suicide o Gang of Four, pero están hoy vacías. Esto estaba claro desde que este verano lanzaron dos temas de este disco (‘American Dream’ y ‘Call the Police’), que incluyeron en el repertorio que llevaban interpretando desde que volvieran a los escenarios el año pasado. Después de una gran balada y un himno, era hora de presentar algo para bailar. Y llegó ‘Tonite’.

Los tres temas, como el resto de American Dream, son parientes de otras canciones ya editadas por el grupo. Comparten código genético y hacen los mismos chistes. Desde el arranque ochentero de ‘Oh Baby’ hasta esa maravilla de opacidad digital que es ‘Black Screen’, pasando por la fabulosa, dislocada y gritona ‘Emotional Haircut’, en un mes aproximadamente ya podrá decirse que es una de sus cinco mejores canciones. Estos chistes, pues, siguen haciendo gracia, aunque los tiempos sean sombríos, y las letras de este álbum, lo más oscuro que ha escrito hasta la fecha Murphy.

El hombre no es el que era. Pone buena cara y se le ve bien alimentado y adecuadamente despeinado, pero no está bien. Los síntomas empezaron a manifestarse en una entrevista que concedió este verano a la BBC. Ahí hablaba de su relación con David Bowie. Al parecer, una frase que podría ser un descarte de diálogo de Yoda en La guerra de las galaxias dicha por el finado genio inglés fue la que le convenció de que reunir a la banda era buena idea. Murphy le comentó a Bowie que le incomodaba este retorno. Bowie respondió: “Correcto. Deberías sentirte incómodo”.

Luego, el estadounidense se redimía hablando de su participación en Blackstar, el último disco del autor de Hunky Dory. “Se suponía que debía haber hecho mucho más, pero solo toco un poco la percusión. Me sentí sobrepasado. Hace falta ser otro tipo de persona para entrar en esa habitación [el estudio de grabación de David Bowie] y pensar: ‘Este es mi sitio, debería aportar cosas en esta relación, porque esta gente no serán capaces de hacer un disco sin mí”.

Existen las personas que se te acercan, te dicen que les ha mandado un e-mail David Bowie y te lo leen. Existen los que reciben un e-mail de David Bowie y se sienten tan abrumados que lo borran. Murphy era amado por gran parte de su audiencia porque pertenecía a esta última facción de humanos. Ya no estaba tan claro. El hecho de que en los años que mediaron entre la despedida de la banda y su salida de gira en 2016 fuera capaz de ser a la vez el moderno que saca una marca de café y abre un bar de vinos y el nerd que llama al metro de Nueva York ofreciendo una gama nueva de sonidos para los tornos de entrada a los andenes, pues le parece que esa institución merece una mejor acústica, ya despistaba.

Ahora, Murphy se ha revelado como un tipo con el que es más complicado sentir empatía, y la empatía, ya fuera estilística, vital o generacional, siempre fue clave para elevar a LCD Soundsystem un paso por encima de sus coetáneos. “He hecho mucho más de lo que la gente cree”, declaraba la semana pasada a The New York Times con respecto a su participación en Blackstar. El documental que lanzaron tras su despedida en 2011 se titulaba Cállate y toca los éxitos. Hay chistes proféticos.

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