Los petardos españoles son para exportar

Las empresas y autónomos fabricantes de fuegos artificiales y petardos han caído un 20% en 15 años

Preparación de la composición y mezclado (1), carga de los artificios pirotécnicos mediante prensas hidráulicas (2), prensado de la composición dentro del tubo de cartón (3), cebado del artificio (4), fuego final y cerrado (5), terminado del artificio (6) | D. A.


Preparación de la composición y mezclado (1), carga de los artificios pirotécnicos mediante prensas hidráulicas (2), prensado de la composición dentro del tubo de cartón (3), cebado del artificio (4), fuego final y cerrado (5), terminado del artificio (6) | D. A.


Esta es una historia de tiempos mejores, o de unos tiempos similares en los que el dinero iba a otros bolsillos. Como ayer, anteayer y el mes pasado, José Rausell lleva todo el día en su empresa. Igual que hace 40 años, cuando de niño pasaba los días en la finca donde su abuelo montó la pirotécnica Rausell, ni siquiera alcanzaba a colocar las mechas y se acercaba en bici con su primo y ahora socio. Igual que en 1998, cuando vio cómo quedó todo tras la explosión de un molino mezclador. Igual que en todos esos veranos de vacaciones negadas, porque cuanta más fiesta más trabajo. José Rausell también estaba allí, cuando hace unas semanas, a primera hora de la mañana, llegó una inspección de la Guardia Civil. Sentado en su despacho, donde reconoce no verle sentido a tanta preocupación para ganar un sueldo normal, comenta en voz alta: “No me daría ninguna pena dejarlo”.

Desde el año 2002 ha descendido casi un 20% el número de personas físicas y jurídicas que tributan en el Impuesto de Actividades Económicas bajo el epígrafe de “fabricación de artículos pirotécnicos, cerillas y fósforos”, según datos de la Agencia Tributaria a los que ha accedido EL PAÍS por la Ley de Transparencia. Quedan 130 registrados. Algunos son autónomos, y otros grandes sociedades con decenas de trabajadores.

Un operario trabaja en el taller de la pirotécnica Rausell.
Un operario trabaja en el taller de la pirotécnica Rausell.Mònica Torres

Rausell la forman, con su apellido, dos autónomos, y siete trabajadores contratados. “Los pirotécnicos siempre decimos que tenemos un pie en la cárcel y otro en la tumba”, explican mientras enseñan las naves en las que los operarios tratan la pólvora, inmersos en los productos para los correbous, cerca de Bétera, en Valencia. La mayoría de los productos que salen de aquí son para el profesional.

Lo que aprieta, coinciden los pirotécnicos valencianos entrevistados, es la caída de los presupuestos en los pueblos y −de nuevo− el producto chino, que llega a precios mucho más baratos. “A tres euros y medio no pagamos, de verdad, ni la materia prima”, comentan los Rausell. España ha estado entre los cuatro mayores exportadores de material pirotécnico del mundo, al menos en los últimos cinco años. Las cifras anuales rondan los 10 millones de euros, según la base de datos Comtrade de la ONU. China, intocable, ha llegado a superar los 700 millones de euros en un solo año.

Cuando los recortes en fiestas de la crisis trajeron una reducción de los presupuestos en cohetes, quien vivía de ello se resintió o cerró. Quien exportaba, por otro lado, siguió exportando. Quien salía de gira por los pueblos seguía saliendo, pero cobrando menos. En épocas de mirar con lupa el dinero público, quien pone más pólvora sobre la mesa, más contratos se lleva. El criterio más fácil de medir en los espectáculos pirotécnicos son los kilos. Los colores, materiales biodegradables o el tempo no se miden.

"Los pirotécnicos siempre decimos que tenemos un pie en la cárcel y otro en la tumba”

La normativa de seguridad actual sobre artículos pirotécnicos y cartuchería −que obliga, por ejemplo, a tener los almacenes de productos terminados o a identificar a cualquier persona que entra en los talleres− ha supuesto y supondrá grandes inversiones para los pirotécnicos. “Cuando mi padre se retiró, esto se llevaba con una libreta. No había ni que entregar papeles a nadie. Nosotros para 2020 tenemos que gastarnos al menos 30.000 euros en alarmas”, cuenta José Rausell. “Si a mi padre se le daba por hacer una carcasa nueva esa mañana, la hacía”, rememora, al tiempo que recuerda que todos los procedimientos están tan catalogados que el conocimiento, al menos, no se perderá con las generaciones que cierren.

En estas condiciones se han mantenido los pirotécnicos. De las 38.577 empresas consideradas artesanas en España, siete de cada diez son en realidad autónomos. Del resto, casi el 98% son compañías con menos de 10 trabajadores, según datos de Fundesarte, que en su informe Situación de la artesanía en España explica estas cifras. Y es que la artesanía en España es algo personal o familiar. Es una realidad que constata esta serie de reportajes que ha visitado a los armeros de escopetas de Eibar, a los creadores de imaginería cristiana de Olot, a los botijeros de La Rambla cordobesa o a los peleteros madrileños.

Una de esas familias que comenzaron un negocio artesano en el siglo XIX son los Caballer de Valencia. Cuenta Richard Sennett en el ensayo El artesano que el maestro “basaba su autoridad en la transferencia de habilidades, […] en el conocimiento que podía transmitirse por imitación, el ritual y la subrogación”. Con la teoría ya aprendida, la familia se separó para fundar sus propias empresas al pasar el tiempo.

Fotogalería: Un día en la mayor pirotécnica de España
Fotogalería: Un día en la mayor pirotécnica de España

Ricardo Caballer aporta la parte positiva al sector. Cuenta que con respecto a hace 15 años su empresa, Ricasa, ha doblado tanto las cifras de facturación como las de empleados, que hoy son 82. En verano, como ahora, se contratan además algunos freelance. Su empresa, que identifica como la mayor pirotécnica del país por facturación, ha llevado a cabo espectáculos en unos 80 municipios españoles este verano. San Sebastián, El Escorial, Altea… Su cifra de negocio nacional supone, según sus cálculos, el 15% de la facturación de su empresa. Estados Unidos, Japón y Alemania son algunos de sus principales destinos fuera. La mayoría de los fuegos artificiales los envían para que los instalen otros profesionales. 

“Nuestro producto es de mejor calidad. Continuamos siendo una parte ínfima con respecto a China. Pero con que el 1% de los compradores de productos pirotécnicos quiera algo distinto, sabemos que ese porcentaje va para nosotros”, explica Caballer. A esas exportaciones se agarra, porque cuenta que su empresa ejecuta espectáculos en el doble de pueblos españoles que hace 15 años pero factura la mitad. Los sigue haciendo porque a la cartera de clientes no se les cuelga el teléfono y cree en la recuperación. La estimación económica se corresponde con los cálculos de cabeza y memoria que hacen los Rausell: “Por lo que antes se pagaba casi 25.000 euros ahora igual se presupuestan 10.000”.

Otra empresa surgió de la separación de los herederos de la empresa originaria, la pirotécnica de Vicente Caballer. Dice su web que tiene las mayores instalaciones de Europa, y es donde recibe al periodista el día que se ha hecho público que su empresa, con cerca de 40 trabajadores, ha sido declarada en concurso de acreedores. Algo que, según Caballer, puede alegrar a parte de su competencia. “Hoy alguno se come una buena paella”, comenta resignado.

A su lado está sentada su hija Begoña. Prefiere no hablar de cifras hasta que las dé a conocer el procedimiento legal, pero comenta: “Vemos futuro en el importador; creemos que quien se dedique a ello es quien saldrá adelante”. Sus cifras de exportación también rozan el 85%, afirman, y eso conlleva que no tendría sentido que importase a España producto chino alguien que vive de exportar. Vicente, ya jubilado, está delante de decenas de premios y condecoraciones, con un libro de hace una década que muestra sus reconocimientos y varias fotos con políticos en los balcones del Ayuntamiento de Valencia, contesta a su hija: “Es la peor época de todas las que he trabajado”.

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