Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Santos de humilde naturaleza

Un taller de Olot modela esculturas religiosas de pasta madera, una especie de yeso. Los moldes se hacen con cola orgánica, pezuñas y despojos de animales cocidos a fuego lento

Así se hace una figura religiosa: relleno del molde con pasta de las dos mitades de la figura hueca (1), creación de piezas pequeñas y salientes (2), desmoldado y pegado de las dos partes (3), colocación de los ojos de cristal (4), refinado y pegado de piezas (5), pintado y acabado final (6) | D. A.


Así se hace una figura religiosa: relleno del molde con pasta de las dos mitades de la figura hueca (1), creación de piezas pequeñas y salientes (2), desmoldado y pegado de las dos partes (3), colocación de los ojos de cristal (4), refinado y pegado de piezas (5), pintado y acabado final (6) | D. A.


Nada como ignorar los orígenes para venerar algo. Para sacarlo a hombros, rogarle o reservarle un sitio navideño junto a la tele. Ese fervor surgirá tras el empaquetado, porque en Olot a vírgenes y santos se les trata con mimo pero sin contemplaciones. A santa Cecilia se le mete la mano bajo la túnica para restaurarla, los jesusitos nacen mancos y no hay San Mamés o Montserrat a los que no se les corte la coronilla para encasquetarle los ojos desde dentro.

En este taller olotense se modelan esculturas religiosas de pasta madera, una especie de yeso. Los moldes se hacen con cola orgánica, pezuñas y despojos de animales cocidos a fuego lento. Es probable que la siguiente procesión o ermita del pueblo que visite se haya montado alrededor de una figura modelada en esta ciudad gerundense. Si suenan huecas, no hay duda.

Desde 2002 las personas físicas y jurídicas que pagan impuestos por el epígrafe denominado Fabricación de derivados de yeso y escayola se redujeron en un 48,1%, según datos de la Agencia Tributaria a los que ha tenido acceso EL PAÍS gracias a la Ley de Transparencia. El Arte Cristiano pertenece a ese grupo del Impuesto de Actividades Económicas; en 1880 fue el primer taller artesano de imaginería religiosa en Olot y ahora es el último en pie de los 40 abiertos hace medio siglo. Para 2002 competía una docena; el penúltimo grande cerró en 2011. Ahora quedan ellos y un autónomo.

“Cerraremos el día que a un chino le salga a cuenta hacer un san Esteban de metro y medio”, reflexiona Pep Oliveras, el gerente. La mención es recurrente entre quienes aparecen en esta serie sobre oficios que nos dejan. Precios y chino, chinos y precio. Sus creaciones van de los 100 euros por las pequeñas hasta los 12.000 por un paso de Semana Santa de Jesús vestido de rosa y blanco entrando en borrica a Jerusalén. Metro ochenta que mide. Oliveras, que menciona catedrales sudamericanas o el paso de Calahorra como lugares donde se le reza a sus santos, cuenta que su empresa ya no participa en el mercadillo del pueblo: “Se ríen en tu cara cuando tienes que vender un pesebre a 300 euros”. Al móvil le llegan mientras pedidos y peticiones de presupuestos. Alguien quiere un san Lázaro de metro sesenta para Florida y una estatuilla de una virgen para Australia, como si la pidiese Mr. Eko.

Santos de humilde naturaleza

Pep es la cuarta generación de propietarios, gerentes de artesanos, y no tiene una figurilla en su casa, las vende a tiendas en la Puerta del Sol o en internet por encargo. Conoce tanto el negocio como quien ha crecido con cinco hermanos un piso por encima de sus abuelos y a dos del taller, que desde hace 10 años es el museo municipal de los santos de Olot. Ha partido figuras a balonazos de niño, de cuando ser popular era que todos quisiesen ir a tu casa a jugar al escondite cada tarde, no tener un Iphone. Lejos quedan ya los ligoteos adolescentes entre esculturas centenarias de Miquel Blay, en esa edad en que sugestión y transgresión siempre contestan que sí.

No es el único que lleva por aquí toda la vida, 25 o 40 años. A Lourdes, retocadora, de niña le daba clases de pintura el padre del gerente; Dolores la pintora vivía con sus tíos los porteros en la finca hasta que se marchó casada en 1980. Aunque el taller se trasladó al edificio colindante, el almacén sigue siendo el mismo. Tres alturas de madera con centenares de tallas. Algunas más altas que tú, de pie en los pasillos o colgadas por los sobacos en una reinterpretación de la crucifixión. Sostienen miradas vacías de madera cuadradas como guerreros de Xi’an, posan para la foto de equipo del dream team del santoral católico. Y esta es solo una de las estancias de esta fábrica de Willy Wonka de los belenes.

El resto de salas huelen a humedad evaporada y saben a yeso. 34 grados centígrados, menciona un pintor. Cada una es un cuadro alineado de artesanos productores en cadena. En esa esquina hay dos jesucristos crucificados cabeza abajo. Son 16 trabajadores en total, treinta y tantos fueron antes de la reestructuración de 2008. Los primeros del proceso son dos vaciadores que echan la pasta y sacan las figuras de los moldes en el sótano. Salen blancas y se secan en el pasillo que lleva a cinco retocadores. Ellos eliminan las impurezas, convierten cachos de yeso en personas al cuadrar los ojos para que miren de frente. Estos son de cristal y vienen de Alemania, donde aún los fabrican para las muñecas de juguete. Las vírgenes aún no están en una capilla, aún se les puede reprochar que quedaron tan bizcas y feas que "mejor sería lanzarlas al río", comenta entre risas un retocador.

Las manos no forman parte del cuerpo principal, se hacen aparte, y para no perderlas se cuelgan de los cuellos en bolsas de castañas. Mano de santo. Esa otra figura de tamaño natural lleva una bolsa de plástico por la cabeza atada con celo al estilo Theroux. En el último paso, el pintado, viene el realismo. La única máquina introducida es el aerógrafo, toda una innovación en una actividad que se mantiene constante desde 1880. Es aquí donde se consigue ese carnado en las ojeras que refleja un sufrimiento tan cristiano.

“Cerraremos el día que a un chino le salga a cuenta hacer un san Esteban de metro y medio”

No muy lejos queda el otro compañero de asedio en Olot, el autónomo David Juvanteny. Resiste como puede al viraje social que ha apartado la costumbre, antaño tan española, de regalar estatuillas religiosas en las bodas o plantarlas en el salpicadero de los coches. Es una precariedad de andar por casa: la cola animal para los moldes la cuece al baño maría en su cocina. En el salón, Jordi Hurtado se admiraría de su público divino, 10 ángeles que no apartan la mirada mientras Juvanteny los pinta en la mesilla, por acompañar a su madre. Al gótico chamizo que llama su taller se llega por el patio trasero, donde 20 gatos ejercen de gárgolas somnolientas sobre el tejado.

Otra puerta, de nuevo la humedad. Una Montserrat que querían tirar en el monasterio se va tornando gris por el polvo esperando en el suelo. Las estanterías de metal soportan filas de figuras de belén que se dirigirán a mercadillos navideños. David lleva una camiseta que pone outlier, factura como mucho 20.000 euros al año, los acompaña como fotoperiodista y usa sacos de café reciclado como arpilleras, la tela porosa que mantiene las figuras. El último autónomo del arte sacro cuenta que habla con sus creaciones sentado solo bajo racimos de santos. Puede elegir entre darles vida con ojos de plástico de 50 céntimos o de cristal germano por 30, dependerá del encargo. Una constante de la artesanía, humanizar el objeto fabricado, es fácil cuando te devuelve la mirada. Con unos ojos que vienen de Alemania, porque aquí ya no se fabrican.

 

El origen de esta serie

La serie de reportajes oficios que nos dejan parte de una base de datos que la Agencia Tributaria ha entregado a EL PAÍS gracias a una petición de acceso a la información amparada en la Ley de Transparencia. Dicha petición pretendía conocer cuáles eran las profesiones que se han ido abandonando en los últimos 15 años. Se pidió a la Agencia Tributaria un listado con todas las personas físicas (autónomos) y jurídicas (empresas) que tributaban en cada uno de los epígrafes del Impuesto de Actividades Económicas en 2002, 2007, 2012 y mayo de 2017. Si bien una sociedad con 15 trabajadores cuenta de cara a dicho registro tanto como un autónomo, el listado permite identificar tendencias a lo largo del tiempo. Por ejemplo, los dos epígrafes que más registrados han perdido en estos años son “cajas de ahorro” y “alquiler de películas de vídeo”, y algunos de los que más han ganado son “organización y celebración de apuestas deportivas” o “fabricación de cerveza y malta cervecera”. De aquellos que mayor proporción de registrados perdieron, Javier Galán, David Alameda y José Manuel Abad han seleccionado los oficios que componen esta serie.

ARMEROS

IMAGINERÍA CRISTIANA