Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
bicentenario de henry david thoreau

Thoreau: lecturas para el presente

Referente del medioambientalismo y activista antisistema, quizá hoy más que nunca sea necesario continuar la caminata de este escritor

Estatua de Henry David Thoreau junto a una réplica de su cabaña en la reserva de Walden Pond en 2016. 
Estatua de Henry David Thoreau junto a una réplica de su cabaña en la reserva de Walden Pond en 2016. 

El escritor y naturalista estadounidense Henry David Thoreau cumple hoy doscientos años. Sus trabajos más conocidos —Walden y Desobediencia civil tuvieron durante el siglo XX una presencia intensa que llega hasta nuestros días. Referente del medioambientalismo y activista antisistema, sus obras influenciaron a personajes relevantes como Gandhi o Martin Luther King.

Hoy, gran parte de la obra de Thoreau, incluidos sus textos menos conocidos, están editados en español. Ello nos permite adentrarnos en el terreno del autor de Concord en un paseo generoso lleno de sorpresas. Una de ellas, es la obra a la que Thoreau dedicó toda su vida adulta y donde, tal vez, podemos encontrar al autor en su expresión más pura: el Diario. El manuscrito original de este Diario ocupa más de 7.000 páginas escritas entre 1837 y 1861. En él podemos encontrar, en germen, muchos de los materiales que luego nutrirían sus ensayos y sus obras clásicas. También en este Diario se nos presenta un Thoreau siempre en movimiento, en interacción continua con sus vecinos, su familia, su entorno natural.

El Diario, más que un libro, es un lugar donde el lector puede entrenar su mirada, su oído, su olfato o su capacidad para conectar mundos distantes

Al asomarnos a cualquier fragmento de los veinticinco años de anotaciones que conforman esta vasta obra, descubrimos a un Thoreau nuevo, fresco, inesperado. Sus caminatas —y leer este libro es salir a caminar con él— son seminarios al aire libre, siempre cargados de descubrimientos. A veces, la caminata no requiere más que ir del salón a un cuarto soleado cuando llegan las primeras mañanas frías del otoño. Otras veces, es necesario pasar la tarde recorriendo las calles y patios de Concord y sus alrededores en busca de un cerdo salvaje que se nos ha escapado de la piara.También habrá tardes de primavera en las que nuestros sentidos se abren y nuestro cuerpo se transforma en mero registro para la mano de la naturaleza. O, en invierno, noches en las que nos aventuramos a salir a patinar sobre el río con un amigo. El Diario, más que un libro, es un lugar donde el lector puede entrenar su mirada, su oído, su olfato o su capacidad para conectar mundos distantes. Es, además, un lugar de gran belleza, de extrema precisión.

Walden nos presenta de un modo muy sistemático los principios que pueden llevarnos a una vida en armonía con la naturaleza. El Diario es una obra más abierta, pero, según avanzamos en nuestra lectura, se nos van revelando las estrategias que configuran un “método Thoreau”. Este método nos invita a movernos en nuestro día de manera similar a como él lo hiciera, y nos propone un itinerario ético que afecta a cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Si Walden despliega el sistema ideal para un modo de vida sostenible, el Diario nos da la opción de recorrer los entresijos y posibilidades de esa sostenibilidad en el contexto real de las situaciones, necesidades y contratiempos que afrontamos en nuestro día a día.

En 1845, Thoreau se mudó a la laguna de Walden —allí construiría su famosa cabaña—, dedicando dos años a mirar y pensar la sociedad de su época desde un ángulo crítico. Ni demasiado cerca, ni demasiado lejos de los hombres, podría ser el leitmotiv de ese experimento vital. La obra icónica de Thoreau nos comunica ya esta dinámica compleja y frágil, explorada lúcidamente por Antonio Casado da Rocha en su reciente libro Una casa en Walden. En el Diario, esa dinámica de cercanía y de distancia (que todos necesitamos) se nos presenta en su estado más sutil. En sus páginas queda claro que el yo que interesa a Thoreau no es más que un punto de apoyo relacional desde el que caminar —con la mente, con los sentidos— hacia todo aquello que no somos nosotros mismos y que puede transformarnos y enriquecernos. Desde ese lugar de compromiso constante con el presente, Thoreau observa, registra y actúa en su territorio. Este territorio nos acerca, a veces, al entorno natural (la fauna y la flora de Walden), y otras, al entramado social, cultural y político que le tocó vivir y del que siempre fue un participante activo.

Nos dejó una lección clara: los valores no son ideas abstractas o eslóganes sociales o políticos

El “método Thoreau’’ que subyace al Diario no es un tratado de reglas cívicas, es una ética del caminar pensante, un modo de moverse y mirar que coloca a Thoreau en nuestro presente. En el Diario, Thoreau se muda de nuevo, pero esta vez lo hace para acercarse a nuestro barrio, a nuestro día. En compañía de este Thoreau vecino recorremos los distintos momentos de su trayectoria vital: su defensa de los valores democráticos, su lucha activa contra la esclavitud, su evaluación precisa de la naturaleza, su labor de agrimensor o sus conversaciones cotidianas con los vecinos de Concord.

Thoreau lleva doscientos años caminando con nosotros, y quizá hoy más que nunca sea necesario tomarle el testigo y continuar su caminata. Thoreau nos dejó la brújula, las coordenadas y algunas claves para continuar su labor. Pero, sobre todo, nos dejó una lección clara: los valores no son ideas abstractas o eslóganes sociales o políticos. Nuestros valores son el material al que se despierta nuestro cuerpo cada mañana; con ellos debe iniciarse nuestra caminata, nuestra conversación diaria. También podríamos, claro está, pararnos en el camino, adecuarnos a los atajos, farsas y obligaciones de una vida impuesta por las circunstancias. Pero eso sería no aceptar el regalo de Thoreau en el día de su cumpleaños.

Ernesto Estrella es doctor por la Universidad de Columbia, investigador y traductor del Diario de H. D. Thoreau