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Enganchados a la leyenda

La mística del cantaor se agrandó con su dependencia de la droga, pero sobrevivió a ella y quedó la grandeza de su cante

Camarón, en un concierto en Alcobendas en 1991.

Caminar por las calles medio vacías de un pueblo y escuchar en los altavoces de un feriante a Camarón por bulerías podía ser una experiencia casi mística. Si eras un adolescente, ese cante podía sonar a transgresión, a un lamento alegremente expresado, a un no sé qué que venía de muy lejos en la historia y te decía algo muy íntimo.

Camarón cantaba en  La leyenda del tiempo (1979) versos de Lorca que no comprendía. El sueño iba sobre el tiempo, flotando como un velero, mecido por guitarras eléctricas que no todo el mundo supo apreciar en su día. Hubo hasta quien devolvió el disco en El Corte Inglés con el argumento de que aquello no era flamenco. Pero eso terminó cuajando y la leyenda del tiempo dio paso a la de Camarón. En 1986 sacó un disco que tituló Te lo dice Camarón. Para entonces, cualquier amigo del Pozo Bebé o del Cementerio Viejo, cualquier chaval de cualquier barrio en cualquier pueblo podía rematar sus palabras con un sobrado: “Te lo dice Camarón”.

Su cante traía un halo de misterio, de secreto a voces. El secreto era la heroína. Aunque murió de cáncer, aquella epidemia que a tanta gente se llevó en los ochenta, también lo martirizó a él. Camarón podía llegar en su Mercedes blanco, como la canción de Kiko Veneno, siempre mirando al suelo, “diez duros de papel Albal” y el cielo se iluminaba. “Viene desde muy lejos y ya / No le queda ni memoria / Dicen que un duende se la cambió / Por un ratito de gloria”.

Paco de Lucía decía que en el último disco que grabaron, Potro de rabia y miel (1991), a Camarón le costaba memorizar las letras. En una de esas canciones aparecía la heroína de forma casi explícita: “Llevo dentro mi sangre / un potro de rabia y miel / se desboca como un loco / no puedo hacerme con él”.

Finalmente, el misterio de su cante venció al potro y hoy en día es lo que perdura. Escucharlo con atención sigue proporcionando placeres elevados. “Era distinto a todo el mundo”, decía Tomatito. “Su forma de sentarse, de hablar, de coger un vaso…”. Como dicen los argentinos de Gardel, cada día Camarón canta mejor.

Francisco Peregil es autor de la biografía Camarón de la Isla, el dolor de un príncipe, editado en 1993 por El País Aguilar y reeditado en 2014 por Libros del K.O.

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