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FOTOGRAFÍA

Gregory Crewdson: “No hay respuestas en mis imágenes, solo preguntas”

El fotógrafo exhibe su último y más íntimo proyecto. Una narración a través de la luz y el color sobre la soledad y vulnerabilidad del hombre frente a la naturaleza

El corte de pelo, 2014. Ver fotogalería
El corte de pelo, 2014.

En lo más profundo de los bosques de Becket, Massachusetts, entre lagos y pinares se reencontró Gregory Crewdson (Nueva York, 1962) a sí mismo. Aquellos parajes que habían configurado su niñez volvían a dar sentido a su vida tras el oscuro periodo que siguió a su divorcio. E inspiraban su última serie de fotografìas, Cathedral of the pines; una nueva incursión en la soledad del ser humano y en su relación con la naturaleza a través de la recuperación de los paisajes perdidos del autor.

“Decidí no utilizar actores como modelos, sino personas cercanas a mí, amigos, familia o gente de la zona, en un intento de hacer una obra más íntima y personal”, señala el fotógrafo americano. “No es una serie biográfica de forma estricta, pero si es mucho más personal que el resto de mi trabajo. En ella se difuminan las barreras entre la ficción y la realidad, entre lo biográfico y algo mucho más teatral o inventado”. La serie toma el nombre de uno de los senderos del bosque, al tiempo que hace referencia a la iglesia metodista reconvertida en domicilio donde habita con su pareja.

Madre y hija, 2014
Madre y hija, 2014

Compuesta por 31 imágenes, Cathedral of the pines se exhibe en la Photographers Gallery de Londres. La serie está inspirada en la pintura de paisaje del siglo XIX, en concreto en una exposición que Crewdson visitó en el Metropolitan Museum de Nueva York, A room with a view.

“La muestra exploraba la relación entre los espacios interiores y las vistas del exterior a través de ventanas y puertas”, añade el artista. “Tuvo gran impacto en mi imaginación e influyó definitivamente en mi obra”. La serie mantiene esa evocadora visión donde lo cotidiano se confunde con lo extraño, característica que ha hecho del autor uno de los fotógrafos más aclamados del momento. De él se ha dicho que ha cambiado el curso de la fotografía a través de elaboradas imágenes, cuyo coste de producción y número de miembros del equipo se equipara con el cine.

El Motel, 2014
El Motel, 2014

Al contrario que en las películas, en la fotografía los momentos quedan congelados, parados en el tiempo, de ahí que la búsqueda de la perfección es una constante en la obra de este artista. Supervisa cada mínimo detalle de esa gran escenografía que envuelve a sus inquietantes imágenes. Todo elemento del que se componen tiene su razón de ser, está decidido por el propio autor. Sin embargo, en esta última serie no solo se observa una factura más pictórica en las fotografías sino una tendencia hacía la simplificación. “Siguen siendo imágenes complicadas de producir, matiza Crewdson, “y sigo trabajando con equipos grandes y enfrentándome a complicados retos de posproducción, pero he pretendido que las imágenes sean en cierto modo más elementales y más directas en sí misma que en mis anteriores obras”.

Una mujer desnuda se sitúa frente al espejo, sin embargo no se mira, evocando la desconexión entre el cuerpo y la mente; una madre y una hija comparten sofá absortas en sus pensamientos; un hombre languidece en su cama, mientras su apesadumbrado hijo le acompaña en su dolor. Son silenciosos momentos de alienación, de pesadumbre, pero quizá también de esperanza, cargados de tensión psicológica y misterio. De ese suspense visual en el que Crewdson sumerge al espectador con éxito, transmitiéndole la misma zozobra de la que son presos sus protagonistas, sin pista alguna de lo que ha ocurrido antes o después de la escena. “Intento que mis imágenes no revelen su significado de forma rápida. Creo que el misterio forma parte del arte “, dice el fotógrafo. ”No hay respuestas en mis imágenes, solo preguntas”.

El refugio, 2014
El refugio, 2014

“Mi padre era psicoanalista. Tuvo una gran influencia en mi desarrollo”, destaca el fotógrafo. Vivían en Brooklyn, Nueva York. Su padre pasaba consulta en el sótano de su domicilio. Aquello que ocurría allí era un secreto, un misterio que mantenía en vilo al joven Crewdson, quien intentaba escuchar a escondidas las sesiones. Una metáfora de lo que hace como fotógrafo. “Intento proyectar mis fantasías, aquello que está prohibido o es secreto, aquello que se encuentra por debajo de la superficie de las cosas”, afirma el fotógrafo en el documental Brief encounters.

Fue también su padre quien le llevó con diez años por primera vez a una exposición de fotografía: una retrospectiva de Diane Arbus celebrada en el MoMA. “El efecto fue grande en mí. Definitivamente me rescató como artista. Aunque no comencé a practicar la fotografía hasta años más tarde, pero fue una temprana expresión de lo poderosas que pueden ser las imágenes”. La dislexia fue el otro factor que lo lanzó al mundo de las imágenes. “Me costaba mucho leer y escribir, así que la primera vez que vi una imagen surgir de una cubeta me percaté que había algo en la fotografía que daba sentido a mi vida; una imagen singular que yo podía leer y comprender”, recuerda el fotógrafo. Al tiempo le cautivaba el mundo del cine. Llegó a estudiar teoría cinematográfica antes de finalizar sus estudios de fotografía. Esta se impuso como una puerta abierta a la narrativa, una forma muy particular de contar historias. “Todo artista tiene una historia central que contar. Aunque no sepa exactamente de que trata esa historia”, mantiene Crewdson. “Así, trabaja para intentar comprender cual es esa historia central, y cambia de vez en cuando. Pero aunque el cambio sea dramático, permanece una constante, una continuidad”.

Resulta muy evidente la influencia de Edward Hopper en su obra. Pero el artista cita también a Walker Evans, Stephen Shore, así como a David Lynch, Hitchcock y Spielberg o el escritor Raymond Carver como otras de sus grandes referencias. Algunos críticos han visto en la silenciosa desesperación de los protagonistas de su obra una implicación política, un retrato del descontento de América. “No hay ninguna motivación política detrás de mi obra”, aclara Crewdson. “Aun así, las imágenes tienen una vida propia. Una vez realizadas y puestas en circulación por el mundo adquieren su propio significado”.

Cathedral of the pines. The Photographers Gallery. Londres. Hasta el 8 de octubre.