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Pablo Trapero, el cine poseído por la energía

El argentino recibe un homenaje en el Cinema Jove de Valencia

Pablo Trapero,ayer, antes de ofrecer una rueda de prensa en el Cinema Jove.
Pablo Trapero,ayer, antes de ofrecer una rueda de prensa en el Cinema Jove. EFE

Aún no ha dejado atrás sus primeros 45 años y el argentino Pablo Trapero (San Justo, 1971) ya está para recibir homenajes por su carrera: “En el cine todo es raro, tienes que acostumbrarte a ello y a saber que suele funcionar la excepción que confirma la regla y no al revés”, cuenta por teléfono tras un almuerzo valenciano tardío. El director recuerda cómo cuando estudiaba veía “a gente recibiendo homenajes con una edad” que es justo la que él tiene ahora. Así que el premio que anoche recibió durante la gala inaugural del Cinema Jove de Valencia, el galardón La Luna de Valencia por una carrera, ha hecho que le salte una pequeña alarma en su cabeza. “A ver si es que a la gente no le gustan ya mis películas [carcajadas]. En serio, mi sensación es que mi energía y mi entusiasmo siguen idénticos a los que poseía cuando empecé mi carrera”.

Después de varios cortos y ocho largometrajes —la lista empezó en 1999 con Mundo grúa y por ahora la clausura El clan (2015)—, el argentino es uno de los directores más importantes de su país, gracias a un estilo contundente, de tramas con trasfondo social: sus películas emanan energía. “Si no tienes energía, si no encaras los desafíos que supone una producción —que siempre existirán por muchas películas que hayas rodado previamente—, mejor que abandones”. A Trapero le gusta la comparación con el tenis —le encanta este deporte, pero no juega tan bien como quisiera—: “Es pura energía. Jugando no piensas, sacas y golpeas, ves cómo viene la bola y la devolvés. Y ni siquiera te planteas las siguientes rondas del torneo. Así es un rodaje: filmas una secuencia y vas a por la otra, avanzas plano a plano. Como pienses en todo lo que significa hacer una película ni siquiera encenderías el ordenador para escribir el guion”.

 

El reflejo de la ficción

En el cine de Trapero siempre hay dobles lecturas, esbozos del mundo que rodean a sus protagonistas. Sus películas no cierran heridas, sino que las abren y les echan sal. “A veces me planteo por qué no hago otro tipo de películas. Incluso cuando me ofrecen guiones, hasta los extranjeros, acabo trayéndolos a mi modo de hacer cine. Y mira que he intentado huir de mí mismo. En fin, el cine nos invita reflexionar sobre temas y situaciones que no siempre son los que encontramos en las portadas. O que aparecen ahí y que en la vida real no quieres mirar de frente, apagas la tele. Pero en una película, ah, es distinto, es el reflejo de la ficción”. Trapero recuerda que no sabía mucho de cárceles (Leonera) o de abogados (Carancho)... “Los universos que atraviesan mis películas son las cosas que yo puedo entender de esos mundos, que me interpelan de esas realidades”. Y empujar, siempre empujar. "El mejor ejemplo que tengo es El clan. Empecé con ese guion cuando estaba con Leonera. Y a mi alrededor amigos y gente que respeto me advirtieron que no siguiera con él. Poseía todos los elementos que asustarían a alguien de marketing: un protagonista mayor, la trama empieza mal y acaba peor, retrata un mundo muy oscuro y cruel, se basa en un caso real con lo que muchos espectadores ya saben cómo terminaba... Sin embargo, seguí, mi intuición decía que era una película que merecía la pena ser contada, por eso nunca se me fue de la cabeza. Tras ocho años logré hacerla. Por suerte el resultado reforzó mi intuición y mi coraje".

Feliz con el Donostia para Ricardo Darín, que protagonizó Carancho y El elefante blanco (“Aún le queda mucho por enseñarnos”), y en plena preproducción de La quietud (“La historia de dos hermanas muy parecidas físicamente, que se reencuentran tras enfermar su padre, y entramos en el pasado de esta familia que desafortunadamente está vinculado con las tramas oscuras que vivió Argentina. Poseerá en su drama cierto humor negro, como los filmes mexicanos de Luis Buñuel"), a Trapero le da tiempo a recordar que su abuela segoviana ya le decía que vivía en la “luna de Valencia”, nombre del premio que recibió anoche. “Cuando le dije a mi padre que me daban este galardón, estalló en carcajadas y me respondió: 'Este es el mejor premio que te podrían dar en la vida".