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Alegato contra la guerra

'El eterno intermedio de Billy Lynn', de Ben Fountain, relata la gira de los supervivientes del Escuadrón Bravo, que libraron un combate mortal contra las tropas de Sadam Husein

Alegato contra la guerra

Esta novela primera podríamos encuadrarla, por una parte, en la literatura antibelicista; por otra, en la de análisis de la sociedad americana y provinciana actual. Ben Fountain ha optado por el camino del sarcasmo sin el menor miedo a meter el cuchillo a fondo. La anécdota recoge la gira triunfal de los supervivientes del Escuadrón Bravo, que libraron un combate mortal contra las tropas de Sadam Husein en un lugar perdido en el mapa llamado Al Ankasar. El escuadrón está formado por muchachos de diecinueve a veintitantos años, un soldado veterano y un mayor que los acompaña. En la gira recorren medio país, son recibidos en la Casa Blanca por el presidente y culminan su periplo en Texas, donde se va a celebrar un encuentro entre los locales, los Texas Cowboys, y un equipo rival.

El planteamiento de Fountain es excelente al hacer coincidir el final de la gira con un partido de fútbol americano en el corazón de la América profunda con los soldados como invitados especiales. Todos los americanos que acuden al estadio están conmovidos por la valentía de unos héroes que ya no recuerdan bien lo que sucedió en Al Ankasar, al extremo de que cuando Billy ve en televisión tres minutos y medio de grabación de la hazaña le parece que no es real, que para ser real deberían haberlo filmado en Hollywood a la manera convincente del cine americano de hazañas bélicas. Este es un modelo de momento bien elegido, cargado de intención, moralmente demoledor. Otro es el de Billy, en presencia del pastor que entra al vestuario a bendecir al equipo antes de saltar al campo y piensa hastiado: “Dios sabe que a América le encanta rezar. América reza y reza y reza, es la tierra de la oración desencadenada”.

Salvo un capítulo (‘Maltratador del alma’) que cuenta la visita a su familia provinciana — un padre mudo por el ictus, una madre clásica, una hermana casada con un don nadie y su hijito, una hermana repuesta de un accidente de automóvil que no se resigna a la vida mediocre que le espera y que adora a Billy—, el resto de la novela cuenta la megarrecepción a los héroes que llegan en limusina blanca al estadio y son colocados en puestos de honor junto al césped. A lo largo de la jornada, el hastío y la incomprensión van haciendo mella en ellos hasta que hartos y medio borrachos acaban en una pelea con algunos de los operarios del espectáculo a la americana.

La novela es realmente buena, pero tiene dos defectos de importancia: el primero, un exceso de descripción, a veces de corte periodístico, que recuerda al Tom Wolfe de La hoguera de las vanidades con ese intento minucioso de “contarlo todo” que Anthony Burgess le reprochaba como “ausencia de misterio”. El segundo, que, al centrarse en tan poco espacio de tiempo y con tanto detalle personal y de escenario, la prosa se empasta y la lectura se empantana a trechos, también por el reducido espacio de tiempo de la historia. Por lo demás, es un potente alegato contra la guerra y la América profunda que permite albergar serias esperanzas en el futuro de Ben Fountain.

El eterno intermedio de Billy Lynn. Ben Fountain. Traducción de David Paradela López. Contra Ediciones, 2016. 356 páginas. 21,95 euros