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Antes era visual, ahora es social

Tras ganar el Premio Nacional de Ensayo, Joan Fontcuberta publica 'La furia de las imágenes', en el que analiza asuntos como el 'selfie' o las cámaras de vigilancia

Tomado por el actor Bradley Cooper en los Oscar de 2014, este es uno de los 'selfies' más famosos de la historia de la fotografía. Ampliar foto
Tomado por el actor Bradley Cooper en los Oscar de 2014, este es uno de los 'selfies' más famosos de la historia de la fotografía. CORDON PRESS

Seis años después de la publicación de La cámara de Pandora (Gustavo Gili), por el que recibió el Premio Nacional de Ensayo, Joan Fontcuberta retoma y continúa su reflexión sobre los intensos cambios en el medio fotográfico con un nuevo libro, La furia de las imágenes. Si entonces profundizaba en el paradigma tecnológico de la fotografía digital y en lo que suponía la aparición de una nueva categoría de imágenes que ya entonces había que considerar posfotográficas, ahora, situado ya en un contexto nítidamente caracterizado por la producción y circulación masiva de imágenes, viene a otorgar carta de naturaleza a la posfotografía y en cierto modo a definir y recopilar lo que podemos encontrar bajo ese paraguas conceptual.

Entre una y otra obra, el autor ha desarrollado una destacada actividad como comisario o concomisario de importantes proyectos expositivos que han contribuido a la articulación y consolidación de la denominada creación posfotográfica: A partir de ahora, en Arles en 2011; Obra-colección. El artista como coleccionista, en Foto Colectania en 2013; Fotografía 2.0, en PhotoEspaña en 2014, o La condición posfotográfica en 2015, como tema monográfico en su papel como comisario invitado de la Bienal de Imagen Contemporánea de Montreal. De hecho, una buena parte de los apartados que componen el volumen se configuran, como él mismo señala, “a partir de ejemplos suplidos por creadores contemporáneos con quienes comparto ideario posfotográfico”, algo que sin duda tiene que ver con su labor como comisario. La furia de las imágenes ofrece tres vías de indagación y estudio. Una, presente sobre todo en la primera parte del libro, destinada a ofrecer una lectura eminentemente sociocultural de la era posfotográfica y a plantear, casi programáticamente, las condiciones y vías para la creación en dicho contexto. Otra, centrada en el desarrollo de lo que vendría a funcionar como casos de estudio (el selfie, el espejo, el álbum familiar y la fotografía vernácula, la colección y la obra-colección, los dispositivos de captación y control, las cámaras de vigilancia, los buscadores de imágenes), en la que es frecuente el rastreo y comentario de numerosos trabajos realizados en los últimos años por diferentes creadores contemporáneos. Y una última, que encontramos diseminada a lo largo del volumen, en la que realiza un doble análisis que resulta complementario: por una parte, explicita la sustitución o desmantelamiento progresivo de la cultura fotográfica (sus usos y funciones, su régimen de visión, su ontología), y por otra, criba e identifica lo que serían los indicadores de la era o condición posfotográfica.

Como él mismo señala, esta nueva condición se agazapa detrás de la fotografía, y es precisamente su sustitución o desmantelamiento lo que la origina. Desde este punto de vista, es completamente razonable su afirmación de que la posfotografía no reivindica originalidad sino intensidad. Intensidad en la producción de imágenes, y también intensidad en su acumulación, su accesibilidad, su circulación y su transmisión o compartición.

Para Fontcuberta el exceso y el acceso son dos elementos cruciales que determinan y definen la estética y la creación posfotográfica. Su propuesta de respuesta a ese exceso de producción, a esa hipertrofia visual, es la contención, lo que denomina una ecología de la imagen, no hacer nuevas fotografías sino proceder a una acción de reciclaje sobre las ya existentes como núcleo de la nueva estrategia creativa. De ahí la figura del artista como coleccionista, como recolector, como compilador, cuya principal tarea es proceder a asignar sentido (prescribir) y a gestionar la acumulación que define esta nueva era. En sus propias palabras, “la artisticidad ya no subyace en el acto físico de la producción de imágenes, sino en la prescripción de los valores que puede acoger”, acción que llevaría, en su argumentación, a la formulación de un nuevo paradigma de autor, de una nueva conciencia autoral, y a la visualización de una escena en la que los gestos artísticos, el reciclaje, la apropiación (él prefiere el término adopción), la colección, la acumulación, la prescripción de sentido prevalecerán sobre los artistas.

La photo-trouvée domina el escenario, la obra de arte ya no se sitúa en la época de su reproductibilidad, como afirmó en su momento Walter Benjamin, sino en la era de la adopción digital, el instante decisivo ha sido sustituido por el instante indeciso o en su defecto por el instante hiperdecisivo, la revalorización de lo prosaico, lo banal o lo marginal desafía al canon de calidad tradicional, el azar tecnológico o la serendipia facilitan una creación anónima y coral, intuitiva, espontánea, lúdica, automática y accidental, actualizando para la posfotografía los planteamientos de los surrealistas. Fontcuberta nos propone en La furia de las imágenes desandar el camino trazado por la fotografía e iniciar el trayecto que, en expresión de Peter Weibel, ha llevado a la transformación de los medios visuales en medios sociales, para adentrarnos definitivamente en un nuevo mundo de cámaras, pantallas y espejos.

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