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EN PORTADA

Doce visiones sobre la traducción

Cees Nooteboom, Bernardo Atxaga, María Teresa Gallego, Miguel Sáenz, Luisa Gutiérrez y otras voces autorizadas opinan sobre la realidad y los retos del oficio

La traducción, un oficio tradicionalmente mal pagado y muy poco valorado, acusa la precariedad y la extensión de prácticas que tensionan el español. Una docena de voces autorizadas, entre escritores, traductores y editores, disertan sobre esta realidad y sobre los retos de la profesión.

Bernardo Atxaga
Bernardo Atxaga

Bernardo Atxaga, escritor vasco:

"Una traducción es una obra de arte y la distancia que hay entre una buena traducción y una mala es abismal. Por ejemplo, las traducciones de poesía al español creo que son buenísimas".

"Según mi experiencia, las lenguas son líquidas, de forma que tienen corrientes, y la sensación cuando uno empieza a escribir en una lengua es que, en principio, va por donde quiere, de acuerdo, porque hay una voluntad de estilo, hay una voluntad narrativa. Digamos que intentas llevar el texto por donde tú quieres. Pero es evidente que hay otra fuerza, la de las connotaciones, que hace como que tuvieras corrientes. Así que si por la mañana escribes en euskera y por la tarde en castellano el mismo texto sería muy difícil que coincidieran".

"Traduje para Visor algunos de mis poemas. Cuando escribí los primeros estaba muy influido por las vanguardias, tenía una especie de borrachera con ellas. Lo percibí muy claramente a la hora de traducir. Sinceramente, me daba hasta vergüenza. Pensé que tenía que aprovechar para corregir. Es la diferencia entre un traductor y un autor. Al traductor no se le da libertad, no se le deja".

Maite Gallego, voz en español de autores como el Nobel, Patrick Modiano:

"No puedes expatriar el libro. Por ejemplo, esa santa manía de no emplear el término coger. Yo les digo: 'Lo siento pero no, no voy a dejar que me cambiéis esta palabra por cualquier otra porque coger es una cosa, agarrar otra... y asir me eleva el nivel del texto. Pero un principiante, una persona menos peleona o en peor situación laboral va a ceder".

"Algunas editoriales quieren un castellano ramplón porque piensan que sus lectores quieren un castellano ramplón. Y los escritores pueden tener una lengua ramplona o no. Me ocurrió que estaba traduciendo una novela en la que el protagonista se harta de su ordenador, lo baja a la calle y lo deja en el arroyo. Y el corrector me dice: '¿Qué es eso del arroyo?'. Y yo le contesto: 'Espacio entre la calzada y la acera por donde corre el agua de lluvia hacia la alcantarilla'. Y él continúa: 'Nadie le llama así y, además, ¿cómo se diferencia del arroyo del campo?'. Y le respondo: 'Por el contexto. Y por cierto, ¿de dónde te crees que viene la expresión mujeres del arroyo? ¿Acaso eran señoras prostitutas que hacían la calle en los bosques?".

"La gente joven, salvo excepciones honrosas, lee muchísimo menos. Y sobre todo lo que lee es contemporáneo y no conocen frases canónicas de la literatura. Y no puedes ser un traductor literario si no tienes un bagaje de lecturas".

Carlos Fortea, presidente de la Asociación de Traductores ACCET:

"El intento editorial de imponer un español neutro para poder distribuir los libros a los dos lados del Atlántico da lugar en ocasiones a cosas desagradables y deplorables tales como que un traductor argentino haga una traducción y se desargentinice para publicarla en España, lo cual es una violación de sus derechos legales y morales".

"Es un debate sesgado que normalmente enfrenta al español peninsular con el de Argentina y México, es decir, con los países donde hay una fuerte industria editorial, y sin embargo casi nunca se plantea en los que tienen menos influencia como pueden ser Bolivia o Costa Rica, que tienen su modalidad que también es diferente del argentino y del mexicano".

"El aumento de la calidad de la traducción está en riesgo por el deterioro de las condiciones laborales. Cuando las tarifas descienden no es que el traductor vaya a traducir peor, sino que para poder vivir va a tener que traducir muchas más horas y eso, indudablemente, va a repercutir en la calidad. Es algo en lo que no encontramos eco por parte de las editoriales, que reducen costes pase lo que pase, y eso es ser muy irrespetuoso con el lector, que tiene derecho a un producto bien hecho y un producto bien hecho solo lo puede hacer un profesional bien pagado".

Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes e Islámicos en la Autónoma de Madrid y traductora:

"La traducción está enriqueciendo el español mostrando las necesidades que tiene de crear nuevo vocabulario, de introducir neologismos".

"Uno de los mayores problemas que tiene hoy la traducción es que estamos yendo hacia atrás en el reconocimiento. Durante muchos años se luchó bastante para que se reconociera la autoría del traductor con cuestiones a lo mejor simbólicas como que apareciera el nombre del traductor si no en la cubierta, en la portada. Y eso en los últimos años se está perdiendo".

"Es mucho más difícil que una editorial se pueda interesar por un proyecto del urdu, el árabe o el bengalí porque la sociedad no está interesada por estas culturas, están degradas, en muchos casos, estigmatizadas".

Wendy Guerra
Wendy Guerra

Wendy Guerra, escritora cubana:

"El café con leche ya está inventado, las reglas que enriquezcan y no entorpezcan la obra del autor que se trata de trasladar a otra lengua se deben cumplir, lo que no se puede, en nombre de las reglas, es cabalgar sobre la obra de un autor y desarmarle la novela o el poema a base de reglas. Hay novelas que se parecen más a sus traductores que a sus autores. Esa es la cocaína de muchos traductores que al probar su estilo, no pueden parar de escribir una segunda novela sobre la novela original. A mí nunca me ha ocurrido, pero he escuchado quejas muy potentes sobre ello".

"Soy una afortunada, he tenido mucha suerte con todos mis traductores, conservo una relación personal con muchos de ellos. Sí que he sufrido eventos muy simpáticos, mal entendidos antológicos con mis traductores en todas las lenguas.Tengo una maravillosa traductora del español al francés que además es mi amiga, a ella se le ocurrió durante su trabajo de traslación de Todos se van al francés, por un tropiezo, traducir, planta nuclear en árbol nuclear. La prensa francesa lo tomó como un lazo de mi obra hacia lo real maravilloso de mi maestro Gabo, y eso, su error, fue sin duda alguna también un pasaporte de entrada a los lectores franceses. Todavía nos reímos juntas de aquello".

"Las claves de la traducción pueden ser endémicas, no importa que seas un traductor experto en un país, si no es tu cultura corres riesgos tremendos. Un mal traductor es un mentiroso ilustrado".

Luisa Gutiérrez, directora editorial de RBA:

"En general en España se traduce bien y, desde mi punto de vista, ha mejorado en los últimos años. No quiero citar nombres porque conozco a muchos traductores y sería injusto no nombrarlos a todos, pero hay una brillante generación de traductores que tienen ahora mismo entre treinta y cuarenta años que han logrado “profesionalizar” un trabajo en el que siempre había habido mucho intrusismo, como tantas veces ellos mismos han denunciado".

"En España, por desgracia, el trabajo de traductor editorial no da para vivir holgadamente porque las tarifas están muy lejos de las que se pagan en Francia o en Alemania, por ejemplo. Por mucho que se haga un esfuerzo económico desde las editoriales para pagar una tarifa justa acorde con el mercado, al final el libro ha de ser rentable. Además, un traductor siempre es autónomo, con todo lo que ello supone, porque no se contratan traductores en plantilla. Tampoco abundan las ayudas a la traducción, que sería lo deseable sobre todo en el caso de traducciones literarias. Siempre se llega a un acuerdo pero la discusión sobre las tarifas en el ámbito editorial son eternas…".

"Nadie publica una traducción mediocre de forma consciente y tampoco por motivos comerciales. El trabajo editorial se realiza siempre de la mejor forma posible y, al menos desde RBA, cuando hay dudas al respecto el libro se corrige de nuevo".

Adriana Hidalgo, responsable de la editorial argentina que lleva su nombre:

"Constituimos un vasto territorio donde compartimos un mismo idioma y cada región aporta su voz, lo que a nuestro juicio enriquece la lengua. Lo importante es la calidad y la formación del traductor, ya que la traducción es un arte y requiere un conocimiento profundo del autor y su obra".

"Me pregunto: si leemos con placer obras de escritores de múltiples nacionalidades dentro del mundo de habla castellana, ¿por qué se dificultaría leer una traducción realizada por un buen traductor colombiano, mexicano, español, argentino, chileno, uruguayo etc? La lista es extensa".

"Adquirimos siempre derechos mundiales y hacemos una única versión de cada traducción que se distribuye en todo el territorio de la lengua".

Eduardo Lago
Eduardo Lago

Eduardo Lago, traductor, escritor y crítico literario:

"La clave es el talento, un traductor es una modalidad de escritor, lo que pasa es que no es un escritor creativo, no crea un mundo, solo tiene que tener una creatividad en la lengua. La única cosa a favor de la traducción es el talento y el talento es una cosa innata e instintiva".

"Hay que tener en cuenta que sostener una traducción de 500 páginas de manera constante es muy difícil , es muy difícil hacer el cambio mental que exige deconstruir completamente el original para reconstruirlo en castellano".

"Es cuestión de política editorial que cada sello ponga un cuidado infinito en mimar el español. ¿Se hace? No se hace porque no hay tiempo".

Elia Maqueda, traductora:

"Es verdad que traducimos mucho más deprisa que en generaciones anteriores, que a veces los plazos son inhumanos, pero traducimos más deprisa porque tenemos una facilidad para encontrar lo que buscamos que no se tenía hace veinte años. Yo no me tengo que ir a una biblioteca en Edimburgo para investigar sobre la novela escocesa antigua, tengo la mayoría de las cosas a un click de distancia o a varios. Las editoriales son conscientes de eso y se aprovechan".

"Desde un punto de vista meramente profesional la relación con el editor, salvo contadas excepciones, es de batalla constante por que se cumplan los derechos, la Ley de Propiedad Intelectual, por que los contratos no tengan trampas... Desgraciadamente, nos vemos en un constante tira y afloja. Los contratos más leoninos son los de las grandes editoriales; con las pequeñas y medianas es siempre todo más flexible, sobre todo en tema de plazos".

"Toda lengua tiene ideología y que elijas una palabra u otra tiene que ser basándote en el original. Si te andas con cortapisas con el idioma al que estás traduciendo apaga y vámonos".

Lola Martínez de Albornoz, editora de Alfaguara:

"Alfaguara es la primera editorial en la que el nombre del traductor fue en la cubierta de los libros. Cada vez es más corriente que el editor reivindique la figura del traductor desde un aspecto también comercial. Es decir, existe la conciencia de que un libro se vende mejor si está traducido por una persona que por otra".

"Para traducir bien tienes que conocer bien tu idioma y el otro, pero sobre todo tienes que escribir bien".

"Creo que en España la traducción es demasiado literal, que es lo más cómodo, es una tendencia de mediocridad. Los buenos se despegan del texto y lo interpretan de otra manera, lo interpretan en su idioma".

Cees Nooteboom
Cees Nooteboom

Cees Nooteboom, escritor holandés.

"Una buena traducción es un texto que en la lengua de llegada suena y se lee tan bien como en la original. El traductor no solo debe tener un conocimiento completo de la lengua extranjera, él o ella debe ser también muy bueno o buena en su propia lengua".

"Muchos de mis colegas anglosajones no hablan lenguas extranjeras, con lo cual realmente no pueden trabajar con sus traductores, lo que es una pena y, además, peligroso".

"Cada vez que un traductor no es mencionado en la cubierta sufro por ellos. La traducción es un arte y debería ser honrada".

Miguel Sáenz, traductor de autores como Günter Grass:

"La culpa de que muchos libros traducidos parezcan hechos por la misma persona es exclusivamente de los editores. Se dice que los primeros cien números traducidos de la colección Penguin inglesa de novela, que en su día revolucionó la edición, parecen escritos por la misma mano".

"El mal llamado "español neutro" y bien definido como "el español que no gusta a nadie" es, en el ámbito literario, una aberración. Literatura es, en gran parte, hacer con el idioma lo que nunca se ha hecho antes".

"La universidad ha desempeñado en España un papel fasto y otro nefasto. Por un lado ha formado a traductores extraordinarios; por otro los ha engañado haciéndoles creer, no sé por qué, que podrían vivir de la traducción".