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SILLÓN DE OREJAS

Trilogías completas y series abortadas

El tremendo éxito internacional de sagas como 'Crepúsculo' o 'Cincuenta sombras de Grey' viene desde hace años excitando la codicia mimética de grandes y medianos editores

Fotograma de Eclipse (2010), película de la saga Crepúsculo dirigida por David Slade.
Fotograma de Eclipse (2010), película de la saga Crepúsculo dirigida por David Slade.

Lo que queda de Hollywood vive, sobre todo, de las series y de las secuelas. Y como las grandes compañías de la llamada “industria de contenidos” controlan también a algunas de las editoriales más poderosas del planeta, la moda de la serialización se ha impuesto en determinados segmentos de la edición. El tremendo éxito internacional de sagas como Crepúsculo, de Stephenie Meyer (más de 100 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo), de la que todos los libros alcanzaron el número 1 en las listas de The New York Times, o de Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James (unos 125 millones hasta 2015), viene desde hace años excitando la codicia mimética de grandes y medianos editores. Lo del mimetismo es algo real: recuerdo que, en mi época más sórdida de editor, el consejero delegado de mi empresa (que era un poco mala bestia) decía que el secreto del éxito era copiar lo que ya lo tenía. Ahora se publican trilogías con un evidente protocolo de mercadotecnia: llegan a las librerías en fechas fijas y con breve intervalo de tiempo entre una otra, para generar la fidelidad de un lector poco exigente al que se busca enganchar durante un tiempo récord. De las trilogías que las editoriales anuncian para la rentrée me han llamado la atención, por su representatividad temática y por los públicos a los que se dirigen, tres que publicarán sellos de Random House: la trilogía El affaire Stark (Grijalbo; primera entrega, ‘Di mi nombre’, el 8 de septiembre), de la californiana J. Kenner (en realidad se llama Julie, pero la “J.” queda como más “sombras de Grey”), un tórrido “romance” erótico centrado en las relaciones entre una ejecutiva encargada de urbanizar una “isla paradisiaca” del Caribe y un exitoso, “viril e independiente” arquitecto (¡uf!, ya me estoy quemando); Suma de Letras publicará (primera entrega, 15 de septiembre) la trilogía romántica juvenil My Dilemma Is You, de la italiana (de 16 añitos, dicen que tenía cuando lo escribió) Cristina Chiperi; y Fantascy anuncia (6 de octubre) la primera entrega de La reina del Tearling, una “adictiva nueva trilogía” de fantasía heroica.

Trilogías completas y series abortadas

Hadas

Angela Carter (1940-1992), una de las autoras clave del posmodernismo británico de los setenta y ochenta, dijo en cierta ocasión que preguntar de dónde venían los cuentos de hadas era como preguntar quién había inventado las albóndigas. El concepto de fairy tale, literalmente cuento de hadas, se refiere, en todo caso, a los relatos tradicionales y folclóricos anónimos que se transmiten y modifican de generación en generación hasta que los folcloristas (Perrault, los Grimm) les dan forma definitiva y los fijan, inspirándose en ellos para sus propias reelaboraciones. Esos cuentos son, en su origen, y antes que nada, la literatura de los que no escriben. A Angela Carter le encantaban. Tanto que no tenía empacho en volverlos del revés e introducir en aquellos mundos fantásticos creados por otros su propia ideología feminista, su interés por el psicoanálisis, sus reflexiones sobre las relaciones entre hombres y mujeres de su tiempo, convirtiendo aquellos cuentos que, según la tradición, se contaban las mujeres para entretenerse mientras hilaban en auténticas —además de divertidas— reelaboraciones literarias no siempre aptas para menores. Así hizo, por ejemplo, en su estupenda colección de relatos La cámara sangrienta (de 1979; reeditado en Sexto Piso), con cuentos tradicionales como ‘Barba Azul’ o ‘Caperucita Roja’. La mayoría de novelas y cuentos de Angela Carter fueron publicados en España por Minotauro, pero muchos de ellos se encuentran hoy inexplicablemente descatalogados, en espera de que lleguen nuevos editores con menos presión por la cuenta de resultados y los “descubran”, como sucede con frecuencia, poniéndolos de moda otra vez. Por eso me ha alegrado enterarme de que Impedimenta publicará en otoño los Cuentos de hadas de Angela Carter, una recopilación de narraciones breves procedentes de todo el mundo (esta vez sin “retocar”) que nuestra autora preparó para la editorial feminista Virago. Todos ellos son cuentos tradicionales protagonizados por mujeres que Angela Carter recogió de folcloristas y etnógrafos, y en los que —contra su costumbre— no introdujo su particular sesgo irónico y feminista, entre otras cosas porque no lo necesitan. Una colección de magníficos relatos con diferentes grados de fantasía que forman un mosaico narrativo nada convencional del universo femenino a lo largo del tiempo y de los cinco continentes, y proporcionan oblicuamente una radiografía intelectual de las obsesiones de esta narradora aún poco conocida en España.

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Retrasos

Tuve un sueño présago (como también tuvo doña Alda, la esposa de don Roldán, en el célebre romance de materia francesa) en el que vi entronizado a Rajoy rodeado de sus querubines, sus tronos, sus dominaciones, sus principados y sus potestades (incluida Rita Barberá). Total, que me desperté de la pesadilla bañado en sudor a las tres de la madrugada, cuando sólo se escuchaba el siempre inquietante fragor de los aparatos de aire acondicionado de mis vecinos durmientes, y convencido de que ya no conciliaría el sueño. Me molestan las cosas sin acabar, tanto el sueño como los libros que los editores se niegan a completar, dejando a los lectores con un palmo de narices. De modo que, en vez de contar ovejitas para adormecerme, me puse a enumerar libros abortados (espero que no todos definitivamente) y me salieron varios. Ahí van: Crítica (Planeta) sigue sin completar el tomo X de la Historia de España, pendiente desde hace varios años de que lo entregue Santos Juliá; Seix Barral (Planeta) nunca completó las Obras completas de Rafael Alberti; Alianza (Anaya) se cansó de publicar, entre otros, la estupenda biografía de Picasso de John Richardson; Tusquets (hoy Planeta) interrumpió la biografía de Sade de Jean Jacques Pauvert; Destino (Planeta) dejó sin acabar las Obras completas de Dalí; nada se ha vuelto a saber de las Obras completas (pero hasta la fecha muy incompletas) de Nabokov, Dostoievski o Kafka de Galaxia Gutenberg, y Gredos (RBA) no sabe no contesta cuando los libreros preguntan por el futuro de la colección de clásicos grecorromanos (muy ralentizada en los cuatro últimos años). Y conste que lo anterior es sólo una muestra. En bastantes casos, esos proyectos se iniciaron hace más de una década. De modo que me pregunto, mientras me sobreviene el primer bostezo: ¿dónde y a quién protestan los lectores / consumidores que compraron el primer volumen creyéndose lo que prometían los editores?