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FOTOGRAFÍA

Diane Arbus y la divinidad de las cosas ordinarias

Casi medio siglo después de su trágica muerte, una nueva biografía y una exposición nos acercan más a los secretos de una de las artistas más provocadoras del siglo XX

Jack Dracula en un bar, New London, Conn. 1961 Ver fotogalería
Jack Dracula en un bar, New London, Conn. 1961

Diane Arbus (Nueva York, 1923- 1971), vuelve a la escena, a pesar de que nunca haya dejado de estarlo; las circunstancias de su vida y su trágica muerte, unidas a su poderosa obra, hicieron de ella un mito. “Una fotografía es un secreto sobre un secreto. Cuanto más te dice, menos sabes ”. Su frase más famosa sigue reverberando tanto en su vida como en su obra. La publicación de una nueva biografía, escrita por el periodista Arthur Lubow, y la inauguración de una exposición en el Met Breuer, donde se muestran por primera vez imágenes de los primeros años de su trayectoria artística, arrojan nuevos datos sobre la evasiva artista.

“Arbus fue una coleccionista de secretos desde su infancia”, dice su biógrafo“. Ya en sus años de adolescente se sentía preocupada cuando después de haber hecho participe a alguna compañera de una confidencia, esta “se hacía poseedora de parte de mi secreto”. “Necesito mis secretos” se lamentaba Arbus. Diane Arbus, Portrait of a Photographer, es la primera biografía que analiza su trayectoria artística dentro del contexto de su vida. “ Investigué cómo tomó la mayoría de sus fotos más icónicas, señala Lubow, Y lo que es más importante, expliqué cómo sus déficits psicológicos- su incapacidad para sentir las cosas de una forma directa, y su necesidad de reflejar las reacciones de los demás para sentirse viva- la hicieron desarrollar su innovador estilo de retratos”.

Conductor de taxi al volante con dos pasajeros, N.Y.C. 1956 ver fotogalería
Conductor de taxi al volante con dos pasajeros, N.Y.C. 1956

Como si de un secreto se tratase, metidas en cajas, en un rincón del cuarto oscuro del 29 Charles Street, aparecieron años después de su muerte las copias de los primeros retratos que forjaron este provocador estilo al que hace referencia Lubow. Las cajas contenían las ampliaciones de los siete primeros años de su trayectoria artística. Diane Arbus: in the Beggining, se presenta como una de las exposiciones estrellas del nuevo Met Breuer, y muestra 107 de estas imágenes realizadas entre 1956 y 1961, de las cuales 80 son inéditas. “Esta primera etapa es una prueba de lo extraordinaria que fue esta artista”, dice el comisario de la exposición, Jeff Rosenheim. “ Ofrece la oportunidad de mostrar su obra en 35mm en relación con su obra más tardía y observar que fue Diane Arbus desde sus comienzos. Supo lo que quería de la cámara desde el principio. En 1956 ya tenía una voz. Esto es algo que hasta ahora no sabíamos”.

El mundo de la moda resultaba demasiado vacuo y artificial para la joven fotógrafa de moda de 33 años, cuyo matrimonio con el actor Allan Arbus se resquebrajaba. Prefería la calle; un lugar lleno de secretos por desvelar. Así esta heredera de un rico comerciante judío de la Quinta Avenida, cuyo nombre real era Diane Nemerov, marcaba en 1956 con el número 1, el que consideraba el primer carrete de su vida artística.

Hombre disfrazado de mujer con guantes, Hempstead, L.I. 1959 ver fotogalería
Hombre disfrazado de mujer con guantes, Hempstead, L.I. 1959

Las anotaciones de sus libros de notas desvelan su fascinación por lo marginal y lo estrafalario: “Morgue; freak en su casa; mujer que practica roller derby; prisión de mujeres; camioneta de la policía; matadero; salón de tatuajes; club de corazones solitarios; mujer luchadora; mendigos-ciegos; lugar- waterfr. hotel; habitación de mujeres- coney- metro”. En su deambular por las calles captó la cara oculta de Nueva York. Posó su mirada en aquellos que nadie osaba fotografiar; excéntricos y freaks, toda una galería de perdedores a la sombra de una sociedad. Los hizo visibles buscando la belleza en aquello que es diferente y por tanto único. “Veo la divinidad en las cosas ordinarias” escribía.

Exploró los mismos escenarios que otros fotógrafos de calle, predecesores y contemporáneos; Paul Strand, Walker Evans Gary Winogrand y Lee Friedlander, entre otros. Pero mientras estos preferían pasar desapercibidos a la hora de disparar la cámara para no interferir en la imagen, Arbus necesitaba hacerse presente. Evidenciar el encuentro personal. Buscaba el contacto directo. Ser el medio a través del cual los otros se definían. “La curiosidad por la naturaleza oculta del que, o lo que, iba a fotografiar, unida a su fe en el poder de la cámara para que esta se haga visible, es, por encima de todo, lo que la diferencia”, escribe Jeff Rosenheim en el catálogo que acompaña la exposición.

Mujer en un autobús, N.Y.C. 1957 ver fotogalería
Mujer en un autobús, N.Y.C. 1957

Vestida de forma llamativa o haciendo uso de cualquier otro recurso, atraía la mirada del viandante hacía ella y generaba una reacción. El retratado parece estar solo ante Arbus, completamente aislado del entorno. “Es ese gran momento de encuentro entre la fotógrafa y el retratado el que hace que el espectador no pueda levantar la vista de la imagen. Le implica a él también.”, señala el comisario. Poco a poco estos encuentros casuales fueron dando paso a los retratos posados, realizados con una cámara de formato medio, que la lanzaron a la fama. Para Lubow ese instante de miradas recíprocas, esa respuesta a su poderosa y seductora presencia. funcionaba como una “corroboración de su propia existencia". Fue siempre muy consciente del poder de su fotografía “Hay cosas que la gente nunca vería si yo no las fotografiase”, decía la artista.

No faltaron las críticas a su obra, entre ellas la más sonora fue la de Susan Sontag, quien en su libro Sobre Fotografía ponía de manifiesto la naturaleza predatoria del medio, acusándola de tomar instantáneas de ”gente patética, que despierta compasión, así como repulsiva” desde una posición de la superioridad de distancia y de privilegio. “Fue un crítica torpe”, señala Lubow. “Existía mucha ironía en la mirada de la fotógrafa que se dividía entre lo trágico y lo cómico. Se ha pasado por alto el sentido del humor de la fotógrafa, en ningún caso existió una intención de humillar, sí de empatizar”. Jeff Rosemheim, sin embargo, cree que Sontag pudo sentir miedo ante una práctica artística que la confrontaba con gente con la que no se identificaba: “Cuando se piensa en Goya, en Velázquez o en Lucien Freud, se observa que han explorado el mundo desde muchas vertientes, y no han tenido miedo de hacerlo. Arbus no trataba de señalar los defectos de la gente, sino los de todos nosotros. No se trata de ellos sino de nosotros“, señala el comisario. Su obra es por tanto una invitación a la introspección. A confrontar nuestra propia identidad.

Diane Arbus: In the Beginning. The Met Breuer. Nueva York. Hasta el 27 de noviembre

Diane Arbus: Portrait of a Photographer. Arthur Lubow,  Ecco/HarperCollins Publishers.