El asalto de León Benavente

La banda, formada por músicos de Nacho Vegas, presenta ‘2’, su segundo disco, al que le han dado una pátina electrónica

El cuarteto León Benavente, en Zaragoza.
El cuarteto León Benavente, en Zaragoza. David Asensio

León Benavente ya no sale al escenario a defender sus canciones, sale a disfrutarlas. Abraham Boba, Luis Rodríguez, Eduardo Baos y César Verdú salen a gustarse, a bailar y a conectar con el público. Quedó patente el pasado 13 de marzo durante su concierto en el auditorio de La Casa Encendida de Madrid dentro del festival La Radio Encendida que sirvió como presentación de 2 (Warner), su segundo LP.

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Los cuatro músicos, con mucha carretera a sus espaldas —y más seguros como grupo, tal y como afirma Rodríguez— se conocen desde hace años y ya habían coincidido en el escenario y el estudio siendo la banda de Nacho Vegas. Con un primer disco homónimo —que cosechó buenas críticas y les llevó a recorrer toda la geografía española— la banda regresa con un trabajo en el que confirma que el suyo es un rock contundente y terso gracias a la dureza de sus guitarras y a las (ligeramente) psicodélicas líneas de teclado. “Queríamos aprovechar la sinergia de cuatro músicos que llevan mucho tiempo tocando. Y que con las habilidades y personalidades de cada uno se pudiera hacer algo con entidad propia”, dice Boba, cantante y teclista de León Benavente.

A diferencia de su primer disco autoeditado con Marxophone, este segundo lo publican con la multinacional Warner. Un cambio que tiene que ver solo, aseguran, con la curiosidad de saber qué se siente al estar respaldado por una gran empresa. Tras varios meses de negociaciones llegaron a un acuerdo: “Estuvimos rehuyendo ofertas durante un tiempo y cuando conocimos a las personas que quisieron apostar por este proyecto nos decidimos. Queríamos controlar cualquier cosa que tuviese que ver con decisiones artísticas”, cuenta Boba.

Para la grabación se desplazaron hasta el estudio de Kaki Arkarazo (exmiembro de Kortatu) en un caserío en Andoain (Gipuzkoa) —en plena naturaleza guipuzcoana— en el que han facturado un sonido robusto, maduro y sexy. A diferencia del anterior, grabado en tres días, para este se han tomado más de tiempo. Boba lo explica: “Cuando hicimos el primer disco no habíamos dado ni un concierto como banda. Ahora lo que también ha cambiado es que ha habido un recorrido. Tenemos 40 años, estamos en el mismo punto vital y un objetivo común. Nuestra vida va en ello”, sentencia.

Del órgano al sintetizador

Atribuyen la pátina electrónica que impregna las nueve canciones del álbum a una cosa: “2 se diferencia del anterior disco porque hemos cambiado un órgano Farfisa por un sintetizador. Eso, a lo mejor en la mezcla, le da un carácter singular”, dice Boba. Pero lo cierto es que se intuyen más baterías electrónicas y más filtros en la voz que en su primer LP.

Las letras de contenido político y social de sus canciones —en las que aluden al político socialista José Luis Corcuera o al ministro de Asuntos Exteriores— se complementan con títulos —California, Ribera…— que evocan nuevos horizontes. “Nos gusta jugar con las imágenes que dan lugar a situaciones distópicas”, dice Boba. ¿Resulta más difícil rimar con palabras como crisis, estafa o prevaricación? “Yo creo que lo más difícil es hablar de las relaciones entre seres humanos y todo lo que tenemos encima. Nos gustan las canciones con un grado de atemporalidad para tratar los temas con perspectiva”, cuenta Boba. Y remata: “Ha habido un recorrido: tres años de gira ininterrumpida, tres años de conciertos... Eso hace que tengas otra visión sobre las canciones y una guía que te hace saber en qué contexto las sitúas”.

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