Bowie o el arte del misterio

El cantante, que mantiene el enigma de si volverá a los escenarios, publicará nuevo disco

David Bowie, durante su concierto en Praga el 23 de junio de 2004, dentro de la gira 'A Reality Tour'.
David Bowie, durante su concierto en Praga el 23 de junio de 2004, dentro de la gira 'A Reality Tour'.DAVID W. CERNY (reuters)

“Prefiero permanecer siendo un misterio. Nunca cuento mi historia y, en caso de hacerlo, la voy cambiando cada vez que alguien quiere que la cuente. No es que el esconder los hechos forme parte de mi imagen; es que se me olvida lo que dije el día anterior y tengo que pensarlo todo de nuevo”. La cita pertenece a Andy Warhol, pero también podría haberla dicho David Bowie en cualquier momento de su trayectoria. Como su admirado Warhol, Bowie ha ido cambiando el guion de su personaje según le ha convenido. Posiblemente, a él no se le olvida lo que dijo el día anterior, pero le interesa hacernos pensar que sí. En cambio, sí ha elegido concienzudamente ser un misterio. Sobre todo, en estos años en los que la tecnología ha conseguido evaporar el halo enigmático que rodeó a las estrellas del siglo pasado. Subsistir a ese cambio de costumbres es, ahora mismo, una de las estrategias de Bowie para sobrevivir como artista en una época en la que hijos y nietos en la escena, como James Murphy o Arcade Fire, también sientan cátedra.

Hace unos días saltó la noticia: Bowie publicará un álbum con nuevo material de estudio el 8 de enero. El texto, publicado por The Times, precisaba que había sido grabado en los estudios The Magic Shop de Nueva York y que estaba orientado hacia el jazz. Casi de manera inmediata, la web del artista hacía oficial la noticia —el álbum se titula Blackstar y el 20 de noviembre se publicará la canción homónima como avance—, dando por inexacto cualquier otro comentario. Pero no parece necesario esperar al single para salir de dudas. El 6 de octubre se colgaba en YouTube un tráiler de la serie británica The last panthers ilustrado por los primeros 45 segundos de Blackstar. Ni rastro de jazz; solo un manto de sintetizadores y la voz de Bowie procesada electrónicamente en lo que se adivina como uno de esos lentos crescendos que le acercan a su admirado Scott Walker. No obstante, la idea de Bowie virando hacia el jazz no es en absoluto descabellada. Sue (or in a Season of Crime), el sencillo que publicó hace un año, era un ejercicio en dicho estilo realizado con el acompañamiento de The Maria Schneider Jazz Orchestra. Sin embargo, la cara B del mismo, ‘Tis a Pity She Was a Whore, seguía situándolo en el terreno del rock contemporáneo.

Sea como sea, Bowie regresó envuelto en esa mezcla de conjeturas y acertijos que tanto le gusta y del que tanto partido sabe sacar. El 12 de octubre, John Giddings, promotor del festival de la isla de Wight, declaraba que el cantante británico le daba largas cuando se encontraban, dejándole claro que no iba a hacer giras.

Como ya es habitual en estos casos, las palabras del promotor han terminado interpretadas y convertidas en una conclusión: Bowie nunca volverá actuar en directo. Cualquier artista experto en confundir al público —como Warhol, como Bowie— sabe que hay una parte de ese trabajo que se hace solo, sobre todo ahora que las redes sociales lo hacen por uno. Es cierto que un problema cardiaco hizo que Bowie suspendiera una gira en 2004, y que tardó casi 10 años en sacar su siguiente disco. También es cierto que no promocionó en directo ese álbum, The Next Day, ni dijo que tuviera la intención de hacerlo.

En realidad, Bowie jamás apuntó nada al respecto y lleva años sin hacerlo. A cambio, ha dejado que colaboradores de confianza, como el productor Tony Visconti, sean quienes hagan cábalas al respecto ante la prensa. Pero Bowie nunca ha dicho que no vaya actuar y seguramente nunca lo diga.

Si un día decide volver a los escenarios, aunque sea por unas horas, ya se encargará de que sea un acontecimiento global, del mismo modo que lo fue, hace dos años, su regreso por sorpresa cuando la gente y los medios insistían en darle por moribundo. Bowie es un gran manipulador incluso en circunstancias tan macabras.

Volviendo a lo estrictamente musical: The Next Day fue un disco sobresaliente, de lo mejor que el artista había grabado en mucho tiempo y posiblemente, uno de los títulos a tener en cuenta cuando se destaquen piezas clave en su discografía. Bowie es consciente de que su papel como transformador de la música pop ya pasó, pero que es importante mantener la dignidad artística.

La posibilidad de acuñar una nueva obra maestra a los 69 años no tiene por qué ser una quimera, pero, para un hombre cuyo propio legado artístico —reeditado con distintas excusas una y otra vez— parece ser su máxima competencia, una de las cosas más sensatas que puede hacer es calcular sibilinamente la manera de relacionarse con su público. Y permanecer así siendo un misterio.

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