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“Si existe el más allá, estoy jodido”

El festival de Venecia presenta ‘Non essere cattivo’, la tercera y última película del director italiano de culto Claudio Caligari, fallecido de un cáncer tras el rodaje

Las actrices italianas Silvia D'Amico (i) y Roberta Mattei (d) llegan al estreno de la película 'Non essere cattivo'
Las actrices italianas Silvia D'Amico (i) y Roberta Mattei (d) llegan al estreno de la película 'Non essere cattivo' EFE

Estaban sentados en silencio. Dos sillones en el Ministerio de Bienes Culturales y la esperanza de sacar por fin adelante la película. Al fin y al cabo a Claudio Caligari, el director, no le quedaba mucho tiempo. Un cáncer terminal le obligaba a apresurarse: si quería terminar su tercer filme, tras dos obras de culto y muchos años de silencios y faltas de financiación, el futuro era ahora. Y Valerio Mastrandrea, el productor, deseaba más que cualquier otra cosa que Non essere cattivo (No seas malo) recibiera el dinero para rodarse. Así que ahí estaban, Caligari con su maletín y Mastrandrea ocupado con el móvil. Callados y a la espera. Hasta que el director rompió el silencio: “Si existe el más allá, estoy jodido”.

Mastrandrea considera que esta frase basta para explicar quien fue Claudio Caligari. “Era cine de los pies a la cabeza. Todos sus pensamientos y palabras nunca prescindían de un encuadre que estaba creando en su mente”, añade. El resultado de esas ocurrencias se vio ayer en Venecia, trasladado a la pantalla: Non essere cattivo se presentó fuera de concurso y con doble aplauso. Al final de la proyección, por el filme, que muchos echaron de menos en la pugna por el León de Oro. Y antes, cuando apareció el nombre del director, que falleció el pasado 26 de mayo a los 67 años, a tiempo para terminar la película pero no para acompañarla al Lido.

Para entender mejor a Caligari también sirve echar un ojo a su currículo. Personaje atípico, ajeno a la industria y poco proclive a los compromisos, adorador de Pasolini y Scorsese, el cineasta lanzó su ópera prima, Amor tóxico, en Venecia en 1983. El filme, historia de drogas y de la cara más sombría de Roma, se convirtió en una obra venerada por parte de la crítica y le ganó un grupo de fans incondicionados. Y un destino parecido sufrió El olor de la noche, que se estrenó 15 años después, de nuevo en La Mostra. Han pasado otros 17 años, muchos fracasos y desilusiones, y el tumor finalmente derrotó a Caligari, pero no antes de que terminara Non essere cattivo, justo a tiempo para volver otra vez a Venecia. De hecho, quizás también gracias al filme, Caligari obligo al cáncer a llegar hasta la prórroga: “Claudio perdió en los penaltis. Y esa nunca es una derrota real”.

La película vuelve a los temas que siempre han atraído a Caligari. Jóvenes perdidos, cocaína, pastillas, periferias, emarginados y valores quebrados, en la Ostia, el puerto de Roma, de 1995. Allí el director filma la vida de Cesare y Vittorio, volcados en tirar a la basura sus existencias y ahogarse cada vez más en una espiral de la que no hay fuga posible. “La droga es el arma de destrucción masiva que nunca pasa de moda. Pero también hay otras, más sutiles, más de nuestra época. Claudio quería representar a quien encuentra el diablo sin juzgarlo nunca, y con eso ha regalado al cine su misión auténtica: contar y punto, dejando a quien escucha la libertad de entender o no”, relata Mastrandrea.

Quizás por querer narrar estas historias, por enfocar su cámara siempre hacia la oscuridad, Caligari nunca consiguió sacar adelante los otros varios proyectos que concibió. “Para él pensar, escribir y hacer una película significaba no dar nunca un paso atrás. Y esta actitud se ha encontrado a menudo con una puerta cerrada”, asegura Mastrandrea. El productor atribuye también los problemas a la tendencia del cine a premiar solo “las historias que funcionan” y de hecho parece casi sorprendido de que Non essere cattivo sea realidad: “Ha habido una serie de coyunturas increíbles. Es un filme que más que cualquier otro te dice lo que significa este trabajo, como no puedes pensar en hacerlo tú solo, como la pasión te puede alargar la vida”.

Para no dejar nada por intentar, Mastrandrea hasta dirigió una carta al mismísimo Scorsese, pidiéndole apoyo. “Escribí lo que pensaba, instintivamente. Que había un director en Italia que amaba el cine como él y que necesitábamos una mano para encontrar el dinero. Dije que era como contar un chiste en una cena en la que todo el mundo está a su puñetera bola”, recuerda el productor. El cineasta estadounidense nunca contestó, pero desde entonces algo se movió.

El rodaje se puso en marcha, y Caligari se mantuvo al frente hasta sus últimos días. De ahí que Non essere cattivo sea también su testamento y su declaración de amor definitiva al medio. “Su vida han sido solo películas. Vistas, estudiadas, amadas, escritas, nunca hechas. Aunque, para como lo ha rodado, nunca pensó que sería el último”, afirma Mastrandrea.

Sin embargo lo ha sido. Y pudo llegar incluso a no existir nunca. Tanto que una vez, en otra espera esta vez ante un semáforo rojo, camino de una visita a un oncólogo, director y productor tuvieron otro diálogo de cine.

-Muero como un gilipollas. Y solo he hecho dos filmes.

-Hay gente que de películas habrá hecho más de treinta y es mucho más gilipollas que tú.