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Los conspiradores de Michael Snow

Una muestra retrospectiva y la presentación de uno de sus últimos trabajos en Barcelona ponen el foco en el artista canadiense, gran pionero del videoarte

Imagen de 'Slidelength 1969-1971', vídeo de Michael Snow
Imagen de 'Slidelength 1969-1971', vídeo de Michael Snow

Al igual que Dan Graham (1942) y Bruce Nauman (1941), Michael Snow (Toronto, 1928) pertenece a una generación de artistas norteamericanos para quienes el vídeo y el cine deben ser tratados como el lenguaje. Siguiendo la filosofía de Witt­genstein —de que el sonido de la lengua (la música) y su expresión (la imagen) son un juego—, el vídeo es entendido como una práctica cotidiana que refleja las diferentes formas de vida y se legitima por ellas, incluso si el artista o el espectador no se identifican en concreto con una u otra. La imagen en movimiento pasa a ser una extensión de otras formas artísticas, como la pintura o la escultura, de manera que el artista puede per-formar actividades en su estudio delante de la cámara —caminar, estar sentado, untarse de pintura— como si fuera una escultura viviente o como si se tratara de las notas musicales seriadas de Terry Riley o Steve Reich. Este es el contexto para entender la retrospectiva de Michael Snow en la Virreina, a la que se suma el filme Video Fields presentado en la galería Àngels Barcelona —coincidencia poco elegante y muy habitual en un país que ha decidido que la cultura ha de ser rentable, al menos para unos pocos—.

Michael Snow ha declarado que nunca ha sido un profesional, sino un outsider: "Mis pinturas son realizadas por un cineasta o por un escultor; la escultura, por un músico o un cineasta; las películas, por un pintor o un músico; la música, por un cineasta… A veces todo funciona junto".

Como pionero de la videotecnología, Snow aprovecha sus obras para desestabilizar la perspectiva del observador

La muestra es un gran círculo concéntrico de un jugador muy serio —recuerden ¡el lenguaje!— en el sentido más mallarmeano: para él, la percepción y la participación son elementos seminales del trabajo. Como pionero de la videotecnología, Snow aprovecha sus obras para desestabilizar la perspectiva del observador, de manera que éste se siente incapaz de saber dónde están los límites reales de las paredes de las salas. Wavelength, Right Reader y Two Sides to Every Story, filmadas en los sesenta y setenta, son algunos ejemplos en los que el público siente que es un elemento más de la obra, un co-conspirador.

Y como no podía ser de otra forma, Duchamp el dadaísta, el primer gran contemporáneo que experimentó con la percepción (Anemic Cinema, 1926), es el gran inspirador. La película Video Fields (2015) en la galería Àngels mantiene el mismo espíritu de “escondite” y le sirve a Snow para demostrar que Barnett Newman tenía razón: “Para un artista, la estética viene a ser lo que la ornitología para un pájaro”.

Secuencias. Michael Snow. La Virreina Centre de la Imatge. Barcelona. Hasta el 1 de noviembre. Video Fields. Galería Àngels Barcelona. Hasta el 11 de septiembre.