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Fotógrafo y arquitecto no miran igual

La muestra ‘Construyendo mundos’ opone dos tipos de fotografía frente a las ciudades: una instrumental y otra interpretativa, que reivindica su autonomía como práctica creativa

Monumento al Progreso y la Prosperidad, en el distrito de Chongqing, China. Ampliar foto
Monumento al Progreso y la Prosperidad, en el distrito de Chongqing, China.

La arquitectura como reflejo de la sociedad es el argumento de Construyendo mundos, una colectiva que reúne obras de 18 autores bajo la premisa de que el hombre da forma a la arquitectura y las ciudades, y estas dan forma a la vida del hombre, según afirman los propios comisarios de la muestra. En cierto modo, se trata de una propuesta construida sobre la oposición entre una fotografía de arquitectura instrumental o de encargo, explicativa, y una fotografía de arquitectura de corte interpretativo o, si se quiere, contextual, caracterizada tanto por la libertad del fotógrafo respecto a la mirada del arquitecto como por el deseo de ahondar en los aspectos simbólicos y experienciales de lo arquitectónico. La exposición desarrolla también una segunda línea de trabajo colateral en torno al propio género, mostrando, en un sintético recorrido histórico que cubre buena parte del siglo XX, algunos aspectos de la evolución y variantes de dicha práctica. Una secuencia que se inicia con Berenice Abbott y Walker Evans, pasa por Julius Shulman, atraviesa el conceptual con Ed Ruscha, la corriente New Topographics con Stephen Shore, se detiene en Bernd y Hilla Becher y algunos representantes de su escuela, como Thomas Struth o Andreas Gursky, y finaliza con la revisión de algunas prácticas renovadoras o deconstructivas como las de Luigi Ghirri, Hiroshi Sugimoto o Luisa Lambri, nombres todos ellos presentes en esta colectiva.

Además de este bloque inicial, muy compacto, la muestra incluye también un par de ejemplos de fotografía de arquitectura más ortodoxa, donde cobra mayor importancia la mirada y el programa del arquitecto, como es el caso destacado de Lucien Hervé, el fotógrafo que colaboró con Le Corbusier durante 15 años. Completa el contenido de la exposición la inclusión de un grupo de autores más recientes, a través de los cuales se intenta abordar una cierta síntesis entre práctica documental y fotografía de arquitectura, o, si se prefiere, la incursión de esta última en territorios de investigación que tienen que ver con la urbanización globalizadora, las megaciudades, el crecimiento económico e, incluso, las ruinas y reliquias arquitectónicas de diversos tipos. Nadav Kander, Guy Tillim, Simon Norfolk, Bas Princen e Iwan Baan, con diversos trabajos realizados todos ellos en el presente siglo, son los nombres reunidos en una última sección que, sin embargo, no acaba de conectar argumentalmente con el resto de los contenidos antes citados.

De hecho, están muy bien representados y explicitados en la exposición los diversos elementos que caracterizan el proceso de evolución de la fotografía de arquitectura que culmina en los años ochenta: la búsqueda de su propia autonomía como práctica creativa, la ampliación y apertura de su campo temático hacia las arquitecturas anónima y vernacular, el urbanismo, la topografía, la periferia, la clasificación tipológica o la relectura de la modernidad y sus iconos. Aunque quizás se note la ausencia de algunas referencias que habrían completado y añadido complejidad a la lectura de dicho proceso, como Dan Graham, Lewis Baltz o Gabriele Basilico, el resultado de la selección es positivo y elocuente. Por el contrario, esa última sección antes citada, de carácter más documental, aparece un tanto descolgada en relación a los trabajos que la preceden, bien por la enorme elipsis temporal que media entre estas obras y las realizadas en los años setenta por autores como Stephen Shore y Thomas Struth, con las que podrían llegar a conectar, bien por el relativo o periférico interés que ofrecen propuestas como las de Simon Norfolk y Nadav Kander respecto al núcleo argumental de la exposición.

Aunque la selección y distribución de contenidos permiten establecer interesantes lecturas cruzadas y diálogos a lo largo del recorrido, se genera un momento de especial intensidad en lo que termina resultando el centro de la exposición, tanto desde un punto espacial, por encontrarse situado hacia la mitad del recorrido, como por la confluencia de un grupo especialmente significativo de autores con una excelente conexión entre sus trabajos. Se trata del encuentro entre las obras de Stephen Shore y Thomas Struth, por un lado, el de Bernd y Hilla Becher, por otro, y finalmente, la secuencia entre las propuestas de Luigi Ghirri, Luisa Lambri e Hiroshi Sugimoto. Aparecen reunidas aquí algunas de las principales vías de reflexión sobre el género y sobre la propia arquitectura: la revisión de la modernidad, la lectura de la trama y el entorno urbano, la búsqueda de nuevas formas de fotografiar la arquitectura, el diálogo en términos de igualdad entre fotógrafo y arquitecto, la reducción formal, la tipología.

Como singular contrapunto, aparece hacia el final de la exposición la destacable propuesta de Guy Tillim sobre la arquitectura de la descolonización practicada entre los años sesenta y setenta en algunos países africanos tomando como referencia el depurado estilo formal de la modernidad. Una reflexión sobre la hegemonía y la condición poscolonial, sobre la promesa de futuro que transmite la arquitectura y sobre su fracaso, sobre la arquitectura y la ruina, sobre el sueño y la frustración, que bien puede servir de cierre simbólico para este acercamiento expositivo a lo “construido”.

Construyendo mundos. Fotografía y arquitectura en la era moderna. Museo ICO. Calle Zorrilla 3, Madrid. Hasta el 6 de septiembre