San Sebastián abre las puertas a su festival verde

La Quincena Musical donostiarra lanza un agosto entre grandes orquestas y coros locales

Una representación de la 'Tosca' de Puccini y Miguel Ángel Gómez Martínez dirigida por Paco Azorín.
Una representación de la 'Tosca' de Puccini y Miguel Ángel Gómez Martínez dirigida por Paco Azorín.

“La Quincena no es el festival de una ciudad, aunque su corazón y base de operaciones esté en San Sebastián”, cuenta Patrick Alfaya, director de la muestra musical que ocupará la capital y otras 21 localidades durante el mes de agosto, incluyendo el País Vasco francés y Navarra. Un mes con 91 actividades entre las que se encuentran conciertos y recitales, excursiones, actividades pedagógicas, ciclos de órganos, ópera y espectáculos de danza. Y todo bajo unos criterios de sostenibilidad y conciencia ecológica para hacer de esta cita veraniega un festival que mime el medioambiente.

Una de las peculiaridades de este encuentro con la música de agosto es que se intenta que las orquestas asistentes no acudan con programaciones cerradas dentro de sus giras estivales. “Intentamos elaborar poco a poco con las orquestas los programas, evitar que los conjuntos traigan las obras que están incluidas en sus giras. También colaboramos con los coros que existen en Euskadi, que están preparados para actuar con las orquestas de primer nivel que vienen al festival, e integrar a los artistas locales sobresalientes en el festival”, cuenta el director.

El concepto de Quincena verde es algo que también preocupa a los organizadores. “Intentamos que nuestras prácticas sean lo más ecológicamente responsables, hacemos producciones lo más limpias posibles y muy estudiadas, analizamos el dióxido de carbono que emiten los aviones que traen a los artistas e intentamos compensarlos con plantaciones de árboles. Para los programas, exigimos a las imprentas que respeten unos niveles de sostenibilidad en los que el papel sea el más ecológico posible y que tenga una serie de sellos que demuestren que la empresa se mueve en unos estándares de sostenibilidad ecológica”, explica Alfaya. Además, cuando se mueven fuera de San Sebastián, intentan que los municipios adopten sus ideales “incluso a la hora de instalar un retrete químico”.

En cuanto a la programación, pasarán por este festival Sara Baras y su compañía, la Orquesta de San Petersburgo con Temirkanov y acompañados por el Orfeón Donostiarra, una Tosca de Puccini encabezada por Ainhoa Arteta que ya pudo verse en Barcelona y Sevilla en años anteriores y las orquestas de Oslo, de la Radio de Colonia y de Cadaqués. En el Victoria Eugenia se reservará el espacio íntimo para la voz de José Bros y el piano de Grigory Sokolov, y la música antigua se hará fuerte en el Convento de Santa Teresa con grupos como La Galanía, Forma Antiqva o Al Ayre Español. La música contemporánea habrá que buscarla durante el mes de agosto en las salas polivalentes del Kursaal.

El festival ha aprendido mucho en todas estas décadas como encuentro decano de la música en España, desde aquel 1939 en el que el festival comenzó su andadura con los escombros de la Guerra Civil aún en las calles. Su financiación hoy por hoy depende en un 50% de la taquilla, aunque su director anuncia que antes de comenzar la cita ya tenían recaudado un 80% de lo previsto gracias “a un público muy fiel”. Dice Alfaya que esto se debe en buena parte a que San Sebastián tiene mucho apego a la música. “El País Vasco no es solo rico por su folclore, sino por el papel determinante de los coros. No hay familia aquí que no tenga un músico. Y la realidad de los coros es que, dentro de la sociedad, son muy democráticos: en ellos te encuentras a un director de banco cantando al lado de un obrero. Nunca me he encontrado por parte de las instituciones públicas tanto apoyo como aquí, donde tienen un gran respeto hacia la música”, cuenta Alfaya. Y pone los ojos más allá, cuando en 2016 la ciudad ostente la Capitalidad Cultural europea, edición en la que el festival apostará por la recuperación de patrimonio musical y junto a los festivales de jazz y cine serán ejes vertebradores de la programación con sus propuestas propias.

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