Análisis
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Los últimos Led Zeppelin

Las reediciones de sus álbumes finales 'Presence', 'In Through the Out Door' y 'Coda' recuerda las turbulencias de la banda británica

Led Zeppelin en 1977.
Led Zeppelin en 1977.

La llama de Led Zeppelin siempre está viva, ya sea por un motivo u otro el cuarteto británico es noticia por sus asuntos. En efecto, aunque no estén operativos, ni estando de gira ni obviamente con la idea grabar, saben rentabilizar como nadie su legado glorioso sin la necesidad de mover un dedo. Robert Plant y Jimmy Page no se tienen que ver las caras, y aún así, la maquinaría sigue generando. No obstante, el cantante rechaza una oferta millonaria para el grupo, la opción de subirse a un escenario a interpretar ese inigualable repertorio no la contempla (tiró de la manta en 2012 para obrar el directo vigente Celebration Day, o anteriormente dando el visto bueno a la publicación de las BBC Sessions o How The West Won, sus conciertos en California de 1972), mientras éste lanza dardos envenenados para culpar a su compañero de tal decisión. John Paul Jones no interviene, está de acuerdo con lo que ellos hagan, a día de hoy es el elemento más democrático y flexible. En algún periodo se entretiene con Them Crooked Cultures, el proyecto del que formó parte junto a primeras espadas en la actualidad como Josh Homme y Dave Grohl. Y expectante se mantiene Jason Bonham (hijo de John). Es decir, no apaga nunca su teléfono móvil por si cayera esa breva, su padre sonreiría si lo viera tocar otra vez la batería.

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Entre tanto, Jimmy Page se ha buscado una ocupación; remasterizar y producir un material tan valorado. Con una estrategia calculada y efectiva que ha durado un año, han ido publicando en numerosos formatos, y por tandas, cada uno de sus discos. La última alhaja para el análisis fue Physical Graffiti, su particular catedral sonora, un ejercicio meticuloso y grandilocuente, una reedición que en vinilo alcanza más brillo, dibujando cada una de las ventanas del edificio en St. Mark´s Place en Nueva York que ilustraba la portada. Coincidiendo con el acontecimiento, se estrenó junto al sencillo inédito “Brandy & Cooke” un videoclip interactivo que permitía descubrir historias ocurridas allí al hilo de las canciones que suenan. Ese objeto de 1975 marcó la última línea conexa del grupo, a partir de entonces, más tensiones, dudas, mucho misterio.

Por lo tanto, el último trío de álbumes que editaron Led Zeppelin pecan de cierta irregularidad. En cualquier caso, en el global de sus canciones y en el concepto, siempre hay señales, un atractivo. En Presence (1976) se salen de nuevo por la tangente, el automóvil lo pilota esta vez Jimmy Page, a su lado Robert Plant obedece. Una vuelta a los orígenes básicos de la formación, hay más blues y electricidad (Nobody´s Fault But Mine es la gema de esta nueva conquista). En cambio, en In Through The Out Door hay intercambio de papeles, el rumbo lo coge Robert Plant tras un año de exilio forzado por la desgracia (pierde a su hijo), una suma magnética de sonidos con visos futuristas (In The Evening y Fool For The Rain cuentan como clásicos sólidos, en algunas piezas incorporan un sintetizador sorprendente), previo paso a que cada uno practicara con autonomía propia dejando en el imaginario una dirección incierta. Coda tiene aroma a despedida (data de 1982, dos años después de la muerte de Bonham), unos lo ven como un epitafio insuficiente, otros como una obra de descartes con su distintivo sello de calidad autorizada. Sugar Mama es la sorpresa oficial de esta reedición, funcionando antaño como disimulada cara B, ahora ya tiene concedido un rango dentro del magno catálogo de Led Zeppelin.

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