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El hombre que fue jueves

Dietario de mayo

El crítico teatral escribe en su columna semanal sobre actores, público y obras

“He descubierto el privilegio más poderoso de los actores”, dice David Hare. “Cada noche tienen la oportunidad de mejorar su trabajo y, a diferencia de los escritores, constatar el error o el acierto en el mismo momento, gracias a la respuesta del público”.

Cuando los actores bajan la voz, las toses aumentan. Quizás el público tose para aclararse los oídos.

Joan Ollé me señala que hay una expresión catalana muy justa acerca de hacer teatro: “fer veure”. Quiere decir fingir, pero también “hacer ver”.

Tomo café con Mario Gas. Me dice: “Tal vez lo más difícil de lograr en teatro sea un impacto duradero en los espectadores. Que aunque parezca que se haya olvidado, la obra les vuelva, poco a poco. No toda, por supuesto: algo. Algo que, pese a lo efímero de nuestro trabajo, tenga una cierta permanencia. Un poco de placer, de inquietud, de especulación. ¿Y como director? Quizás no caer en las tentaciones de la facilidad. Vas acertando y te vas equivocando. El que no sepa moverse en esa montaña rusa tiene que dedicarse a otra cosa. Es un cuadro hecho de sfumatos.”

 Una frase capital de Mike Nichols: “Un gran actor provoca en el público la sensación de que tiene algo muy importante y muy urgente que decirles, y a continuación les hace creer que las palabras de otro son las suyas”. (Así le recuerdo en The Designated Mourner, de Wallace Shawn).

Hay un tipo de público que ríe estruendosamente para que los otros se den cuenta de que han pillado el chiste.

Jacinto Antón contaba que cuando el payaso Monti estaba agonizando, sus compañeros se presentaron en el hospital con sus atavíos circenses: trajes de clown y de augusto, narices rojas. “Como húsares de uniforme, rindiendo honores a un camarada de mil batallas”.

Crítica. No se trata de ser objetivo, que es una entelequia, sino de intentar ser justo (y de argumentar lo sentido). Una pregunta clave: “¿Me ha dicho algo esta obra que quizás no he sabido escuchar?”.

* W.H. Auden: “Es difícil reseñar una mala obra sin pavonearse”.

* Una pareja de amigos ha ido con su hijo al teatro a ver una obra policíaca. A mitad de la función, uno de los personajes es asesinado de un modo imprevisible. Todo el público da un respingo de sorpresa y pega un grito, pero su hijo se agita, con el corazón desbocado. La madre le pregunta si quiere que salgan afuera. El chaval susurra: “Ni hablar”.

Más tarde le dice el padre: “Menudo susto ¿verdad? Aunque ya has visto muchos sustos así en el cine”.

“Sí, pero es que al hombre le pasaba ahí

El teatro es algo que le pasa a alguien que está ahí.