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crítica | la reconstrucción

Cambio de piel

Desde el principio se ve que el actor Diego Peretti y el director como Juan Taratuto han querido romper sus respectivas imágenes

Diego Peretti y María Casali, en 'La reconstrucción'. pulsa en la foto
Diego Peretti y María Casali, en 'La reconstrucción'.

Los primeros minutos de La reconstrucción dejan claro que tanto Diego Peretti como Juan Taratuto —que tan bien funcionaron en la comedia en No sos vos, soy yo y ¿Quién dice que es fácil?— han querido romper sus respectivas imágenes. O eso, o bien han decidido de una vez por todas liberar esa carga de desesperación y desvalimiento existencial que ya se palpaba en su segundo trabajo conjunto. El director ha conjurado el desaliño formal que condicionaba sus anteriores películas para, por un lado, desatar a esa especie de Kaurismäki interior que palpitaba bajo los mejores momentos de ¿Quién dice que es fácil?,y, por otro, proponer un sofisticado juego con el encuadre, el fuera de campo y las acciones en segundo término. La transformación de Peretti resulta más sorprendente: ha pasado del caricato tragicómico a la italiana a un inquietante vaciado de empatía que, a ratos, despoja su mirada de toda vida.

LA RECONSTRUCCIÓN

Dirección: Juan Taratuto.

Intérpretes: D. Peretti, C. Fontán.

Género: drama. Argentina, 2013.

Duración: 93 minutos.

La reconstrucción no es una comedia, si bien en ella perviven mecánicas del género en su observación de rituales domésticos. Con alma de relato breve con un punto casi carveriano, la película desvela su previsible arco dramático en su mismo título, pero contiene los suficientes hallazgos como para que este paso adelante merezca ser celebrado.