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COLUMNA | UNIVERSOS PARALELOS

Los bárbaros del ritmo

The Canaries, en Nueva York (1965)
The Canaries, en Nueva York (1965)

Entre los aficionados al género, suele haber coincidencia en considerar a los Canarios como la más poderosa banda de soul que hubo en España durante los años sesenta. Pero, atención, no es esa su faceta más reconocida internacionalmente.

Hay detrás una historia pasmosa que nunca ha sido convenientemente explicada. Confluyen vectores como la extrema impopularidad de su factótum, Teddy Bautista; una maraña contractual que impidió reeditar sus mejores discos hasta 2011; su carácter atípico entre los “conjuntos” españoles, por su origen periférico y su vida aventurera.

Reconocidos aquí como banda de soul, los Canarios son apreciados fuera por su prog rock

Ahora sale un libro minucioso, Get on your knees: Siguiendo la pista de Canarios, firmado por Alejandro Ramos. Se edita en una modesta colección tinerfeña, Los 80 Pasan Factura. Recalco ese detalle para que nadie piense que estamos ante una publicación institucional o subvencionada. Se trata de una labor de amor, con abundantes fotos y mucho orgullo regional.

Y no es para menos. En cuatro años, estos músicos realizan un aprendizaje acelerado –en un país donde inicialmente ni se pueden encontrar guitarras eléctricas- y se profesionalizan hasta el punto de que terminan trabajando en Estados Unidos durante nueve meses.

Imagen de promoción de un concierto de Canarios, en 1970.
Imagen de promoción de un concierto de Canarios, en 1970.

Se benefician de una serie de carambolas que nadie hubiera aceptado en una novela o un guión cinematográfico. Superan una desoladora falta de profesionalidad en la industria, aquí y allí: graban en Barcelona –como Los Ídolos- y en Nueva York –The Canaries- con resultados penosos.

 Y tal vez hubiera terminado así, otra promesa frustrada, de no entrar en acción Alain Milhaud, productor francés instalado en España. Milhaud había orquestado el éxito global de Los Bravos con Black is black, y quería repetir con Pop-Tops y Canarios.

Pragmático, Milhaud prescindía de las bandas: llevaba a los cantantes a Londres, donde se grababan las bases instrumentales, con arreglos de Jean Bouchety. De esa manera se materializan barbaridades como Peppermint frappé o el inmortal Get on your knees; esta última sale en varios países pero solo arrasa en España.

Así que Milhaud no se arriesga con Canarios: se centra en lanzar singles, desechando la posibilidad de hacer elepés con material original. Es más, desperdiga las canciones que publican -de 1967 a 1969- entre unos recopilatorios titulados Lo mejor del Clan.

Otro milagro es la supervivencia del grupo tras los 18 meses de servicio militar de Teddy, Tato Luzardo y Germán Pérez. Solución: se crean unos Canarios Bis, con Pedro Ruy Blas como vocalista y otros músicos de reemplazo.

El primer elepé, Libérate, no sale hasta 1970 y es un disco incierto, marcado por el ascenso de las bandas de metales tipo Blood Sweat & Tears. En YouTube se encuentran grabaciones de TVE donde se les ve improvisando en directo, intercambiándose los instrumentos y otras audacias, con Teddy enfundado en un traje de cuero que parece sacado del vestuario de Johnny Halliday.

Y habrá más extravagancias. El siguiente álbum, Canarios vivos!!!! (1972) está dominado por versiones de Rolling Stones o Beatles. Una decisión inexplicable en tiempos donde prima la expresión personal. En la segunda mitad de los sesenta, Teddy parecía ser uno de los pocos músicos españoles con valores contraculturales, incluso pelín mesiánicos, sugeridos en las letras (en inglés) y en algunos comentarios (en español) en contraportadas.

Todavía falta el remate: ya con otra formación, se publica Ciclos en 1974, obra electrónico-coral desarrollada a partir de Las cuatro estaciones, de Vivaldi. Un doble disco que al menos ha sido reconocido a posteriori por los adictos al rock progresivo. El libro de Alejandro Ramos termina con las apabullantes presentaciones de Ciclos, en lo que es efectivamente el fin del grupo. En el lector, domina la sensación de que queda mucho por contar: lo que pasaba por la cabeza de aquel iluminado cuando abandonaba alturas tan embriagadoras para dedicarse al teatro musical y las labores de producción. Ah, por aquel entonces, fuera del negocio, nadie sabía qué cosa era la SGAE.